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Literatura Un extracto en exclusiva del relato que da título al nuevo libro de Alfredo Bryce: diez cuentos en el mejor de sus estilos.

La Esposa del Rey de las Curvas

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Arnaldo Alvarado "El Rey de las Curvas" (1901-1988), izq, fue un as del automovilismo desde el año 33 hasta el 75, inmortalizando su robusto Ford, el "Ladrillo Rojo". Como homenaje, la última etapa de los Caminos del Inca, Arequipa-Lima, lleva el nombre de Alvarado.

“Sucedía por aquellos años que, al igual que todos los niños, yo necesitaba un héroe que emular, que admirar, que querer, e incluso que adorar e idolatrar. Pero mi padre, tímido entre los tímidos, rígido entre los rígidos, y muy callado entre los mudos, incluso, era cualquier cosa menos un hombre idolatrable. Lo respetaba todo, tanto y tanto, mi papá, que, me consta, les juro que me consta a mí, su eterno y aburridísimo copiloto en un viejo Pontiac siempre impecable, azul marino y lento, que, por temor a pasarse el siguiente semáforo, mi padre era capaz de detenerse incluso en el anterior. Y las únicas curvas que daba bien eran aquellas destinadas a evitar un bache de la avenida Salaverry, tanto de ida como de vuelta de su oficina en el Centro de Lima.

Por fin, un día, su jefazo en la casa comercial en la que trabajaba demasiado, mucho más de lo que nadie le había pedido, le dijo que con ese carromato azul del año del rey Pepino no podía seguir andando, oiga usted, don Santiago, por lo que la empresa, boyante como nunca en aquel año de Dios, según constaba en el minucioso y pluscuamperfecto balance anual, elaborado, cómo no, por mi padre, que además había diseñado los planos para el nuevo edificio de la empresa, y también los de unas quince sucursales que estaban por abrirse en provincias, y encima de todo había confeccionado el uniforme modelo para los negros porteros y ascensoristas, sin olvidar tampoco el tapiz de los muebles de las oficinas de los más altos jefes y asimismo las cortinas de las más encumbradas oficinas y hasta el traje de las secretarias, entre varios otros menesteres de los cuales el jefazo no tenía aún cumplida noticia, y que mi enano padre, por muy alto que fuera, y lo era y mucho, en su infinita modestia, por supuesto que jamás sería capaz de añadir un solo detalle más a la interminable lista de deberes y obligaciones para con su empresa, deberes y obligaciones que nadie nunca le había asignado, por lo demás. Lo suyo, pues, con aquella empresa, era lo que suele llamarse una entrega total, una entrega absoluta, una vida entera consagrada, consagrada de día, de noche, también de medianoche, me consta, y de cuerpo y alma.


 


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