Entrevistas Los orígenes místicos y musicalmente ortodoxos de Joselito Valverde.
El Rumbero Clásico
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Sus primeros instrumentos fueron el órgano, armonio y piano. Y música, religiosa. Lejos estaban los días de rumba hasta las últimas consecuencias. |
Joselito y su orquesta. ¿Quién no lo conoce? Puede ser que en algún momento hayamos movido el esqueleto al ritmo de su música o que nos haya sorprendido y alegrado los tímpanos en eventos importantes o en alguna fiesta de fin de año o en ese matrimonio que nos invitaron y al cual no podíamos decir que no y cuando llegamos y vimos el carismático sombrero de Joselito en lo alto de un estrado rodeado de sus músicos y de unas chicas despampanantes moviéndose al ritmo de un merengue sabrosón supimos que el pasarlo bien estaba garantizado. Lo que muy poca gente sabe es que este encantador de serpientes nocturno estuvo considerando mucho tiempo la retirada de este voluptuoso mundo para encerrarse ascética y franciscanamente en la contemplación mística de las ondas divinas. Ha cambiado de look ya que se ha afeitado la cabeza y la luce a lo Ronaldo. Empezamos.–¿Algunas generales de ley? ¿Cuándo sintió usted la llamada de la música?
–Tengo 48 años, soy limeño, barranquino, mi padre murió cuando yo tenía 3 años y mi madre cuando tenía 17. Yo quería ser músico desde los 5 años, justo la edad en que llegué a Los Ángeles, en Estados Unidos ya que mi tía Maruja estaba establecida allí. Regresé a Lima a los 11 años. Mi vocación musical siempre estaba presente.