Medio Ambiente Día Mundial del Agua: Entre la desertificación y la inundación: proyecciones globales resumen descalabro hídrico de extremos.
Varados en Seco
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Árida prospección de no cambiar hábitos de consumo. |
En el planeta Tierra, si algo pareciera sobrar, es agua. Con la masa oceánica, glaciar y fluvial representando el 71% del globo, tal vez nada más apropiado que coger la ropa de baño y echarse a nadar. Pero tras el Día Mundial del Agua, celebrado el último domingo 22 de marzo, las proyecciones hídricas van dejando una sensación más bien deshidratada.
La semana que pasó, Turquía convocó bajo su ardiente sol a más de 20 mil personas –entre políticos, expertos ambientales y civiles– para realizar el 5.º Foro Mundial del Agua, organizado por el Consejo Mundial del Agua. Obviamente, no podían faltar las alertas hídricas. “El cambio climático se manifestará primero a través del agua, mediante sequías, inundaciones, huracanes, deshielos y el aumento del nivel del mar”, anticipó Mark Smith, hidrólogo de la Unión para la Protección de la Naturaleza.
Para el Perú la advertencia ya es conocida. Según el Tyndall Centre de Inglaterra, el nuestro será el tercer país más vulnerable y golpeado por el cambio climático, detrás de Honduras y Bangladesh. Esto implicará que, al paso que vamos, primero sufriremos secuelas de fenómenos de El Niño, huaycos y ríos descontrolados; seguidos por una gran sequía a lo largo y ancho de nuestras costa y sierra. Y la desafortunada prospección apunta cerca: el año 2025 (CARETAS 1979).
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Aguado Porvenir.- Con el calentamiento global, el deshielo de la Antártida y los glaciares son inminentes. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU prevé para 2100 un aumento del nivel del mar de hasta cinco metros. Y si todos los hielos del planeta se derritiesen, el nivel aumentaría 66 m inundando grandes extensiones continentales. |
La previa ya es identificable. El último miércoles 18, la ONG Oxfam presentó el informe “El agua ante nuevos desafíos. Actores e iniciativas en Ecuador, Perú y Bolivia”, donde nuestro problema hídrico va desde la mala gestión del recurso (que apunta a ser regulado por la recientemente aprobada Ley del Agua) hasta la contaminación por relaves mineros y desagües (los ríos Mantaro, Rímac, Yauli, entre otros, son claro ejemplo). Tan solo en el tema de la disponibilidad, se indica que el 70% de nuestra población se concentra en la vertiente del Pacífico, teniendo a la mano un promedio de 2,000 m3 de H2O por persona al año. Pero para el 2025 la previsión está en 1,000 m3. Mientras, en la vertiente amazónica está el 26% de la población que dispone de 291,000 m3 por persona anuales. Algo mal distribuidos.
No sólo eso. En los últimos 30 años hemos perdido el 22% de nuestros glaciares, que representan el 71% de los glaciares tropicales del mundo. Esta pérdida representa 7,000 millones de metros cúbicos de agua: ¡el equivalente a 10 años de consumo en Lima! Y mientras perdemos la fuente de origen de los ríos, también estamos afectando nuestras reservas ubicadas en las napas freáticas, como las de Lurín y Huachipa.
Y cuidado: según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) Lima es la segunda ciudad más desértica del mundo, después de El Cairo, Egipto. Pero mientras el río Nilo carga un caudal promedio de 2,830 m3/s, el Rímac llega a un promedio anual de sólo 20 m3/s. Definitivamente, la comparación da sed y urge a cuidar mejor el recurso.
Aguas Claras
Así las cosas, el Reino Unido trajo la semana pasada al doctor Robyn Gwynn, su Enviado Especial en Seguridad Climática para Países Vulnerables. “Definitivamente, el tema del agua es crucial en el Perú”, indicó Gwynn a CARETAS: “Pero las predicciones son complicadas. Los científicos indican que algunos lugares tendrán más lluvias y otros dejarán de tenerlas. Así, algunas zonas áridas se podrían beneficiar, pero en lo global las pérdidas serán mayores que los beneficios”.
Por lo anterior, Gwynn apunta a la energía limpia y renovable como contención a la degradación ambiental. “En el Perú tienen las opciones geotérmica e hidroenergética”, expresa: “Falta que el gobierno mire más en esas direcciones”.
Pero quien sí ha visto al agua como salida es la ONG Soluciones Prácticas-ITDG. En los últimos 15 años años pusieron su mirada en los poblados andinos más alejados y empezaron a sembrar microcentrales hidroeléctricas, las cuales ya benefician a más de 30 mil personas. El concepto les valió obtener en febrero pasado el Premio Sasakawa 2008, máximo reconocimiento ambiental del PNUMA.
La tónica es bastante simple. “Si uno quisiera darles electricficación a las zonas rurales, extender el cableado eléctrico costaría muchísimo y sólo beneficiaría a 30 familias por vez, lo que no es viable”, explica Alfonso Carrasco, director de ITDG: “Pero instalar microcentrales de 25 a 40 kw en zonas con caídas de agua te permite que 100 familias tengan luz, radio, artefactos eléctricos, etc.” Así, a un costo de US$ 3,000 por kw instalado, ya llevan 53 microcentrales en la sierra a un ritmo de casi cuatro al año. “Ahora los poblados no sólo tienen nuevas opciones comerciales, como aserraderos o la opción de vender hielo –prosigue Carrasco–; también mejoran su salud al dejar de usar mecheros de kerosene, que botan humo, malogran la vista y enferman a los niños”.
No sólo eso. “Saber que necesitan del agua para hacer funcionar su microcentral los obliga a cuidar mejor sus cuencas, creando conciencia para el adecuado manejo del recurso”, señala Carrasco.
Los beneficios del agua están a la vista. Pero el posible naufragio, también. Así, la dramática proyección hídrica debe servir como baldazo de agua fría para ver con mayor claridad la necesidad de cuidar el recurso. (Thor Morante)