Sociedad Auge de la prostitución en Ilo atrae el circuito de la trata de personas, incluidas menores de edad. Municipio piensa en zona rosa.
Lolitas de Pampa Inalámbrica
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Sábado, 3 a.m.: Intervención policial en night club Opus, en la entrada de Pampa Inalámbrica. Una presunta menor fue llevada a la comisaría para comprobar su identidad. |
El dinero fluye en Ilo. Lo prueban la estética de club playero del nuevo Palacio Municipal, la abundancia de comercios, el impecable malecón de glorietas blancas y dos mil lugareños estafados recientemente por invertir en un negocio pirámide; la prosperidad, sin embargo, también ha convertido al puerto en el epicentro de la prostitución en el sur del Perú. El rubro tiene sus propias historias de emprendimiento: Ahí está el dueño del clásico burdel El Farito, que gracias al éxito de su local ha logrado abrir 3 sucursales en Tacna y ha convertido el negocio en patrimonio familiar con la inauguración de El Escorpión, propiedad de su hijo; o la fundadora del Embassy, quien escaló desde el último eslabón del oficio hasta convertirse en la dicharachera dueña del night club más elegante de Ilo, con un segundo piso reservado para clientes notables y altos mandos de la Southern. El único de estos establecimientos que cuenta con licencia municipal –de “cabaret”– es el Daxiry, ubicado frente a un pequeño boulevard en el malecón. Por alguna razón ha abandonado su ubicación original, un local de dos pisos en plena esquina frente a una iglesia evangelista, para mudarse a una puerta discreta, unos metros más lejos del mar; pero la situación se ha terminado volviendo crítica en los oscuros arenales de Pampa Inalámbrica.
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Formada hace 20 años por migrantes llegados desde Puno, la Pampa Inalámbrica empezó como invasión, llegó a asentamiento humano y hoy es reconocida como centro poblado, aunque ciertamente podría ser más que eso: su ubicación, en lo alto de Ilo, la hace un área ideal para expandir la ciudad portuaria a salvo de tsunamis y movimientos sísmicos. A fines de los noventas, varios locales de prostitución clandestina, presionados por el municipio, se mudaron a la entrada de la Pampa, a un terreno de 500 metros cuadrados propiedad de Marisol Huamaní, otra ex “fichera” que ahora dice sólo vivir de sus alquileres, de un hotel que ha construido justo al frente y de la venta de Herbalife. En esa hilera funcionan el Opus, el Badani, el Tropicana, el Megatabú y el Burbujas, antros que en la penumbra de su decadente alegría esconden dramas de trata de personas y menores de edad. En las profundidades de Pampa Inalámbrica el ejemplo empezó a cundir con la instalación de la planta de Enersur, en el 2004, y se hizo endémico con la modernización de Southern Perú, que trajo 2,000 trabajadores a Ilo en el 2006. Así aparecieron los “huecos”. “Son decenas de locales, muchas veces son simples cocheras, donde hay chicas de distintas edades que generalmente han sido traídas de Pucallpa, Huánuco y Madre de Dios con engaños”, dice la fiscal de Prevención del Delito de Ilo, Raquel Crisosto. “Nosotros intervenimos, hacemos detenciones, pero a los días están abriendo una cuadra más allá”. El funcionamiento intermitente de estos night clubs de generación espontánea hace muy difícil calcular su cantidad, pero el promedio podría estar en 70 u 80. La comisaría de Pampa Inalámbrica, mientras tanto, con sus 20 efectivos, poco puede hacer en un asentamiento que ya es una ciudad de 60,000 habitantes. Las redadas casi siempre dan con menores. En El Rinconcito de la Selva, por ejemplo, la fiscal provincial de la Fiscalía Civil y de Familia, Luzarmenia Salazar, junto con la fiscal Crisosto, encontraron 2 niñas de 14 años y 2 niñas de 10 años; pero pese a los indicios de que se trataba de un negocio dirigido por los propios padres de las menores, el Juzgado Penal no ha abierto procesos por trata a los responsables.