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Pérdida Nunca más Dámaso de Rivero ‘El Mago del Piano’ en la música criolla.

El Mago del Piano

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Con Oscar Avilés en el 2005, cuando recibiera justa Pensión de Gracia del Estado peruano.

Dámaso de Rivero, el artista que tenía notas musicales entre el pentagrama de sus huellas digitales, ya descansa en paz”.

Recodar a ‘El mago del piano’, es evocar las ya lejanas varietés, que consistían en un desfile artístico en cines y teatros, luego de una película de moda.

Procedente de familia aristocrática, que lo llevaría a nacer en el Castillo Rospigliosi de La Punta en 1922, Dámaso rechazó siempre ese estilo de vida y se metió de lleno en las jaranas criollas de rompe y raja del brazo de Néstor Chocobar y Pedro Espinel, el entrañable ‘Rey de las polkas’ y compra de Felipe Pinglo Alva. El gran Filomeno Ormeño lo eligió su sucesor, pero De Rivero a quien por aquel entonces llamaban ‘el galán del piano’ por su porte y buen vestir, declinó por su carácter algo huraño, amante del perfil bajo. Un buen día, sin embargo, una cholita limeña como la mazamorra morada, de cara bonita y voz de ángel, lo hizo su primer pianista acompañante: había nacido entonces Jesús Vásquez, la ‘Reina y Señora de la Canción Criolla’, quien hoy, pese al alzheimer que padece, suelta una lágrima cuando le hablan de Dámaso.

En la década de los 40’s, Javier Gonzales lo incorporó al trío Los Trovadores del Perú y juntos recorrieron América con un éxito sin precedentes. Transcurrido los años y ya convertido en una figura mítica, ‘El mago del piano’, rodeado siempre de los mejores músicos y cantantes del momento, es convocado para acompañar a la diva italiana Franca Fenatti y al no menos famoso actor del cine y cantante lírico, José Mojica. En 1952 protagonizó como galán, junto a la estrella cubana Amalia Aguilar, la película peruana “Un paso a la vida’, rodada totalmente en la Amazonía peruana.

Con la salud deteriorada y agravada por un ritmo de vida matador y, para colmo, agotada la fortuna personal, no por dilapidarla en vicios, sino por autoauspiciarse en un país como el nuesto en que ‘el arte no paga’, tuvo que retirarse a sus cuarteles de invierno, un viejo edificio de la cuadra 2 del jirón Quilca, ante la profunda preocupación de su amigo Oscar Avilés ‘La primera guitarra del Perú’.

Pero la angustia no duró mucho, porque en el 2005 y con toda justicia, este último, el propio Dámaso, Esther Granados, Luis Abanto Morales, Edih Barr y otros, recibieron conmovidos una Pensión de Gracia del Estado peruano, para aliviar sus días de ancianidad.

El Averno, entonces concurrido centro de contracultura de la vecindad, ganó un adepto más en sus veladas bohemias de música y poesía, hasta su deceso...

Dámaso de Rivero ‘El mago del piano’, ha quedado para la historia de la músic criolla y el cine nacional, como uno de sus más conspicuos miembros, un desconocido quizá para las nuevas generaciones, pero una figura de gran relevancia para los auténticos conocedores. (Jaime Velando)


 


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