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Personajes Superando dolencia cardíaca y estrenando beca Guggenheim, el vate huaracino recibe máximo homenaje en la Feria del Libro.

Rodolfo Hinostroza: Parnaso con Marcapaso

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Cuentos Incompletos se presenta en la Feria el 2 de agosto a las 8.30 p.m. El homenaje se realizará el 30 de julio a las 7.00 p.m.

El nombre de la calle es más que providencial: El Milagro. Allí, en su casa del distrito de Surco, el poeta Rodolfo Hinostroza habita con su voz de garraspera, una feroz arritmia recién domada, y un nuevo proyecto al acecho: el poemario Dioses. Principal homenajeado de la próxima Feria del Libro, Hinostroza es una de las voces esenciales de la generación poética del 60. Entusiasta gastrónomo y astrólogo hasta ganarse el apodo de “gastrólogo”, el vate huaracino presentará también en la Feria el libro Cuentos Incompletos, tomo inaugural de la Biblioteca Rodolfo Hinostroza que Lustra Editores continuará con la publicación de sus obras de teatro, novelas y poesía completa. Mientras tanto, con dioses y astros a su favor, Hinostroza alista el relanzamiento de su legendario Astrocentro, donde ofrecerá al público cartas astrales y, si hay suerte, un verso de yapa.

–Hace cinco años te definías como un animal de letras que constantemente intentaba cruzar los límites de la palabra. ¿Cuáles son esos límites ahora?
–Cuando a uno lo encasillan como poeta, trasgredir los límites significa meterse en un terreno que se supone que no conoce. Yo me siento cómodo con la palabra en general. Es como si hubiera nacido en un caldo de palabras. En México sacaron una antología de mi obra literaria, a la que titulé La Extensión de la Palabra, porque mi máxima ambición es trabajar en toda su extensión, en todos los ámbitos y géneros. Ahora estoy haciendo una cuarta comedia, sobre los amores locos de Dora Mayer con Pedro Zulen, colaboradores de Mariátegui.

–¿Y has pensado en algún director para esta pieza?
–En el Perú no hay directores con sello propio, grandes artífices como Peter Brook, que hacía de cada obra una creación memorable. Ningún director nacional tiene esa envergadura, para poderlo elegir por su poética. Entonces no me entusiasma la escena teatral peruana, que no es mala, sino mediocre, que es peor.

–¿Qué te entusiasma?
–Son cosas que vienen por épocas. Yo mismo pongo de moda una cosa en mi mente. Durante más de veinte años me entusiasmó la cocina y me dediqué a una cruzada por la gastronomía en la cual CARETAS apoyó muchísimo. Ahora estoy metido en un proyecto que es el que voy a trabajar con la beca Guggenheim. Fíjate que hace 35 años también me presenté a esta beca, y me apoyaron cuatro grandes escritores, dos de ellos ganaron el Premio Nobel, Octavio Paz, García Márquez, Vargas Llosa y Juan Goytisolo, pero ni con esa constelación de luminarias me gané el Nobel... quiero decir, la Guggenheim.

–Ya piensas en el Nobel.
–Ja ja ja. Qué buen lapsus, ¿no? El Nobel está fuera de mis expectativas, pero no lo descarto. Los escritores tenemos ese fantasma sobre nuestras cabezas. Es la máxima consagración. Aquel que diga que no, le falta ambición para este negocio. Bueno, y para la Guggenheim presenté como proyecto un libro de poemas, que se llama Dioses, y donde trato de la relación del hombre con los dioses de toda época. Como todos aquí, yo fui cristiano, luego ateo, y ahora politeísta.

–Te sentirás poderosísimo con tanto dios.
–Trato de adentrarme en la naturaleza divina, es maravilloso tenerlos en la mente por lo menos. El monoteísmo es lo que liquidó a todos estos grandes dioses que no merecían tal cosa. No se puede eliminar a un dios como Apolo, por ejemplo, el patrón de las nueve musas. ¿Cómo puedes colocar a Yahvé en su lugar? Me parece absurdo.

–De tu altar infinito, ¿cuál sería el dios más excéntrico?
–Krishna, el dios que se marihuaneaba. Hay dioses excesivos.

–Y apartándonos de los dioses, pienso en lo que dijeras hace veinte años sobre la irritación que te causaba el desorden del Perú. ¿Lo sigues percibiendo igual?
–Entonces, cuando regresé de Europa, me la pasaba renegando de tanto abuso, y empecé a escribir una columna en La República, hasta que me aburrí y me resigné a que yo no iba a cambiar las cosas.

–¿Se te acabó la bilis o te ahogaste en ella?
–Ahora me siento más instalado en mi obra y la sociedad peruana, pero eso no quiere decir que la acepte como está. Lo que más me jode es la impunidad. Que suelten a Rómulo León, por ejemplo. Y la impunidad de que una serie de bestias peludas te atropellan y no pase nada. Injusticia hay en todas partes, pero no la impunidad que hay aquí.

–Ahora bien, eres el principal homenajeado de la Feria. Eso te confiere ya casi aroma a santidad.
–Bueno, digamos que en el relevo generacional los del sesenta estamos bien situados para que nos homenajeen ahora. Lo que me daría miedo es que me homenajeen por estar con un pie en la otra. Hace poco me operaron del corazón, por una arritmia cardíaca, pero eso no es mortal. Me pusieron un marcapasos y me siento mucho mejor. Ahora soy un poeta biónico. (Entrevista: Maribel de Paz)


 


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