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11/Jun/2009
 
 
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Televisión Peripecias y empresas del broadcaster que se aleja de Panamericana Televisión en el año de su 50 aniversario.

Las Mil y Una de Genaro

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GDP, lejos de la celebración de Panamericana

Todo empezó en los altos de la librería Época, en Lima. Allí, en plena calle Belén, donde funcionaba inicialmente Radio Panamericana, según se recuerda en una semblanza de CARETAS 822. En ese entonces don Genaro Delgado Brandt ya necesitaba más manos para darse abasto. Tras foguearse en Radio Callao y Radio Libertad, los hermanos Héctor y Genaro Delgado Parker habían pasado a formar las filas de la radio. Pero en 1956, Genaro Delgado Parker (GDP) se abre camino para explorar el medio televisivo. Casado y con 26 años, se acercó a dos magnates: el cubano Goar Mestre (también zar de la televisión argentina) y Don Isaac Lindley (dueño de la Inca Kola).

El 16 de octubre de 1959 se inauguró Panamericana Televisión. Fue el tercer canal peruano en aparecer, pero se diferenció pronto del 4 y el 7 gracias a su contenido nacional. Sólo así pudieron competir contra los enlatados norteamericanos. Algunas creaciones eran nacionales (Mambo Club, aprovechando la prohibición de la Iglesia). Otras, meras copias de fórmulas extranjeras (Esta es su vida). Los más importantes auspiciadores contaron con programa propio, como fue el caso de Musiphilips, Casino Philips y Scala Regala (donde se presentó un joven Luis Bedoya Reyes). Pero el éxito continental de aquellos años lo marcó Símplemente María (1969), con Saby Kamalich. Por ese entonces sólo México y Perú exportaban a gran escala. Luego vino la expropiación velasquista del 9 de noviembre de 1971 (regalo de cumpleaños para GDP), el breve paso de Genaro al mando de Telecentro, y su posterior salida del país. En el autoexilio, la visión empresarial de GDP alzó vuelo como la de un excéntrico Howard Hughes criollo (al punto que consiguió un zeppelin). De vuelta a su aún entonces canal en 1980, coloreó la pantalla y amplió la red de emisoras. Pero perdió definitivamente el liderazgo creativo. Como en una eterna telenovela, la familia Delgado Parker se dividió y dividió el canal. Los Lindley salieron del accionariado y GDP quedó en minoría. Lejos de la TV, se embarcó en otro tipo de negocios: la telefonía celular en 1989 (Celular 2000), los teléfonos públicos inteligentes en el 92 (Telemóvil) y la televisión por cable en el 94 (Monitor, Telecable). Luego llegaría el exitoso industrial del papel higiénico Ernesto Schütz Landázuri, quien actualmente decide el grosor del papel del canal en el tablero mediático. Hoy, cuando la llamada Esquina de la Televisión está a punto de cambiar la pintura amarilla por la naranja, es bueno recordar los buenos años de este medio siglo. No habrá repeticiones.

Crema de Estrellas


LA aparición del videotape en 1961 posibilitó la venta de contenidos a nivel continental. Panamericana llegó a vender a más de 20 países, estableciendo producciones en Buenos Aires (Nino en 1971, con Osvaldo Cattone) y México (lo que termina catapultando la carrera cinematográfica de Patricia Aspíllaga). No fueron las únicas figuras. Elvira Travesí, el chileno Enrique Maluenda y Pablo de Madalengoitia brillaron lejos de las sombras de invitados de la talla de Bill Haley, la española Carmen Sevilla, y Johnny Weissmuller, con todo y su grito. Una crónica de la época recuerda la invitación que el presidente chileno Salvador Allende le hace a Ofelia Lazo (Natacha, en 1970) para almorzar en La Moneda. Con los años, la lista de estrellas añadiría a su cielo el brillo del Trampolín de Augusto Ferrando (1967), el Aló de Gisela Valcárcel (1987) y el talk show de Jaime Bayly (1989). También con los años, la aparición de supernovas fue reemplazada por enanas blancas y alguno que otro agujero negro.


 


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