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Opinión Por CARL BILDT Y FRANCO FRATTINI

Reafirmando a Europa

ROMA/ESTOCOLMO – La actual crisis económica global está sacudiendo las creencias y las estrategias que durante mucho tiempo han sido veneradas en las políticas europeas. De hecho, la crisis está cuestionando los propios cimientos de la Unión Europea. En consecuencia, existe una necesidad urgente de reconfirmar el carácter y la identidad medulares de Europa. Debe reafirmarse la naturaleza misma de nuestro modelo europeo –un modelo que es abierto interna, externa y globalmente.

Internamente, Europa debería seguir siendo una sociedad abierta y también una economía abierta. Deberíamos pelear contra las tentaciones proteccionistas que echarían por tierra el cimiento mismo del proyecto europeo, un proyecto basado en las “cuatro libertades”: libre movimiento de mercancías, de personas, de servicios y de capital.

Pero el plan de recuperación económica europea que acaba de ser reafirmado por el Consejo Europeo de Ministros se centra principalmente en medidas nacionales para respaldar la demanda interna. Al implementar este plan, los gobiernos deben abstenerse de la tentación de transformar medidas nacionales en esquemas proteccionistas estrechos. Un desenlace de esta naturaleza amenazaría con un creciente desempleo en Europa y en otras partes, y dificultaría mucho la lucha contra la crisis. De manera que un retorno al nacionalismo económico, social o político simplemente no es una opción.

Por cierto, el comercio dentro de la UE hoy representa prácticamente las dos terceras partes del comercio total de los estados miembros de la UE. Y la propia UE es el líder en el comercio mundial –representa el 18%– seguida de Estados Unidos y China. Incluso la libre circulación de trabajadores y de gente en Europa es una realidad bien establecida y positiva: el 2% de los ciudadanos de la UE –más de 10 millones de personas– residen en un país miembro de la Unión que no es su país de origen.

Es más, en 2006, el 57% de los ciudadanos europeos se declararon dispuestos a trasladarse al exterior por razones profesionales. Entre ellos, los europeos jóvenes son los más motivados (medio millón de jóvenes de la UE ya están estudiando en otro país).

La crisis tampoco debe convertirse en una excusa para crear nuevos formatos institucionales que pongan en peligro el delicado equilibrio entre las diferentes instituciones de la UE, un equilibrio que, mediante los ajustes apropiados, ha pasado por la prueba del tiempo. Por supuesto, la crisis sí destaca la necesidad de fortalecer las instituciones e instrumentos de la UE para una acción y coordinación común. Necesitamos una ratificación final y completa del Tratado de Lisboa para tener la Unión Europea institucional e internacionalmente más fuerte que necesitamos.

Tampoco las incertidumbres de hoy deberían volverse una excusa para cuestionar la necesidad de continuar y completar el proceso de ampliación de la UE. Extender el área de libertad y democracia, paz, estabilidad y prosperidad de la UE, especialmente en todo el sudeste de Europa, está en el interés de todo ciudadano europeo.

Por cierto, necesitamos enviar una fuerte señal a nuestros vecinos en los Balcanes occidentales de que su perspectiva europea sigue viva, tal como fue reafirmado por los jefes de Estado europeos en 2008. Y seguimos convencidos de los beneficios estratégicos y económicos del ingreso de Turquía en la Unión. Por supuesto, el proceso de acceso depende de la disposición de los países adherentes, pero no debería frenarse o desacelerarse.

A nivel global, Europa necesita promover un sistema abierto, inclusivo y efectivo de gobernancia internacional. A través de su vasta experiencia de convergencia de intereses y valores nacionales, la UE surgió como un modelo de multilateralismo y como el actor normativo más poderoso en todas las áreas de gobernancia.

La UE está dispuesta a desempeñar un papel importante en la construcción de un nuevo sistema de gobernancia global. Esto requiere un mayor desarrollo y profundización de relaciones estratégicas con las potencias emergentes, como China, India y Brasil, así como con organizaciones regionales. Esto es precisamente lo que Italia ha estado promoviendo durante su actual presidencia del G-8. Necesitamos integrar a las potencias emergentes de hoy en un nuevo sistema de gobernancia global. Este último, sin embargo, debería estar dispuesto a compartir la carga con nosotros.

Este también es el momento de inyectar nueva energía en la ronda de conversaciones comerciales globales de Doha. Una conclusión exitosa de la ronda sería la acción más fuerte posible para contrarrestar las tendencias proteccionistas y reanudar el crecimiento en el comercio mundial.

Para terminar, en tiempos de crisis económica deberíamos dejarnos llevar, más que nunca, por nuestros valores democráticos comunes –la dimensión interior de nuestra identidad europea y un factor de unión crucial para nuestras sociedades–. También son una herramienta poderosa para el liderazgo europeo en los asuntos globales. Europa tiene un papel especial que desempeñar a la hora de asegurar un mundo mejor donde los derechos humanos y las libertades individuales sean amplia y plenamente respetados. No debemos escabullirnos de nuestras responsabilidades. (Carl Bildt y Franco Frattini*)

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*Carl Bildt es ministro de Relaciones Exteriores de Suecia. Franco Frattini es ministro de Relaciones Exteriores de Italia.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez


 


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