Entrevistas Apasionado melómano Miguel Molinari y su credo operático en entrevista insólita.
La Fe Lírica de Molinari
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Con Yma Súmac en el Palacio de Torre Tagle, cuando a la diva le confirieran la Orden del Sol del Perú, año 2006. |
A los que les gusta la ópera y el bel canto y quieren semanalmente sumergirse en esta afición lírica tienen, obligatoriamente, que pasar por los programas radiales y televisivos conducidos por Miguel Molinari, en los que presenta toda suerte de exponentes, arias famosas, fragmentos de ópera, zarzuela y opereta en un contexto biográfico de los grandes compositores, así como de los más importantes cantantes que triunfaron en el mundo del bel canto. Lo curioso es que Miguel Molinari es un autodidacta, un apasionado furibundo que ha hecho de su inmensa afición que le viene desde pequeñito, y a través de una tenacidad encomiable, el objeto de su trabajo y una forma de vida. Molinari, limeño, de 46 años, perteneciente a la Asociación Peruana de Amigos de la Ópera, es el referente obligatorio para que todo el que quiera refrescarse en las cristalinas aguas de la mejor música lírica pueda darse ese chapuzón de cultura. Acaba de llegar de Venezuela, donde ha estado acompañando a Juan Diego Flórez en los conciertos que han revolucionado Caracas. Ahora, en el restaurant Costa Verde, donde almorzamos, nos sumergimos en ese mundo fascinante, selecto y superior, musicalmente hablando, lleno de sensibilidad, encanto y sublimación estética.–¿Cómo empezó su afición?
–Por lo más simple y sencillo, aunque siempre selectivo, de la música cantada: música de películas antiguas, mucha zarzuela y mucho tango de Gardel que era lo que le entusiasmaba a mi abuela. Al lado de ella fui descubriendo lo fascinante de la voz humana. Paralelamente mi padre tenía una muy aceptable voz de tenor y cantaba en familia arias de ópera y canciones líricas como “Estrellita” o “Lamento gitano”. La primera gran voz que oí fue la de Alfredo Kraus a través de la radio y del programa de Radio del Pacífico “Intermedio lírico” que, con el tiempo, acabé conduciéndolo con el nombre de “Antología lírica”. A los 10 años fui al Teatro Segura a ver un recital de la soprano peruana Teresa Guedes y no me dejaban entrar porque no llevaba corbata, tuvieron que prestármela, y ese recital me marcó para siempre.