Justicia La justicia internacional estrecha el cerco contra los gobernantes que abusan del poder en el mundo entero. El caso Fujimori es emblemático.
Autócratas: Merecido Final
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El chileno Augusto Pinochet creyó que moriría impune, hasta que las cortes británicas y españolas asumieron jurisdicción sobre el ex dictador. |
Que Fujimori haya sido extraditado, sentado en el banquillo de los acusados y que la Corte Suprema esté a punto de dictar sentencia por las graves violaciones de derechos humanos de las que se acusa al ex Presidente, son hechos de extraordinaria importancia. Lo que en apariencia es excepcional en la historia latinoamericana, es en realidad signo de tiempos en que los sindicados de violaciones a los derechos humanos responden ante la justicia. El Perú está poniendo una notable contribución en este curso civilizatorio.
No fue así antes. Pese a que nunca estuvo en duda que durante la dictadura de Odría (1948-1956) se cometieron múltiples atrocidades y que su uña larga hizo cera y pabilo de los recursos fiscales, el “General de la alegría” murió en 1974 sin procesos ni sanciones penales. Otros dictadores del continente también se libraron impunes de sus fechorías. Los generales brasileños golpistas del largo interregno de 21 años iniciado en 1964 –Castelo Branco, da Costa e Silva, Garrastazú, Geisel y Figuereido– que inspiraron el término de “gorilas” para los sucesivos dictadores castrenses latinoamericanos, no sufrieron los embates de comisiones de la verdad ni tuvieron que comparecer en incómodos banquillos.