Pérdidas
Jackson: Los Funerales del Rey del Pop
 |
Usher Raymond IV, más conocido como Usher, interpretó "Gone Too Soon" de Jackson en el funeral de Staples Center, Los Ángeles. No pudo terminar la canción sin dejar caer algunas lágrimas. |
Las entradas al último espectáculo de Michael Jackson volaron como en sus mejores tiempos. La reventa llegó hasta los US$ 10 mil. Comprensible, considerando los números alcanzados por el ídolo post mortem. Más de 400 mil discos vendidos solo en los Estados Unidos durante los primeros cuatro días posteriores a su muerte del pasado 25 de junio.
Más de 6 mil comentarios por minuto solo en la cuenta de Facebook de CNN. Un insondable mar de mensajes que casi hace colapsar Twitter. Los 8 primeros puestos del iTunes, los 10 lugares privilegiados de Amazon.com y más de 100 mil visitas de ventaja sobre cualquier competidor en Youtube. Miles de dólares ofrecidos en eBay por aparentes fruslerías como polos, pósters, tickets de conciertos y periódicos alusivos. US$ 1 millón pagados por dominios como www.michaeljacksonmemorial.com. Como si fueran los ochenta.
Por eso no sorprendieron los más de 700 mil asistentes a las exequias del músico, cada cual buscando hacerse de la mejor ubicación como en un concierto cualquiera. El resguardo de mil 400 policías, el acordonamiento de 300 metros a la redonda. Tampoco el muro de mensajes a Michael, con incontables flores y poemas. Hubo un féretro de US$ 25 mil en bronce bañado en oro de 14 kilates, con el interior de terciopelo azul. El mismo que cobijó el cuerpo de James Brown, el rey del soul. Los funerales fueron exagerados, obscenamente ostentosos. Como el propio Jackson pareció ser en vida.
No por justicia poética, claro. La presión de AEG Live fue grande. La empresa promotora se resistió a tirar al agua los US$ 30 millones invertidos en los 50 conatos de conciertos londinenses. Se estima que los réditos habrían sido de al menos US$ 85 millones. Los planes de AEG Live incluyen una seguidilla de discos con las más de 100 horas de grabación del ensayo final. Aunque suene a broma de mal gusto, AEG Live está presionando para que Michael Jackson saque un disco en vivo. El plan se superpone a los deseos de la Sony de publicar el vasto catálogo inédito de Jackson. Paralelamente, se discute la transformación del rancho Neverland en parque temático.
La despedida pública se realizó dos horas después de la ceremonia privada en el Forest Lawn Cemetery, camposanto ubicado en las colinas de Hollywood. Con la imagen de Jackson como fantasmático telón de fondo, Mariah Carey dio el do de bienvenida con el clásico “I’ll be there”. Las romerías convocaron astros de disímil brillo. Lionel Richie, Stevie Wonder, John Mayer, Usher, Jennifer Hudson y los basquetbolistas Magic Johnson y Kobe Bryant, por listar a los más notorios. Shaheen Jafargholi, alumno de 12 años, fue invitado por los deudos a cantar tras haber dado una buena impresión en el programa que descubrió a Susan Boyle, Britain’s Got Talent. Elizabeth Taylor, con ocho matrimonios a cuestas, dijo que no acudiría a ese circo. Quien lo bautizara como Rey del Pop, sin embargo, le tecleó su cariño a Jacko vía Twitter. Simultáneamente, decenas de páginas web recaudaban miles de dólares con solo albergar un espacio para los mensajes de despedida de los seguidores.
El énfasis de la ceremonia estuvo en la rutilante carrera y la encomiable labor social. El cantante Smokey Robinson leyó tributos escritos por Diana Ross y Nelson Mandela. El factor racial también fue subrayado por los presentes (Jackson conoció a Ross interpretando a un cuervo en The Wiz, versión afroamericana de El Mago de Oz). El cantante y bailarín Usher quebró su voz en pleno “Gone Too soon”. Y la aún atractiva Brooke Shields recordó los buenos momentos con su ex cita. El fundador de Motown Records, Berry Gordy, se encargó de opacar el brillo de 13 Grammys aludiendo a las “decisiones cuestionables” de su ex protegido. Complementó el gazapo llamándolo “el mayor artista que jamás vivió”. Hubo momentos de más brío. Michael Jackson hizo su primer milagro al juntar a sus hermanos, todos cargando su ataúd. Cada uno con un guante de lentejuelas en una mano. Con la mano libre, las disputas y mentadas continúan. Pero el momento lacrimógeno lo protagonizaron los tres hijos de Jackson. Prince Michael de 12, Paris de 11 y Prince Michael II de 7 años cerraron el ciclo de performances. Llorando, Paris declaró su amor por su atacado padre. El adiós final no pudo ser con otra canción que la benéfica “We are the world”. La consigna de la ceremonia pública fue limpiarle la cara al malogrado músico.
Aún sin cifras oficiales, es de prever que los funerales de Jacko hayan superado en rating y afluencia las despedidas a su suegro Elvis Presley en Memphis, las exequias neoyorquinas de Judy Garland, la vigilia por John Lennon en Central Park, la muerte de Juan Pablo II y las romerías mediáticas de la princesa Diana en el ’97. La inscripción de 1.6 millones de personas en la lotería online de las entradas son un augurio.
Pero el lado excéntrico viene acompañado de un halo de misterio. Las cadenas serias y las no tanto han lanzado una andanada de noticias en torno al entierro. Se asegura que el cuerpo embalsamado de Jackson no estará enterrado en el cementerio Forest Lawn. La ceremonia como mero distractivo es la consigna de medios como el que dio la primicia de la muerte del divo, TMZ. En el segundo grupo, The Sun lidera los rumores sobre los resultados de la segunda autopsia: pinchazos en la espalda, moretones en las rodillas y solo pastillas en el estómago. El mito persiste más allá de la muerte gracias a la numerología, cortesía de TMZ: el sétimo de nueve hermanos, firmó su testamento el 2 de julio (sétimo mes) del 2007. Tuvo 7 éxitos con cada uno de sus álbumes Thriller, Bad y Dangerous, respectivamente. Michael Jackson –siete letras en nombre y apellido– falleció el 25 de junio (2 + 5) y se despidió de la industria en apoteósico funeral llevado a cabo el martes 7 de julio. Dos horas de música, llantos y cantos. Finalmente, la letanía del público. El grito de notevayas al unísono. Igual que cuando daba un concierto. (Carlos Cabanillas)