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Internacional Los Kirchner pierden la mayoría parlamentaria en Argentina, que ve sus conflictos cada vez más agravados.

K-Put

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“Perdimos por un poquito”, intentó minimizar Néstor Kirchner. Su esposa, la presidenta Cristina pasó por un trago amargo.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. El viejo aforismo es uno de los elementos que explican la derrota de un crispado Néstor Kirchner –y de su esposa Cristina– dedicado a antagonizar a toda persona que opinara diferente a él en Argentina. En las elecciones parlamentarias del 28 de junio, el oficialismo cayó al 30% del electorado (del 45% con que fue elegida Cristina en octubre del 2007) y pierde la mayoría de que gozaba en ambas cámaras del Congreso: queda a 30 diputados y cinco senadores de la mayoría. Perdió, asimismo, en las principales plazas electorales argentinas: Capital Federal, y en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza y hasta en la provincia de Santa Cruz, feudo indisputado de los Kirchner por más de 20 años. La dimensión del fracaso provocó la inmediata renuncia de Néstor a la presidencia del Partido Justicialista.

En una campaña electoral polarizada por el propio Kirchner, el gobierno abusó de todos los recursos a su disposición para detender la caída que presentía pero que se negaba a reconocer. Las maniobras alcanzaron al avance de la fecha de las elecciones, que debían realizarse en octubre, a fin de reducir el impacto negativo de la crisis económica. El empleo de los recursos gubernamentales fue flagrante. La utilización de un juez para hostigar a De Narváez, primer candidato del sector disidente del peronismo en la provincia de Buenos Aires, terminó por beneficiarlo al convertirlo en víctima de otro manejo de Kirchner. Al final, De Narváez terminó derrotando a Kirchner en el centro de la hegemonía peronista.


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