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Actualidad La línea equidistante de la CIJ aún en la matríz.

El Corte de la Corte

Song Sang - hyeon preside la CIJ.

NO es la primera vez que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) tiene que juzgar un caso en el cual dos países se pelean por un trozo de mar. Canadá y Estados Unidos en 1981, Qatar y Bahrein en 1991, Camerún y Nigeria en 1994, Nicaragua y Honduras en 1999 o Rumania y Ucrania en el 2004 también llegaron a La Haya para que la Corte defina una “línea marítima única” entre ellos.

Ahora bien, para resolver todos estos conflictos, la Corte siempre procedió de la misma manera, utilizando el método de “los principios equitativos / circunstancias pertinentes” y aplicándolo al pie de la letra. Podemos entonces tratar de entender el razonamiento de la Corte y prever sus conclusiones.

La primera etapa de este método nos rememora nuestras lecciones de geometría en el colegio. Es decir, la Corte toma las dos costas del área marítima en cuestión, un compás, un lápiz y empieza trazando líneas: si las costas se enfrentan, traza una línea media y si son adyacentes, como es el caso de las costas chilenas y peruanas, establece una “línea de equidistancia provisoria” entre los dos dominios marítimos.

En una segunda fase, la Corte examina si existen factores que podrían necesitar un “desplazamiento de la línea de equidistancia provisoria para llegar a un resultado equitativo”.

Obviamente, cada país encuentra entonces cien mil factores para que la línea sea un poquito más del lado del otro, para apropiarse así de la mayoría de los recursos naturales que contiene el área en cuestión. Peces, gas, o, por supuesto, el petróleo: Ucrania, como Chile, sostiene que las actividades de los dos Estados demuestran la existencia de un acuerdo tácito o de un “modus vivendi” entre ambas partes sobre una línea marítima que, por supuesto, está más cerca del litoral rumano. Honduras, como Chile, pretende que ya existía en el mar del Caribe una frontera tradicional que seguiría el decimoquinto paralelo y que supuestamente los pescadores de ambos países siempre han reconocido. Bahrein, por su parte, considera que la Corte debe desplazar a la “línea de equidistancia” en la medida que los bancos de ostras perleras que se encuentran en el océano han sido explotados desde siempre por los pescadores bahreinis.

A todas estas invocaciones, la Corte dio la misma repuesta: “Los argumentos no permiten a la Corte concluir que existía una frontera marítima internacional jurídicamente establecida entre ambos Estados y tampoco que sea necesario desplazar la línea de equidistancia”. En otras palabras, la Corte escucha los argumentos de ambas partes, pero dado que nunca una sola tiene plenamente la razón, considera invariablemente que la mejor manera de cumplir el objetivo de equidad es mantener la “línea de equidistancia”.

En la tercera y última etapa del método, la Corte se asegura que la línea establecida no dé lugar a un resultado injusto debido a una desproporción importante entre las dimensiones de las costas de los dos países. Lo hizo solo una vez para tener la conciencia tranquila, reajustando ligeramente la línea entre Canadá y Estados Unidos, pero por lo general esta tercera etapa es un mero formalismo.

En definitiva, en todos los antecedentes de conflictos marítimos, el método utilizado por la Corte siempre la condujo a tomar la misma decisión: divide los dominios marítimos de ambas partes según la “línea de equidistancia” previamente establecida. No es que la acción de la Corte sea inútil. Es un proceso diplomático para resolver definitivamente los antagonismos y asegurar la paz entre los países.

Son entonces Perú y Chile que avanzan frente a la Corte. Ambos países le van a presentar pruebas geográficas, testimonios históricos, tratados o convenciones, memoria y contra-memoria. Nada nos asegura de la decisión que tomará la Corte Internacional de Justicia, pero todo parece indicar que se terminará por un nuevo juicio de Salomón. (Pierre Boisson)


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