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Actualidad Tras 3 días de bloqueo de la Carretera Central, crisis minera da un giro inesperado.

La Oroya Se Abre Paso

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Trabajadores bloquearon la Carretera Central a la altura de La Oroya. Presidente regional Vladimiro Huaroc denuncia que el Sutep de Huaynalaya y el etnocacerismo azuza las protestas desde hace meses.

Esto cuesta tiempo. ¿Y mientras tanto qué hay del estómago? ¿Quién para la olla?”. Las gráficas preguntas de Roiberto Guzmán, secretario general de los trabajadores metalúrgicos de La Oroya, reflejaban no solamente la complejidad de la situación, sino también la sorpresa ante la opción que se discutía en el salón del Ministerio de Energía y Minas.

Frente al fracaso de las negociaciones con la empresa Doe Run, emergía como nítida posibilidad que los trabajadores tomen la administración judicial de la refinería. Y lo más asombroso es que las demás partes involucradas, el gobierno y los proveedores, pudieran mostrarse de acuerdo con la figura.

“Esto es un cambio de casete completo, señor”, intentó explicarle, un tanto perplejo, el congresista Jorge del Castillo. “Usted pasa de ser trabajador dependiente a ser dueño. Es un cambio revolucionario el que se está dando”. El ministro Pedro Sánchez y el presidente regional Vladimiro Huaroc asentían.

El secretario general de la Federación de Trabajadores Mineros del complejo, Luis Castillo, salió de su estupor y la agarró al vuelo. “Esta fecha va a ser histórica para los trabajadores y el gobierno”, dijo invitando a los demás a batir palmas. “Si la administración es nuestra, ¿quién nos va a botar, pues?”.

“Este es un momento distinto a lo que uno está acostumbrado a escuchar”, comentó con la voz quebrada otro sorprendido dirigente.

Guzmán no se dejaba amilanar. “De repente peco de ignorante”, reconoció. “Pero, ¿cómo voy a explicarle a mi masa la situación?”.

Era el mediodía del martes 23 y más de tres mil trabajadores tenían bloqueada la entrada a la Carretera Central luego de haber sido mandados a sus casas de vacaciones forzadas. El sueldo de junio y la gratificación fueron garantizados pero a partir de julio sólo percibirían la mitad de la remuneración. Huaroc explicó que la presencia de elementos del Sutep afines al radical Robert Huaynalaya azuzaban la protesta de los mineros, como también ocurrió en Andahuaylas. El presidente regional también advierte que el etnocacerismo afín a los Humala es un elemento clave para entender por qué los ánimos se caldearon al extremo.

Cuando terminó la reunión, los doce trabajadores que representaban a cuatro sindicatos se pusieron al unísono de pie para volver a La Oroya e intentar convencer a los mineros. Esa medianoche comunicaron su decisión de levantar las medidas de fuerza.

“¡Bingo!”, exclamó Del Castillo.

Que los trabajadores presentaran una demanda de medida cautelar para asumir el control de la empresa era el escenario ideal vislumbrado por los sindicatos. Huaroc propuso cuatro semanas atrás una solución similar al premier Yehude Simon y no obtuvo respuesta. Desde unos días atrás era parte de la baraja contemplada por Del Castillo. Pero un día antes, el lunes 22, dejó de mirarse desde lejos.

“He terminado con ustedes”, le dijo el congresista al presidente de Doe Run, Bruce Neil, que le había comunicado la última propuesta de salvataje del dueño de la empresa, el multimillonario Ira Rennert. Del Castillo, nominado como mediador entre las partes, había dejado en claro que La Oroya requería de US$ 55 millones de capital fresco, sumados a los US$ 18 millones de la ejecución de dos cartas fianzas, para reiniciar sus labores. Esta inyección de dinero era lo mínimo requerido para poner de nuevo en marcha el Programa de Adecuación Medio Ambiental (PAMA) y recuperar la confianza de los acreedores que le proporcionan mineral a la refinería. El anterior ofrecimiento de Rennert era de US$ 30 millones, más la ejecución de las cartas fianza (CARETAS 2083).

La crisis de La Oroya fue precipitada por la suspensión de un crédito revolvente bancario el pasado marzo. La refinería no cuenta con capital propio y dependía del crédito para pagar la planilla. A ello se suma una deuda de US$ 110 millones mantenida con los proveedores y traders que venden los concentrados refinados en La Oroya.

Las negociaciones entre las partes concluyeron en abril pasado con la siguiente fórmula: Doe Run se comprometía a convertir en capitalización una “deuda” de US$ 146 millones que la filial local de la empresa tenía con la matriz estadounidense, aunque en la práctica solo funciona en el Perú, y daba en prenda al Estado el total de sus acciones para garantizar el vital cumplimiento del PAMA que vence en octubre de este año luego de haber sido prorrogado en dos oportunidades. La Oroya tiene el triste honor de estar entre las diez ciudades más polucionadas del mundo. A cambio, los traders y proveedores se encargaban de armar y garantizar un nuevo esquema crediticio, tanto con los bancos como a través de los minerales que le permiten funcionar a la empresa.

Pero Rennert no honró los compromisos. Exigía que el gobierno prorrogue de nuevo el PAMA para luego cumplir con su parte. Desde el lado del gobierno y los acreedores la confianza se había deteriorado a tal punto que sin una muestra de buena voluntad no podía darse el trato. Rennert, a su vez, temía perder la empresa si el Estado ejecutaba las condiciones del PAMA o los acreedores llevaban el caso a Indecopi. Los últimos firmaron un compromiso en el que negaban tal posibilidad. El documento también descartaba que alguno intentara comprar la empresa, al menos en los próximos cuatro años.

Durante la reunión del lunes, Neil no solo no respondió a los requerimientos del gobierno, sino que cambió los términos iniciales de su propia propuesta. El dinero ofrecido por Rennert no iría al PAMA, como se daba por sentado, sino que sumaría capital de trabajo.

Se llegó al punto ciego en una negociación que, de por sí, ya era una caricatura. Rennert es propietario de la que es probablemente la mansión más grande de Estados Unidos, en los Hamptons. Hace algunos meses transó con el fisco estadounidense y le giró un cheque de casi US$ 2 millones para sanear impuestos impagos. Sus métodos empresariales incluyeron en el pasado forzar la quiebra de empresas mineras en ese país para plegarse a los beneficios de la bancarrota (CARETAS 2071). Su fortuna personal supera los US$ 500 millones pero tiene la costumbre de no invertir nada de ese capital en sus negocios, que funcionan con la liquidez del día a día.

El dinero, en cambio, parece servirse hasta en su vajilla. A finales del año pasado la pareja de empleados latinos que dirigían el batallón de empleados de su casa renunció a su trabajo luego de ganar US$ 65 millones en la lotería. Eso sí, les entregaron el cheque luego de que fueron deducidos US$ 25 millones en impuestos.

El récord de Doe Run, propietaria de La Oroya desde 1997, es tan calamitoso que no fue difícil alcanzar el indispensable consenso para que los trabajadores presenten la demanda. El ministro Pedro Sánchez afirmó en la reunión que “al menos ya no seguiremos hablando con un fantasma”.

Una estatización no era viable. Se especula que Rennert cuenta con millonarios seguros para salvar esa posibilidad y, de hecho, el TLC con Estados Unidos constituye un candado infranqueable en ese sentido. Rennert tendría las puertas abiertas para ganar el caso en tribunales internacionales como el Ciadi. Se descuenta que el Estado sí actuará a través de una dura sanción por el incumplimiento del PAMA.

Si la demanda es aceptada por el Poder Judicial, que es lo que cabe esperar, la nueva administración sentará sus reales en los próximos días. El gerente tendrá que ser una figura aceptada por los acreedores. El jefe de gabinete del ministro Sánchez, Carlos Centeno, comenzará a jugar en pared con el economista David Portugal, un peruano que recién vuelve de Estados Unidos, para establecer la hoja de ruta que permita a la empresa salir de este socavón financiero. La inédita pero lógica salida recién comienza su curso de acción. (Enrique Chávez)


 


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