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Medio Ambiente En Tambogrande, en busca de oro, mineros informales se envenan con mercurio.

Suicidio Colectivo

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En el mayor valle productor de mangos del país, San Lorenzo, Piura, los mineros informales practican suicidio masivo y dañan tierra agrícola al manipular el mercurio para extraer oro. Abajo: Pepita de cinco gramos, producto de horas de extracción.

Atravesando las plantaciones de mangos y limones que proliferan en los campos agrícolas de Tambogrande y Las Lomas, en el valle de San Lorenzo, Piura, la boca saliva y los pulmones respiran. El paisaje contagia el sosiego piurano. De pronto, en el límite de ambos distritos aparecen pozas artesanales auríferas de la creciente minería informal que, mercurio mediante, amenaza hacer más mella que el inclemente sol de la región.

En el lugar se encuentra Fernando, minero informal que no sólo trabaja, sino vive en el terreno de mil metros cuadrados que funge de instalación extractora. Su día a día es casi rutina de suicida: recoge tierra, constata el grado de mineral con un triángulo de plástico denominado “puruña”, la descarga en una máquina moledora –fabricada con motores de camiones viejos–, recoge las piedritas resultantes, las lava por horas con mercurio líquido, decanta las buenas y, tras ocho horas de espera, obtiene una pepita de cinco gramos. “Si tienes suerte, por cada cinco toneladas de tierra sacas dos kilos de oro”, indica Fernando mientras el mercurio discurre entre sus manos desnudas y va a parar al fértil suelo del valle.


 


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