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Música De los maltratos, carencias e inelegancias que afectan a la Orquesta Sinfónica Nacional.

Estrago de Orquesta

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Los sueldos sumados de todos los músicos, y el del director, de la OSN no superan al del trompetista principal de la Filarmónica de Nueva York.

Que la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) necesita cambios profundos, es incuestionable. Desafortunadamente, los ya realizados ponen en relieve nuestra debilidad institucional. Pareciera que la administración estatal es renuente a creer que la democracia no es una cuestión de fines sino de medios, y que el respeto de los compromisos y las formas no la haría más débil sino más fuerte, acercándola a las prácticas de los países más educados y prósperos.

La Maestra Mina Maggiolo fue relevada sin la cortesía que merece quien dedicó diez años a la OSN. Es cierto que una sinfónica, como toda institución, necesita renovarse periódicamente, pero siendo un componente fundamental del sistema cultural, debe conducir sus cambios con cuidado, conforme a planes bien definidos, y poniendo esmero en la designación del director. Aquí se hizo a la carrera, y a trompicones, como si no se pudiera esperar ni el vencimiento del contrato trimestral de la titular.

Basta ver los sueldos de la OSN para asomarse al drama. El director gana S/. 4,000.00, los jefes de sección S/. 1,500.00, y el resto un promedio de S/. 1,100.00. Sumados, de capitán a paje, ganan menos que el trompetista principal de la Filarmónica de Nueva York. Esas remuneraciones no disculpan el trabajo deficiente, pero tampoco el maltrato que reciben los músicos. Lo que revelan es un estado de cosas que sólo se resolverá formulando un verdadero proyecto para la OSN; uno que recién podrá comenzar cuando el Estado decida, de una buena vez, lo que quiere para la orquesta.

El nuevo titular de la OSN, Matteo Pagliari, ha sido asistente del director Riccardo Frizza, que acompañó a Juan Diego Flórez en óperas, conciertos y grabaciones; y hoy es profesor en la escuela de ópera del Teatro Comunale de Bologna, cuyo director principal, Michele Mariotti, condujo Rigoletto en el Callao, el 2008. De allí resulta evidente que debe el nombramiento a su vinculación con el entorno del tenor y su representante, Ernesto Palacio, lo cual en sí no es malo. Las recomendaciones son parte de la vida de los profesionales, que las otorgan con cuidado, y dado que el éxito de Flórez y de Palacio no se produjo por ensalmo sino por años de esfuerzo, cuesta creer que tomen al desgaire los asuntos de la OSN.

No obstante, hay indicios preocupantes, puestos sobre el tapete por Pagliari. En su entrevista de CARETAS N° 2081 fue poco elegante con su predecesora, se refirió equivocadamente al trabajo de la orquesta, e hizo alarde de haberla ordenado en 5 días y de dejarla expedita para todo el año con 3 meses y 12 conciertos. Eso no es así, porque ni las orquestas más establecidas se permiten el lujo de temporadas tan cortas para sus titulares.¿Basta para enrumbar la OSN el trabajo de verano de un director debutante que residirá en Italia? Los conciertos son la parte pequeña del trabajo: la de presentación de sus resultados, y el esquema de contar con un director residente en el exterior para una labor anual ya lo comprobó inviable una asociación musical, siendo improbable que funcione para la OSN, cuya organización y responsabilidades son más complejas.

En la controversia han emergido teorías sin fundamento. Según una, un director procedente del género lírico pone en riesgo el carácter sinfónico de la OSN, olvidando que para integrar la Filarmónica de Viena, probablemente la mejor sinfónica del mundo, el único requisito insoslayable es el de pertenecer a la Orquesta de la Ópera del Estado, y que el 70% de los directores de las 15 primeras orquestas pasó por la lírica. Según otra, el riesgo reside en que la OSN se dedique a la lírica, sin considerar que la temporada de ópera es apenas de un mes, mientras la actividad de la OSN es anual. Además, los antecedentes muestran que las asociaciones, particularmente Romanza, han proporcionado trabajo dignamente remunerado a los músicos. Ahora bien, si alguien pretende sustraer agua pública para sus molinos privados, debe ser denunciado.

La OSN necesita que el Estado decida convertirla en una institución en regla. En ese momento podrá licenciar a sus integrantes, reconociéndoles el íntegro de sus derechos, y abrir a concurso todas las plazas, pero con remuneraciones adecuadas. Una selección por audiciones anónimas, en las que no se conoce ni ve al postulante, sino sólo se le escucha, asegurará que la integren los mejores y se le pueda exigir en consecuencia. (Escribe: Enrique Felices)


 


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