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Nacional Bajo la férula de nuevo Superintendente, la SUNAT acelera acción fiscalizadora.

Se Acabó la Broma

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En la Cancha.- Manuel Velarde, flamante Superintendente de la SUNAT, asegura que defenderá recaudación.

Parque Universitario, sábado 28, 6 a.m. Un nutrido contingente de la Policía rodea una manzana a sólo una cuadra del Ministerio Público. El flamante Superintendente Nacional de Tributos, Manuel Velarde Dellepiani, encabeza personalmente el operativo. Camina a paso firme junto a la Fiscal contra el Delito Tributario, Virgina Alcalde, por la Av. Abancay, mientras una cuadrilla de hombres de la SUNAT se despliega sigilosamente por ambos flancos de la manzana. Es el primer operativo en Lima contra la informalidad de su gestión.

Velarde, 40, ex jefe jurídico del Ministerio de Economía durante la gestión de Carranza I, parece dispuesto a imprimir a la administración tributaria un nuevo acento fiscalizador. “Tengo 40 años”, sostiene Velarde. “Mi lugar es en la cancha”.

Desde hace tres meses, la División de Operaciones Masivas tenía detectado un depósito situado en la Av. Abancay Nº 942. Se vigiló el predio durante semanas desde las azoteas vecinas, registrando número de placas de los vehículos, y el patrón de actividades para determinar el mejor momento para asestar el golpe. En la víspera, a las 10 de la noche, ingresó un último camión cargado de electrodomésticos.

El golpe fue quirúrgico. En el lugar sólo había un guardián, quien se resistió a abrir la puerta de metal. La Fiscal ordenó el descerraje. Un robusto agente de la SUNAT, con voz de pocos amigos, advirtió al individuo que encadene a los perros. Empuñaba en la mano un dispositivo de gas paralizante. Se sabía que en el interior había dos hambrientos rottweilers.

Adentro se encontró un camión de la cadena de electrodomésticos Mipay, y un enorme galpón metálico, también bajo siete llaves. Se procedió una vez más al descerraje con soplete. Franqueado el último obstáculo, saltó a la vista el botín: 200 toneladas de electrodomésticos –televisores plasma Duranation, sistemas HiFi, componentes DVD y radios– valorizados en el mercado en más de US$ 100 millones.

Pronto aparecieron dos de los presuntos propietarios: Giovanni Caricuy, 40, y María Cusi, 38. La actitud era mendaz, implorante. La pareja regatea tiempo, sacan a relucir i phones y hacen insistentes llamadas. Aparece un abogado, José Luis Sotomayor Gómez, anteojos oscuros, algo sazonado, que a falta de mayores argumentos, exclama ante la paciente Fiscal: “Ante todas esas vicisitudes, Doctora, se les pasó ´pe”.

Ángel Sánchez, superintendente adjunto de Tributos Internos, no se deja impresionar. Calza una gorra de Hard Rock Café y lleva meses investigando este caso. “La punta de la madeja es la DUA (Declaración Única de Aduanas)”, dice. “Quienes declaran ser los importadores no tienen patrimonio, movimientos bancarios, ni depósitos para almacenar el producto”, explica arqueando las cejas. ¿De dónde pecata mía? En la ruleta hay cuatro razones sociales, intercambiables, que así como aparecen, desaparecen de la escena sin dejar rastro.

“La mercadería ingresa al país legalmente, pero se vende en el mercado negro sin factura”, dice. “Por eso lo guardan en depósitos clandestinos, para que se rompa la cadena de fiscalización. El delito no es visible contablemente: los números calzan, la ratio débito / crédito es razonable, pero si se vendiera en el mercado formal el impuesto sería altísimo”. El depósito sería un eslabón de una vasta mafia que utiliza múltiples artilugios legales para eludir al Fisco.

Manuel Velarde juramentó como titular de la SUNAT en reemplazo de Carlos Esteban Posada, el 7 de febrero pasado. El muchachón es especialista en derecho finaciero, con una carrera meteórica en la administración pública. “Mi visión es la de un banquero: si hay activos ilíquidos, hagámolos líquidos”, resume. En las primeras cuatro semanas renovó los cuadros ejecutivos de la SUNAT, y dispuso la creación de dos salas adicionales en el Tribunal Fiscal para desembalsar los contenciosos tributarios. A medida que se asienta en el cargo, dice: “cada día me convenzo más que se debe orientar el grueso de los recursos a fiscalizar”.

En CARETAS 2065, Sandro Fuentes, ex Superintendente de la SUNAT, recomendó a Velarde aplicar un “shock a la informalidad”. La magnitud de la crisis económica internacional hace imperativo defender la recaudación tributaria para sostener la política fiscal del gobierno.

Ya empiezan a sonar las alarmas. Se estima que la recaudación del Impuesto a la Renta de febrero último caerá -19.5% con respecto al mismo mes el año pasado, y el IGV en -1.2%. Febrero es un mes atípico, pero marca una tendencia inquietante.

La SUNAT pronostica que el IR caerá el 2009 en -14%, si bien el IGV crecerá 7.5%, siempre y cuando la crisis internacional no empeore. Así las cosas, la SUNAT proyecta recaudar S/. 59,200 millones el presente año, habiendo recaudado S/. 58,200 el 2008.

Pero hay mucho pan por rebanar. De acuerdo de la SUNAT, el incumplimiento tributario del IGV es del orden del 35% ó S/. 3,000 millones, mientras que las cifras del contrabando frisan los S/. 1,500 millones. Para muestra un botón: Los ingresos tributarios de 4ta categoría o independientes fueron S/. 437 millones, apenas el 11% de lo recaudado en 5ta categoría.

Velarde resume la política de su gestión en “educación y fiscalización”. En resumidas cuentas: si el contribuyente no entiende por las buenas, tendrá que aprender por las malas.

“Propongo una situación gana-gana”, dice Velarde. “Si el contribuyente cumple con sus obligaciones tributarias, conserva su mercadería, y todos ganamos: el Fisco y el empresario”.

Mientras tanto, la trama al interior del galpón en la Av. Abancay se desenvuelve tal como los cazurros interventores de la SUNAT prevén. Tras tres horas, y a falta de documentos sustentarios, la fiscal Alcalde ordena el decomiso de la mercadería. Se escucha un grito lastimero, un llanto de can atropellado. Es la mujer.

“No te dije”, entorna los ojos José Antonio Peña, jefe del operativo. “Ahora se va a desmayar”.

En efecto, minutos más tarde, la mujer aparenta desvanecerse sobre el suelo terroso. Pero no es buena actriz, no hay lágrimas que salten de sus ojos, y, consciente de su fracaso, pronto toma su i phone y vuelve a hacer una llamada. ¿A quién llama? Nadie se lo exige. Pero unas horas más tarde, indagando por la suerte de los comerciantes intervenidos, aparecería en el lugar de los hechos nada menos que la congresista fujimorista Cenaida Uribe. Ésta vez, el golpe de la SUNAT parece haber dado en el plexo. (Marco Zileri)


 


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