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Luego de pasear en combi y vaciar Pisco Sours, piloto escocés hizo rugir en Lima F1 que podría dar la vuelta entre Pisco y Nazca en un tris.

La Fórmula Coulthard

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El alfalto de la avenida de la Marina, acostumbrado a la casi inmóvil marea cotidiana de combis y camiones, se estremeció con los 280 km/h de Coulthard.


El primer requisito para ser un piloto de Fórmula 1 es tener buena cabeza. Concentración, capacidad de reacción, resolución para tomar una decisión en milésimas de segundo. Para un cerebro así, siete pisco sour son una nadería, que fue la dosis con que David Coulthard se aclimató en Lima.

Pero además se necesita un estado fìsico envidiable. Un piloto de F1 está sometido al mismo ritmo de entrenamiento que un atleta olímpico. A 300 kilómetros por hora, el cuerpo humano soporta fuerzas G de hasta 30 kilos, lo que es igual o mayor a lo que tiene que resistir un piloto de avión de combate. David Coulthard, con su pinta de turista inocente, pertenece a esa escasa categoría de seres humanos que se han enfrentado a la verdadera velocidad. El crítico automovilístico de la BBC, Richard Hammond, logró dominar un Fórmula 1 luego de mucho intentarlo. Cuando llegó a la línea recta y pudo pisar a fondo, la flema británica se le trastocó en un ataque de alabanzas al cielo. "Es la máquina más gloriosa del mundo", dijo después.

Esa es la máquina que arrancó en la avenida La Marina. El rugido salvaje del F1 de Red Bull, una escudería que este año está haciendo una de sus mejores campañas en el Campeonato Mundial, se escuchó en Lima mucho más atronador de lo que suele sonar en la televisión. Cincuenta mil asistentes vieron el espectáculo mientras el tráfico, compuesto mayormente por automóviles comunes y corrientes, se volvía un caos; pero a Coulthard, poseedor de un carisma inesperado, se le perdona todo. Ahora sólo le falta dominar la combi.


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