Debate Polémico proyecto subterráneo de memorial dedicado a víctimas de violencia sale a la superficie.
Museo de la Discordia
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Entrada a muestra y centro de documentación subterráneos. |
Como resultado de la museografía de la exposición
Yuyanapaq de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, en aquella casona semiderruida de Chorrillos y luego en el Museo de la Nación, el arquitecto Luis Longhi ha recibido premios y reconocimientos. Pero más que orgullo, Longhi ha generado un vínculo muy fuerte con esta obra suya. Un vínculo que no necesariamente se alimenta de satisfacciones: “Es un trabajo
ad honorem, pero del cual no puedo salirme por una cuestión de deuda social. Esa gente que piensa que esto tiene algún interés económico, para mí no lo hay absolutamente”, se ve obligado a aclarar frente a suspicacias despertadas con el rechazo del gobierno a un donativo alemán de dos millones de dólares para crear el Museo de la Memoria.
El proyecto, como idea, surge en el 2003 a partir de Yuyanapaq: la artista Lika Mutal se pone en contacto con Salomón Lerner, entonces presidente de la CVR. Después de mucho dialogar con la Municipalidad de Jesús María, aparece como primera parte de una Alameda de la Memoria, El Ojo que Llora, instalación de Mutal que generó otro tanto de polémica manchada de pintura naranja fujimorista y oportunismo político.
Sin embargo, a partir de la visita de la Primera Ministra alemana Angela Merkel a propósito del ALC-UE, y su admiración ante la recuperación gráfica, se consigue gestionar el donativo alemán. Longhi estuvo a cargo del plan maestro: “La condición era no perder la calidad de parque del Campo de Marte. Por eso se pensó hacer un centro de visitas e información subterráneo, bajo la escultura. La muestra también estaría enterrada, con entradas de luz natural; las raíces de los árboles, la tierra, jugarían un papel importante.
Esta ha sido una de las comisiones investigadoras que más rápido ha entregado sus resultados al país: Yuyanapaq fue otra acción pronta en tanto se ponía en marcha el proceso de reconciliación. Mientras que el proyecto se ha paralizado y el debate político sigue su curso, el convenio realizado por la Defensoría del Pueblo para tener la muestra en el Museo de la Nación termina el próximo año. Es menester preguntarse qué sucederá entonces con el importante archivo gráfico. Que es doloroso registro conseguido por periodistas y fotógrafos que estuvieron en el lugar, en el momento mismo de la violencia. Y que la atraparon para convocar el recuerdo de la sociedad entera.
Batalla de la Memoria
Un día antes, el 6, el Congreso condecoró a Mercedes Carrasco como una de las mujeres más importantes del año; honor que hubo de compartir, aún no se sabe por qué, con Magaly Medina, entre otras. Mercedes preside la AFAVIT, Asociación de Familiares Víctimas del Terrorismo, institución de la que forma parte hace dieciocho años. “Si el Estado no ha hecho nada es porque el Registro Único de Víctimas no está terminado. Usted sabe cómo es: todo el mundo dice que es víctima, por eso se tiene que saber quién es quién”, opina. “Un Museo está bien, es importante porque así toda la sociedad en su conjunto reconoce esta violencia. Pero si las víctimas no tienen qué comer ni dónde vivir, ¿qué es más importante? Da miedo que ese dinero entre a la caja y se vaya en planillas y burocracias, como ya ha pasado antes. Por eso debería instalarse un comité para vigilar la plata”.
Fue el 11 de noviembre de 1992, era lunes. Mi esposo era director de un colegio en Barranca. Salió de mi casa a las seis de la tarde: estuve conversando con él antes, le acomodé la corbata. A las ocho de la noche me tocaron la puerta para avisarme. En dos horas pasé a ser viuda, y madre y padre para mis cuatro hijos. Me contaron que se arrodilló, que pidió por sus hijos chiquitos que no lo maten, hasta se humilló. Fue su alumna quien le dio el tiro de gracia. Así se matan a los chupes de Cambio 90, dijeron. Ni siquiera era del gobierno, era de Acción Popular. Pero ya lo habían decidido.
Mercedes cuenta que sabía que tenía una pensión pero no qué papeles presentar. Que viajó a Lima y se acercó al SUTEP, pero no la ayudaron. Que le hablaron de Aprodeh, pero que ahí le explicaron que sólo trabajaban con víctimas del Ejército. No nos hemos sentido identificados con el informe de la CVR. El día del aniversario del Afavit hicimos una misa y fuimos a El Ojo que Llora: nos dimos con la sorpresa que ninguno de nuestros muertos estaban ahí. Nos indignó, nos sentimos mal. Nos han discriminado.
Debate Político
“Entiendo que muchas personas sienten que sus familiares han sido obviados. Muchos no se acercaron a registrarlo, o no se ha podido entrevistar a todos: por eso pasamos a hacer proyecciones. Como todo proyecto humano ha habido omisiones que se tratan de resolver, pero no hay ningún rechazo”, responde Salomón Lerner. Reflejados en las imágenes en blanco y negro que conforman el mensaje de
Yuyanapaq, para no olvidar, tiene lugar una cita con el ex presidente de la CVR. “El Museo no tendría ningún sesgo ideológico, habría presencia de todos los sectores: policías, militares, víctimas de ambos lados. Para las personas que dieron su vida en esos años no se puede tener sino agradecimiento”.
–El Premier Simon opinó que era preferible entregar directamente el dinero a las víctimas. Vale preguntarse qué ha pasado con las donaciones que se hicieron luego del terremoto de Ica.
–Exacto. ¿Dónde está ese dinero? Si no hay un manejo transparente, ¿cómo vamos a confiar? Y frente a gente tan golpeada, ¿por qué el Estado no ha hecho algo antes?
–No sólo toca una reparación material, también moral.
–Es esa la forma de hacer justicia. Y esa es una reparación que no cuesta. Por ejemplo, una carta del Presidente a los indultados pidiéndoles perdón si es que se ha comprobado que son inocentes. No sé qué pensaría Simon, que ha sido indultado, a menos que acepte que estuvo justamente en prisión esos años. Pero si no era culpable merecía una carta en la cual el presidente le pidiera perdón. Y yo antes de aceptar un Premierato exigiría esas disculpas en nombre del Estado que me vejó.
Ántero Flores Aráoz dijo que un museo no interesaba. Y luego, hace unos días, ha venido a ver esta muestra y ha salido diciendo que es bastante objetiva...
–¿Eso quiere decir que el ministro de Defensa no había visitado Yuyanapaq antes?
–Jamás, y aún así hablaba. Y yo me preguntaría si Alan García la ha venido a ver. Si la hubiera visitado habría constancia. A menos que lo haya hecho a medianoche. (Rebeca Vaisman).