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04/Jun/2009
 
 
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Valoración de la estética emocional de un poeta popular y profundo a la vez.

Los Afectos de Benedetti

El desaparecido poeta entre amigos, con Tania Libertad y Joan Manuel Serrat.

Con Mario Benedetti (1920-2009) acaba de suceder lo mismo que con otros escritores de fuste en el momento de su muerte. Todos son elogios, y aquellos que hace poco le lanzaron dardos dan muestra de incipiente arrepentimiento. Hombre de convicciones políticas arraigadas, un auténtico puntero izquierdo de la literatura, impecable en su conducta cívica, le tocó sufrir persecución y destierro en el Uruguay sombrío de la dictadura militar de los años setenta, a fines de la última centuria del fenecido milenio. Empezó así su periplo de viajero. Ser trotamundos no le impidió hasta el final de su vida conservar un aire de provinciano distinguido: alguien que hablaba poco en las tertulias, pero cuando lo hacía, como lo hubiera aplaudido Juan de Valdez, parlaba como un libro.

Prolífico y variado como pocos escritores en Hispanoamérica, Benedetti practicó con variada fortuna todos los géneros más conocidos: cuento, novela, drama, poesía, ensayo. Hombre de multitud de oficios, conocía bien el rumor de la calle, la manera de pensar de los uruguayos de todos los estratos sociales y les dio la voz en su escritura. Cualquiera que lo lea sentirá el alma del Uruguay en sus textos. Como peruanos le podemos aplicar una frase que decimos con frecuencia: Benedetti como escritor, tiene esquina. Habla siempre como un habitante de la urbe. Es Mario, es Orlando, es Hardy, es Hamlet, es Brenno. Sus padres, siguiendo costumbres italianas, lo bautizaron con cinco nombres, tal vez adivinando intuitivamente que a lo largo de varias décadas su vástago movería en su escritura centenares de personajes. Escribió ochenta libros a lo largo de su vida, superando largamente a los más prolíficos del continente. Traducido a más de veinte idiomas obtuvo, dentro del orbe hispano algunas de las distinciones más codiciadas: el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de 1999, el Premio Internacional Menéndez y Pelayo,en 2005, ambos en España. Distinguido primero en su país, recibió premios literarios o condecoraciones de numerosos países de América, entre ellos Venezuela y El Salvador.


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