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Deportes Explosión de júbilo por demoledor triunfo de Campeona Mundial Kina Malpatida.

¡KINAMITA!

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Las delgadas piernas de la Leoparda Dos Santos lograron el prodigio de aguantar las embestidas de Kina. Fue una demolición sostenida.

¿Cómo se cura la resaca de siete rounds defendiendo un título mundial de box? Fácil: con un chifazo. Acompañada por su esquina, su manager Gonzalo Rodríguez Larraín, Kike Pérez y un par de amigos más, Kina avanzaba el lunes por entre las mesas del Wa Lok recibiendo aplausos de los comensales. Algún mozo, al pasar, le estrujó el brazo como queriendo sentir la verdad mística de ese derechazo. El mismo con que, minutos después, Kina brindaría por su triunfo con una –una sola– cerveza Cusqueña. Merecida.

Entre wantán y wantán, la campeona firma autógrafos a quien se lo pidiera. Ahora, después de la pelea, tenía la paciencia y el ánimo para enfrentar admiradores y prensa que su temperamento de dinamita y la proximidad del encuentro le quitaron. Pero tampoco aguanta mucho, por si acaso. Kina comenta la alegría que le ha dado haber ganado en su país. Todos le recuerdan la felicidad que ella ha traído a un público ávido de victoria, con ganas de celebrar, por fin, con peruana y desordenada pasión. Esa que llevó a varios felices descontrolados a treparse como sea al ring una vez que la Leoparda Dos Santos había sido terminada y la Dinamita se dejaba ir en la lona en una mezcla de excitación y alivio. Ese público acostumbrado a la decepción respondió a la promesa de Kina con un promedio de 48 puntos de sintonía televisa-con picos de 52- según Ibope. Mismo Mundial de Fúltbol, al que no vamos hace más de 27 años.

Se le amargó por un instante el arroz chaufa: Kike Pérez comentaba un artículo aparecido esa misma mañana, en el que se acusaba al evento de ser una estafa y a la brasilera de ser gatita mansa, rival arreglado. “¿Pero por qué dicen eso?”, se indigna con justicia Kina. “Si esa chica tiene mejor record que yo, ¿tú sabes lo importante que es eso? Ella ya peleó por el título una vez, y perdió sólo por un punto. ¿De verdad lo escribieron? Quien lo hizo no sabe nada”. Amén.

Si bien el monumento a la ignorancia se levanta sobre el pedestal del atrevimiento, la impresión de un público masivo –y lego– sobre una pelea esperada con ansias de victoria cancelatoria, nocaut o nada, pueden haberse originado en la peculiaridad misma del combate.

Esta primera defensa del título no fue una pelea. Fue una cacería. El espíritu de lucha e instinto depredador de Kina –sin este, un boxeador mejor debería dedicarse a las manualidades– no le dejó a Dos Santos más que dos opciones: el contragolpe y el aguante. En el primero demostró habilidad mas no contundencia, En el segundo estuvo bajo el amparo de Nosso Senhor do Bonfim, milagroso patrón de Bahía. Dos Santos dejó en el ring un inmenso valor, además del imposible estructural de dos piernitas de pájaro verdaderamente antisísmicas. La Leoparda, fierita de apenas 19 años, sacaba sus garras de vez en cuando, y en más de una oportunidad le llegó a la cara de Kina. Pero lo mismo daba. La cazadora no iba a dejar su presa.

El coliseo Dibós era una excitada y feliz olla a presión, hasta el clímax, cuasi interruptus, del séptimo round.

El Preámbulo

El calentamiento global del recinto tuvo excelente combustible en las performances tanto de Jonathan El Depredador Maicelo como de Carlos Mina Zambrano . El primero pudo finalmente demostrar en televisión en vivo y en directo, y ante auditorio lleno, su virtuosismo achorado. Chalaco tenía que ser, Maicelo guapeó y jugueteó con el mexicano Javier Gallegos, porcino no por la gripe sino por su constante incursión en la pelea sucia. Más que paquete, tamal, Gallegos asimiló ganchos y rectos con absorbente estoicismo, devolviendo desordenados brazadas al aire pues la salsera cintura de Maicelo ya estaba en otro espacio-tiempo histórico. El peruano ganó por decisión unánime con flow y esquina.

Igual pero diferente, Carlos “Mina” Zambrano se reivindicó con la afición (regresó de los EE.UU., donde se quedó al viajar con una delegación peruana). Dio una muestra exquisita de prolijidad y eficiencia. Un box limpio, preciso, sin nada que sobre ni falte, acompañado de una personalidad sobria y austera, la antípoda del achori Maicelo. Noquéo al brasilero Carlos de Jesús en expeditivos tres rounds. Ya los conoce medio país. Solo faltaba la llegada de la locomotora Kina para que les abra el camino a los medios, públicos y oportunidades que hace rato se merecen.

El Respetable

El ambiente en el Dibós era inusitadamenente perfecto. Buenas ondas y sólido apoyo para todos los boxeadores nacionales, no solo para Kina. Y lo más extraño de todo, era un público con opción de celebrar triunfos, hábito perdido desde las eliminatorias de México ’70. Además era un público justo. Se autorreguló en innecesarias pifias al himno brasilero, a la vez que se moderó en torno a comentarios racistas o despreciativos hacia Halana. (Salvo aquello de “Kina, has seco de gato!”, en alusión a la gatita de sofá). Un producido Elejalder Godos le puso a la noche el toque de versión Las Vegas, presentador correcto pero tan nervioso como cuando entrevistara a la Cicciolina en el Mundial de Italia ’90 y la actriz porno que se presentaba con una boa le agarrara la pierna cual si fuera ídem. Godos, haciendo tiempo, presentó a algunas de las personalidades asistentes al evento. Ovaciones para Paolo Guerrero, el alcalde Alberto Tejada y el luchador Miki Rospigliosi. Sendas pifias para Alamo Pérez Luna y el alcalde Luis Castañeda. Que suban al ring, gritó un lúcido inoportuno de aquellos.

El Séptimo Round

Pero la ferocidad de Kina no estaba sola. Un privilegiado jab y estupendo juego de piernas al retirarse luego de cada ataque, la mantenía lejos de los pocos arrestos de Dos Santos. Asimismo, veloz y poderosa combinación de golpes daban cuenta de una base técnica sólidamente instalada en la matriz boxística de la peruana. Lo que sucede es que cuando Kina se faja –que es casi toda la pelea– se va para adelante como un tren, descuidando la guardia y subordinando la técnica a su empuje. Le funciona.. Cuando con el tiempo module, calibre y encuentre el justo medio entre estos dos factores, su boxeo será maestro. Kina es relativamente nueva en el deporte, por lo que ese futuro existe.

Al quinto round Malpartida ya le había doblado el brazo a Dos Santos. La Leoparda ya era Hello Kitty y solo reculaba buscando cuerdas para parapetarse, amarrar y contar los segundos a ver si así pasaban más rápido. Su guardia había sido demolida, y es impresionante que la brasileña no haya sido convocada por Newton durante ese huayco de golpes. Sabiéndose perdedora, Halana recién mostró tardía iniciativa al comenzar el séptimo asalto. Con una fajadora como Kina, ese tipo de actitud suele equivaler a querer apagar un incendio con gasolina. A la Malpartida le interesaba un nabo encurtido, a propósito del chifa posterior, recibir golpe si es que eso significaba encimar a su rival. Y así, tras metralla a la zona baja con súbitos cambios al rostro, ganchos y demás combinaciones, le calzó el guantazo aquel en la mandíbula que la dejó inerme, absolutamente indefensa para un remate que hubiera sido cruel y ventajista. El árbitro portorriqueño Roberto Ramírez se percató de aquello y aplicó el knockout técnico a la letra: potestad del árbitro de suspender la pelea cuando decide que un boxeador no puede continuarla al encontrarse en condiciones inferiores a su rival. Halana estaba de pie, pero ya había sido cazada. El knockout, la pérdida de conocimiento al girar el cráneo más rápido que el cerebro, generando un choque entre ambos, es el clímax máximo del box, pero sacrificar a una atleta de 19 años por una sobredemanda de adrenalina hubiera sido grotesco. O posible daño cerebral. Una campeona como Kina no necesitaba de eso. La pelea ya estaba ganada.

Por si quedaban dudas, un gesto final, en caliente, del lado rival, zanjó el debate. El propio entrenador de la brasilera, Edson Díaz, luego del veredicto y el pica pica, se acercó sobre el mismo ring para felicitar a Kina. Tal camaradería es normal en el box. Lo inusual es que cogió el brazo derecho de la peruana, el mismo que había zumbado a su pupila, y cogiéndolo de la muñeca estampó delicadamente un beso sobre el áspero guante de cuero dentro del cual había una mano de mujer. Campeona, así nos tienes.


 


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