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Vida Moderna El movimiento de Asia: azaroso y largo recorrido a través de sus pistas de baile, zonas privadas y barras bravas.

Noches en el Boulevard

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En Depeche Order, para acérrimos de la música ochentera, alrededor de las 2 a.m. cuando la noche arranca.

Kilómetro 97.5 de la Panamericana Sur. Sábado de febrero, 11 p.m. Bañados y emperifollados, los ocupantes del auto deben dar algunas vueltas antes de ubicarse en el estacionamiento del Boulevard. A varias juergas de empezado el verano, los conocedores de Asia explican que los viernes se pone mejor, porque los sábados todo el mundo viene. Todo el mundo en el planeta Lima, esto es.

La larga noche en Asia, entonces, justo cuando más visitantes se esperan, amerita un cuerpo preparado para el goce y el roce. Las luces del Boulevard la hacen de exclusivo oasis en el desierto de la costa limeña. Chibolas en tacos y minis pululando con sendas flores en la cabeza; grupos más adultos pero no menos expectantes que llegan a instalarse; Maritere Braschi en ajustada vestidura, concitando el interés de más de un admirado muchacho (¡es un avión!, se escucha de alguno).

Un lugar para empezar el recorrido bien puede ser el restaurante Tragaluz. El comedor funciona hasta la medianoche, pero luego se puede pasar a tomar un trago a la terraza, en el segundo piso. Apostando a seguro, vale guiarse por las recomendaciones del propio chef Augusto Baertl, dueño del local, y empezar con un Mojito Tragaluz. El paladar sofisticado puede encandilarse con unos enormes langostinos en salsa curryket; pero la hamburguesa Angus Beef no tiene pierde. Así como cualquiera encuentra solaz en el Moelleux au chocolat, pequeña torta de chocolate bitter belga. En total, tanta gracia suma unos 140 soles. Ojo: es casi imposible encontrar sitio si no se tiene reservación.

También se pueden hacer previos en Studio 7, la barra de Jack Daniel’s: música ochentera, conciertos en vivo (este 21 se presenta Emergency Blanket, por ejemplo) y una botella de whisky a 230 soles. La Huaka, que jala a un público de menor edad, también suele programar conciertos variados con bastante acogida: en la zona de pachanga han estado Los Hermanos Yaipén y The Wailers, y en el VIP Room se han tenido eventos electrónicos como el del dj Sharam. Vale conocer que para conciertos grandes, los socios entran solos; otros días, el carnet puede servir para hacer pasar a uno o dos invitados.

Y es que ya entrado en calor, el cuerpo pide movimiento. Cerca de las tres de la mañana empieza la buena juerga dentro de las discotecas. Nikita apela a un público mayor, de treinta y cinco años para arriba, y más solvente: que pueda hacerse cargo de los 150 soles por persona de la entrada.

Opciones más juveniles son Stereo, Depeche Order o Joia.

Ese sábado, esta última recibe con toda la festividad que se espera de febrero. Sobre sendos estrados, profesionales disfrazados animan la juerga. No pasa mucho rato –sí varios vasos– hasta que algunos parroquianos pierden la timidez y se animan a dar su propio show, encima de la barra. Los resultados varían.

Pero no confundirse: el ambiente carnavalesco y el gesto animado de la concurrencia no prometen simpatía espontánea. A las cinco de la mañana, con el sitio repleto, es imposible no ser rozado, topado o empujado; mucho más difícil es encontrar un lugar para sentarse. Ni pensar en los sofás que rodean la pista de baile: son privados y se aseguran previa reservación. “Este es mi sitio, flaca”, dirá una muchacha de rimel escurrido ante un ingenuo pedido de clemencia, con la aprobación indignada y ganadora de sus apoltronadas acompañantes. También con la venia del silente miembro de seguridad, estratégicamente colocado y presto a desanudar peleas y espantar colones. Afortunadamente, en la zona electrónica siempre se encuentra sitio libre. Y aunque muchos concuerdan en que no pone, unos minutos de recogimiento sirven para parar la mano y recobrar fuerzas. Y dejan una enseñanza que no por vana, deja de ser útil: un par de zapatos de taco recién estrenados prueban ser hermosos en las noches de Asia, pero también una estupidez.

A las nueve de la mañana varios valientes quedan dentro. Para el que abandona el recinto de la diversión, la claudicación obtiene necesario consuelo en el desayuno de Pasquale Hnos: un sándwich de pollo a la brasa, de chicharrón o de lomo, y un vaso de chicha por 17 soles, aproximadamente, es justo y necesario. De ahí a la cama (cercana, con suerte) o al carro. Dependiendo del estado (y de la responsabilidad), se agarra carretera o se reclina el asiento para cerrar los ojos que tanto han mirado.

El descanso, sin embargo, no puede durar mucho. El sol ya quema fuerte en la cara. Como recordando que pese al caprichoso estilo de Asia, el día sigue su curso. (Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Paolo López)

Mechas y Gorilas

Colaborador de CARETAS es agredido por fotografiar pelea en Café del Mar.

Pelea que quiso ser borrada por administración de CDM. Der, parasol roto del lente.

Varias fotos y en distintos lugares había tomado Paolo López, autor de las imágenes que ilustran esta nota, cuando el amanecer le dio en Café del Mar (CDM). Alrededor de las 7 am en dicho local, se desató una pelea. El colaborador de CARETAS procedió, por una cuestión de instinto casi, a registrarla. Inmediatamente fue rodeado por 4 miembros de seguridad, quienes lo golpearon; dañando la cámara (rajando el parasol del lente) en su afán por quitársela. López entregó la tarjeta de memoria, para evitar que la rompieran irremediablemente. Tras reiteradas conversaciones, esta tarjeta fue devuelta el día lunes por la noche, habiendo sido revisada y editada: las fotos de la pelea, entre otras del local, no estaban. El que se hayan recuperado sólo se debe a un error técnico de quien estuvo encargado de eliminarlas, lo que no cambia la intención. Consultados los responsables de CDM (quienes hicieron pedido expreso de mantener sus nombres en reserva), estos declaran que “se tomarán las medidas correctivas del caso: se verá quiénes, cómo y por qué se dio la situación, y cuál debería ser la sanción”. También expresan que el agraviado es bienvenido a acercarse a las oficinas y que “de existir algún tipo de daño”, se asumirán responsabilidades con respecto a los perjuicios. Finalmente, señalan que, para evitar este tipo de incidentes con prensa, cualquier ingreso de algún medio deberá hacerse previo permiso escrito.

Pero el problema, claro, no se circunscribe al maltrato a una persona de prensa. Mientras eso quede claro, parroquianos, a guardar camaritas. Aunque sean de celular.


 


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