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Política Reacciones chilenas ante la demanda peruana en La Haya reflejan desconcierto.

La Otra Cara de La Moneda

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El martes 24, la presidenta Michelle Bachelet convocó a los líderes de nueve partidos políticos a La Moneda en busca de una sola voz.

La Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, convocó a los nueve líderes de partidos políticos el martes último a La Moneda, en donde invocó actuar con “sentido nacional” frente a la demanda marítima presentada por el Perú ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, el jueves 19 pasado.

“Debemos actuar de manera firme, pero reflexiva”, instó Bachelet. “Chile necesita una sola voz en esta materia, en la que nuestra Cancillería está trabajando con rigor y dedicación”, enfatizó. En la reunión estuvieron presentes el flamante ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Mariano Fernández, el agente ante la CIJ, Alberto Van Klaveren, y el comité político de la Presidenta.

Pero lo cierto es que las reacciones chilenas ante la demanda peruana revelan un grado de desconcierto. A pesar de las declaraciones de unidad, la negativa de Bachelet de recibir al candidato presidencial de la oposición, Sebastián Piñeira –“ese no es un tema de campañas”–, hizo saltar chispas, sólo atemperadas por la cumbre partidaria.

En Torre Tagle analizan con lupa las múltiples manifestaciones políticas mapochas. Apenas 48 horas antes de que nuestro país presentara la Memoria en La Haya, Bachelet cambió al ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, por el hasta entonces embajador de Chile en Washington, Mariano Fernández, y al ministro de Defensa, José Goñi, por el ex vocero de La Moneda, Francisco Vidal.

Para el vicepresidente Edmundo Pérez Yoma, la presentación de la demanda “no ha sido un acto amistoso”. El titular de Defensa señalaría que “las FFAA son la mejor garantía de paz”.

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Caricatura de La Tercera de Sebastián Piñeira, candidato presidencial de oposición.

En contraste, Allan Wagner, agente peruano ante La Haya, recordó que la decisión peruana de acudir al máximo tribunal internacional “debe considerase un gesto de buena voluntad”. A su vez, el Canciller peruano José Antonio García Belaunde, repuso con contundente sobriedad: “Yo no creo que un país serio, que está inserto en el mundo, que tiene multitud de acuerdos de todo tipo, vaya a desconocer un fallo de la Corte”. Con el transcurso de los días, también en Chile se empezó a modular el mensaje. Bachelet enfatizó el martes último que su país “sabrá defender eficazmente su soberanía, cuidando siempre mantener los principios y valores de vecindad que han caracterizado la relación entre Chile y Perú”. Un bienvenido cambio de énfasis.

Sigue siendo materia de interrogantes el repentino cambio de Foxley por Fernández en la Cancillería chilena. No se descarta que Bachelet tuviera serias discrepancias con la estrategia de confrontación de Foxley. De hecho, la negativa de la Cancillería chilena de resolver el diferendo marítimo de manera bilateral no dejó otra alternativa al Perú que acudir al máximo tribunal de justicia de las Naciones Unidas.

Aparentemente en La Moneda empezaría a primar el criterio que impugnar la competencia de La Haya, respuesta que se daba por descontada con Foxley, es un camino que eventualmente conduciría a una primera derrota ante el CIJ. En ese sentido, resulta elocuente que el canciller Fernández anunciara de saque una ronda de conversaciones internas para definir el plan de acción a seguir. Todo indica que la intempestiva salida de Foxley desmontó la estrategia confrontacional trazada, pero que aún no ha sido reemplazada por una nueva.

“Chile sabe lo que no quiere”, sintetizó una alta fuente de la Cancillería peruana, “pero aún no sabe qué camino tomar”.

La queja chilena a la publicación de una separata el domingo pasado en el diario El Comercio, por presuntamente violar los acuerdos de confidencialidad sobre el proceso exigidos por La Haya, son un reflejo más del desconcierto. La publicación es una síntesis de la demanda peruana presentada en enero del año pasado ante la CIJ y que está colgada en la página de Internet de la Corte.

A su vez, existe una corriente en Chile de confrontar la demanda marítima peruana con Ecuador y Bolivia, abriendo la baraja del contencioso bilateral a uno de nivel subregional. Ya el año pasado, cuando el Perú presentó la demanda ante la CIJ, en enero, el gobierno de Ecuador comunicó que la Declaración de Santiago de 1952 que proclamó las 200 Millas definió el límite marítimo. El diario La Tercera de Chile preguntó a Fernández esta semana: ¿Existe la posibilidad que otro país interesado en el diferendo, como Ecuador, pueda hacerse parte del proceso? Fernández respondió: “Es una posibilidad. Pero no estamos conversando con otros países, estamos preocupados por la defensa de las posiciones chilenas”. En Torre Tagle se declaran “preparados” para responder diplomáticamente ante esa eventualidad.

Pero Fernández, diplomático de carrera, parece igualmente consciente de los riesgos de involucrar al cuadrante boliviano. El lunes 23, el presidente de Bolivia, Evo Morales, declaró durante la tradicional conmemoración altiplánica del Día del Mar: “No quisiera pensar que esta demanda que se presenta ante la Corte Internacional de La Haya sobre el límite marítimo sea para afectar y retrasar una de las posibles soluciones a nuestro pedido histórico que es acceso soberano al mar”.

Algunos medios periodísticos chilenos destacaron sus declaraciones en grandes titulares. La Tercera de Chile tituló: “Demanda peruana en tribunal de La Haya agudiza quiebre entre Lima y La Paz”. Y en El Mercurio se afirmó: “La proposición peruana afecta a todo el Pacífico Sur”. Sin embargo, el canciller Fernández se esforzó en deslindar las opciones. “Es una estrategia cargada de complicaciones”, resumen en Torre Tagle. Forzar esa figura podría animar a Bolivia a exigir ser invitado al proceso, para que la CIJ se pronuncie sobre la salida soberana al mar. Por lo pronto, empieza a imponerse, con serenidad, que el curso de la Corte es una sincera apuesta por la paz.


 


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