miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2075

23/Abr/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre JusticiaVER
Acceso libre UrbanismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre ACCEPVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Música El CBGB, cuna de míticas bandas del punk como los New York Dolls (que se presentaron en lima el próximo 23 de abril, dejó de ser el epicentro de la movida subterránea para convertirse en una boutique de lujo pero que conserva el espíritu decadente que hizo famoso al lugar hace más de 30 años.

Adiós al CBGB

4 imágenes disponibles FOTOS 

Ampliar imagen

Dace Morris, jefe de prensa de John Varvatos, y tres vendedores de la boutique invocan a los espíritus del punk para CARETAS.

Para muchos, pensar en la Nueva York de la década del setenta es pensar en John Travolta en traje blanco bailando disco al ritmo de los Bee Gees. Pero otra realidad se cocía en los bajos fondos, literalmente, de Manhattan, en el lugar más conocido como el Lower East Side (la baja zona este).

En diciembre de 1973, en el 315 de la avenida Bowery, entre la calle 1 y 2, nació el CBGB, donde el punk se hizo carne y donde, de la mano de su barbudo fundador Hilly Cristal, bandas como Television, Ramones, Blondie, Patti Smith Group, Talking Heads, MC5, New York Dolls, The Stooges, y otros, alcanzaron ribetes de mitos.

Jóvenes melenudos y desaliñados se mezclaban con bellezas como Debbie Harry (Blondie), Cyrinda Fox (musa de David Bowie) y Sable Star (eterna groupie de los NY Dolls), y con intelectuales como Allen Ginsberg y artistas como Andy. Todos ellos mezclados y revueltos entre el denso humo del cigarro y edor típico de un bar de mala muerte.

Pero el reinado del CBGB acabaría el 15 de octubre del 2006, cuando debido a la operación limpieza emprendida por el entonces alcalde Rudolph Giuliani provocó que los arriendos en la zona sur de Manhattan se elevaran estrepitosamente. Hilly, que pagaba US$ 19 mil mensual, se enfrentó a un nuevo contrato de US$ 40 mil. Luego de tres décadas tuvo que cerrar.

En los dos años siguientes el local quedó como un altar al que le quitaron el Santo. Sin su emblemático toldo blanco con las siglas CBGB, el lugar parecía estar destinado a convertirse en un McDonalds o una farmacia Duane Reade.

Pero fue el diseñador norteamericano John Varvatos quien decidió comprar el local de 3300 pies cuadrados y convertirlo en una boutique que conservaría el espíritu ecléctico, rockero y decadente que caracterizó al antro de Cristal.

Ingresar a la tienda es como entrar a una máquina del tiempo, sólo que en vez del piso pegajoso de antaño se encuentra un impecable laminado de madera de cedro. Las paredes fueron respetadas en su totalidad, con grafitis y afiches originales incluidos.

Posters de conciertos, fliers y vinilos de la época están colgados con reverencia. El escenario, ahí donde Patti Smith escupió, Joey Ramone meó, Debbie Harry (Blondie) se revolcó y David Johansen (New York Dolls) derramó rímel, sigue en pie acondicionado y listo para que cualquiera que quiera pueda devolver la música en vivo al lugar. Pero claro, sobre el escenario, en lugar de latas de cerveza se encuentran ahora zapatos de cuero que no bajan de los US$ 4500.

T-shirts vintage alcanzan los US$ 500 mientras que los vinilos de la época llegan a US$ 20. Sus clientes son todos aquellos que pese a la edad o al estatus social conservan dentro de sí el espíritu anárquico que imprimió el CBGB. Alice Cooper, Iggy Pop y Perry Farrel (Janes Addiction) no han dudado en publicitar la marca y hasta el ex director creativo de los Ramones, Arturo Vega, les dio el amén: “caminar por el local de Varvatos en el 325 de Bowery me confirma que la energía no desaparece, sólo se transforma”. Ha muerto el Punk. Viva el Punk. (Patricia Caycho)


Búsqueda | Mensaje | Revista