Turismo Exótico y elegante crucero suelta amarras rumbo al corazón de Pacaya Samiria.
Viaje al Centro de la Selva
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Para Lissy Urteaga, creadora junto a su esposo de los Delfines vive “una etapa de mi vida de creatividad constante”. |
Dentro de pocos días dos delfines de madera surcarán las aguas del río Ucayali. Uno, el Delfín I ya lo hace desde el 2006, pero el Delfin II soltará amarras del puerto de Nauta el próximo 19 de abril. El destino es siempre la Reserva Nacional de Pacaya Samiria.
“Todos los días la selva te regala algo diferente”, dice Lissy Urteaga, quien desde el 2006 viaja como anfitriona a bordo del Delfín. Un barco acondicionado “para recibir a las personas de una manera acogedora porque siempre quise que el Delfín sea una extensión de mi casa”.
La estadía en el Delfín hace que el recorrido por el Pacaya Samiria, el bosque inundable más grande del Perú, “más que un viaje sea una experiencia”, apunta Aldo Machiavello, esposo y socio de Lissy.
La aventura para ellos comenzó hace unos años, después de comenzar a buscar la posibilidad de un negocio propio. Esta búsqueda los llevó a Iquitos, donde Lissy y Aldo vieron que podían ofrecer a los turistas una experiencia genuina en la zona amazónica.
Durante los cuatro a cinco días que se está a bordo del Delfín hay excursiones diarias a diferentes rincones de la reserva donde hay que ir abriendo camino entre la “tahuampa”. Una especie de lechuga flotante que sirve de techo y protección de los predadores a animales como los caimanes, paiches y delfines rosados.
Dependiendo de la época del año hay excursiones de todo estilo. Estas pueden ser desde un recorrido por el río Dorado, a la llamada Selva de los Espejos, apreciación de aves al amanecer hasta nadar con delfines rosados en el Lago de Yanayacu.
Desde sus inicios Lissy y Aldo decidieron que la experiencia de los visitantes tenía que ser completa y es por eso que a bordo todo lo que se consume proviene de la zona. “Hasta los cigarros”, señala Lissy.
Los creadores del Delfín buscan además realizar un turismo responsable que ayude a desarrollar la zona “creando buenas relaciones con las comunidades”, como con la de Puerto Miguel, donde ayudan a las mujeres a perfeccionar sus propias técnicas o tejidos para que la artesanía que hacen sea más vendible.
Cada día es diferente y es momento para reflexionar en ello al atardecer, cuando el sol comienza a caer y el cielo selvático, con sus grandes nubes, comienza a teñirse de naranja y rojo. Una experiencia para no perderse. (Texto y fotos: Diana Zileri)
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