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Policiales La pinta de Jorge Luis Glenny Ponce (22) camuflaba a un asesino. Marco Antonio Gallego se enteró demasiado tarde.

Porte y Confesión

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Glenny Ponce durante su carrera de modelo auspiciada por Marco Antonio. Según modificación del Código Penal, podría recibir Cadena Perpetua.

Sex Instructor: First Lesson Free, rezaba en macabro sarcasmo anglosajón el polo azul que Jorge Luis Glenny Ponce, 22 años, vestía al tomar asiento en las oficinas del grupo 5 de la División de Homicidios la tarde del martes 14. “¿Esta es la laptop que robaron de la casa de Marco Antonio?”, preguntó un agente.

“Sí, es la que vendimos a Orlando Marchand Luján”, contestó suelto de huesos Glenny Ponce. La computadora portátil marca Compac, ubicada en La Cachina, pertenecía al estilista más famoso del Perú, Marco Antonio Gallego Gonzales (43). Este, nacido en el barrio de Monserrat, ex mochilero, ex estudiante de Medicina y siempre cascabel, había llegado a ser considerado el Rey Midas de las peluquerías al consolidar su nombre como una marca y garantía de venta. Su próximo reto, ya pronto, era abrir una peluquería en China. No todas las peluquerías eran suyas, vivía de las franquicias por usar su nombre y contar con su asesoría. Un instinto innato para el marqueteo, junto a su natural carisma y solidario espíritu, le habría franqueado el camino al éxito y al reconocimiento. Del callejón de Monserrat ahora había llegado a la primera cuadra de Choquehuanca, en San Isidro. Su última morada.

Siempre Fue Un Sospechoso

Glenny Ponce había sido el principal sospechoso desde un primer momento. Desde que familiares y amigos oyeron las descripciones de los sospechosos pensaron que uno de ellos era él. Ponce fue detenido por la Policía, en las intersecciones de las avenidas Bertello y Canta, Callao, del puerto chalaco la mañana del lunes 13. Llevaba 20 quetes de pasta básica de cocacína consigo. La Policía lo venía siguiendo desde hace dos días, aguardando que tomara contacto con otros presuntos cómplices del homicidio: Miguel Angel Velázquez Zarazu (24), alias “Pachón” y Antonio Pacheco Huamanchumo (19) “Jordán”. “Pachón” vivía en la casa de la madre del desaparecido delincuente Jorge Salas Arméstar “Pucho”, pues era su tía. Glenny Ponce mantenía una relación sentimental con ella. Hacía poco Ponce había estado compartiendo una parrillada con la familia de su víctima, incluida la madre de Marco Antonio, en esa casa cerca del Olivar.

Confesión De Un Señuelo

Ante las evidencias Glenny Ponce se quebró pronto en el interrogatorio. El robo había sido planeado una semana antes, según fluía en el descarnado relato: “El plan era robar la casa y no matarlo. Yo era el ‘señuelo’. Como yo lo conocía tenía que llamarlo por teléfono y citarnos en su casa. Mientras lo distraía en su dormitorio, Velázquez entraba a la casa y robaba sin que se diera cuenta. Pero lamentablemente no ocurrió eso. Marco Antonio me recibió muy cariñoso, como siempre. Conversamos un rato en la sala haciéndonos caricias y vimos televisión. Hasta que Marco Antonio me dijo que fuese a comprar comida. Comimos y tomamos gaseosa. Luego subimos al dormitorio del segundo piso. Allí recibí una llamada telefónica de Miguel, quien me increpó diciéndome a qué hora iba a abrir la puerta. Para que Marco Antonio no escuchara la conversación bajé hacia la sala. Allí aproveché para abrir la puerta de la casa. Luego subí. ¿Por qué te demoraste?, me preguntó Marco. Me llamó mi mujer diciéndome que mi hijo está mal, contesté. Pero Marco Antonio estaba saltón. Salió por la ventana a ver si había algo sospechoso, pero no me decía nada. En esas estábamos hasta que Marco Antonio optó por bajar a la sala. Yo intenté impedirlo, pero él me dijo: ¡suéltame, escucho bulla abajo!

Allí sorprendió a Miguel Velázquez dentro de la sala.

¡Malditos, han venido a robarme!, gritó. Ante eso con mi brazo apreté su cuello, mientras que Miguel lo golpeó en el estómago. Yo seguí apretando hasta que cayó desvanecido. Allí lo reducimos. Miguel Ángel le metió un trapo en la boca y ambos le amarramos las manos y pies con los cables de la laptop. Luego lo ahorqué con el polo de la U y lo asfixié con una bolsa. Cogimos 5 relojes, una laptop, los dos celulares, ropas de vestir y 15 mil soles. Después salimos con dos bolsas cada uno y llamamos a ‘Jordán’ para que nos recogiera. Nos fuimos con su tico rumbo a Pando como a las 1 de la madrugada. Ellos se encargaron de vender las cosas y a mí me dieron 1,500 nuevos soles. El dinero nos repartimos a cinco mil soles cada uno”. Casi siete horas tomó este relato macabro.

Vida Intensa, Triste Final

Marco Antonio conoció a Glenny Ponce en el verano del 2007 en la discoteca open minded Sagitario del Centro de Lima. Quedó prendado de su juventud, 20 años, y atractiva apariencia. Lo llevó a trabajar a su peluquería de Camino Real, donde lo presentó como un asistente personal. Después lo promocionó como modelo, hasta que descubrió que “Papi” –así lo llamaba– lo había traicionado con una mujer. La relación entre ambos se truncó. Marco Antonio, quien confesara públicamente su homosexualidad, llegó a casarse con el colombiano Omar Blanco. Éste dijo que ni casado Gallego dejaba de ser un picaflor. Con su última pareja oficial, Raúl Bravo, decía mantener “una relación abierta”. El “Rey de las tijeras”, talentoso estilista y hombre de negocios, caritativo impulsor de “Cabellos por la Vida” (confección de pelucas para enfermas de cáncer), tenía una debilidad temeraria. Sus conquistas ocasionales, muchachitos de orígenes humildes y aspecto de pasarela, tenían hambre de vida fashion y de dinero fácil, y veían en él a un botín. “Eso lo llevó a la muerte”, concluyó uno de los policías que lidió con el modelo asesino del que fue su descubridor e incauto amante. (A. A.)

Amarillo Rosa


La comunidad lgbt –lesbiana, gay, bisexual y transgénero– ha quedado alertada. No solo se les segrega a través del tamiz racial, demográfico y económico. También influye si el gay está vivo o muerto. No es novedad sino constatación. Veinticuatro muertes entre el 2006 y el 2007 según el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL). Seis tan solo, contando los últimos dos meses. Todas con la opción sexual como móvil. Jorge Alberto Chávez, directivo del MHOL y del portal www.diariodelimagay.com, hilvanó las perlas encontradas en televisión y tabloides. La alusión a un “castigo” que justifica la paliza. La reducción de la idiosincrasia al carácter “festivo”. La descripción de la muerte “boca abajo” del estilista. La tipificación de los “celos homosexuales” (sic). La insistencia en sacar del armario a los muertos (Abencia Meza solo salió del clóset cuando encontró dentro un cadáver). La doble vara para medir el glamoroso mundo del modelaje frente al aguerrido arenal del folclor (ver la delicada cobertura a la salida del clóset de la periodista María Luisa del Río). Pero sobre todo la presunción de promiscuidad. Como si ésta fuera un atributo intrínseco a la opción sexual. Como si ésta le importara a alguien.

El tema de fondo son los crímenes comunes, cada vez más comunes en las calles. A nadie le sorprende que Abencia Meza cargue una pistola. No son cortinas, sino señales de humo. Algo se quema. (C.C.)


 


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