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Turismo El arduo recorrido de un centro arqueológico que dejó de ser basural para convertirse en destino turístico.

Camino Áspero

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Arqueólogo Daniel Cáceda, director del Proyecto Áspero ante pirámide del lugar.

Hoy el complejo arqueológico Áspero se emplaza a unos quinientos metros del mar grisáceo de Supe, pero hace cinco mil años las olas lamían las orillas de una bahía que se metía dos kilómetros hacia el Este. Una bahía es un puerto natural; para los habitantes de Áspero fue el punto del cual salir a navegar, a pescar, a interactuar con otros grupos. Áspero es el topónimo actual de este tramo del litoral de nuestro Norte Chico. Hace varios miles de años el mismo territorio debió llevar un nombre de una sola sílaba: el signo de los orígenes de las civilizaciones, las palabras cortas y contundentes. La deidad creadora de la primera cultura andina se llamó Kon. El registro arqueológico que desde hace cuatro años desarrolla en Áspero el Proyecto Arqueológico Especial Caral Supe (PEACS) evidencia una intensa actividad extractiva de peces y mariscos, especies que no solamente se consumían en la localidad sino que se intercambiaban con los pobladores del interior del valle. La fibra del algodón, por ejemplo, venía de allá y en el puerto se usaba para tejer las redes de pescar. Los mates fabricados con lagenarias se traían de las tierras fértiles para ser transformados en flotadores; también para la pesca. En el recién inaugurado Centro de Información, situado en el mismo sitio arqueológico de Áspero, se exhiben réplicas de estos hallazgos junto con flautas de hueso, anzuelos de choro, señuelos de pluma, collares de Spondylus. Objetos datados entre los 3000 y los 1800 a.C.

Ruta a Áspero

En el inicio está Caral. Ruth Shady comenzó a investigar los restos arqueológicos del valle sobre la idea de que una antiquísima civilización había surgido allí aún antes de la aparición de la cerámica. Las evidencias arquitectónicas fueron apareciendo en Caral, en Miraya, en Vichama, en Chupacigarro, en Lurihuasi, y se sospechaba que en Áspero podría haber algo importante. Solo que la zona por casi tres décadas había sido el botadero municipal de Supe Puerto. El alcalde de ese entonces, Everardo Vitonera, tuvo la visión suficiente como para apoyar al PEACS en la titánica tarea de mover casi sesenta mil toneladas de basura moderna en un espacio de diez hectáreas. La población supana se preguntaba qué hacía el alcalde financiando la remoción de los basurales. Al PEACS y a Vitonera les costó trabajo demostrar la importancia y utilidad de semejante tarea. Hoy los supanos son los primeros en llevar al visitante a conocer las tierras de hombres y mujeres a los que consideran sus ancestros, a pesar de que gran parte de la población actual haya migrado de otros lugares, sobre todo de las alturas de Ancash. Ese es un apreciable síntoma de integración y apropiación del trabajo arqueológico por parte de sus verdaderos dueños. Una buena visita a Supe debe sumar a Áspero, lugares de interés como el cementerio japonés, con centenares de estelas sincréticas shintoístas y cristianas, o los restos de la espléndida casa hacienda de San Nicolás, proyectada para ser un centro cultural en un futuro ojalá no muy futuro.


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