Pérdidas Micky Rospigliosi, la voz del periodismo deportivo peruano.
Una Ovación Para Micky
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Salto al pasado o a un tiempo pre-cable o pre-internet. La voz importaba tanto como la imagen. Escuchar la radio era ver un partido de fútbol. La polifonía más parecida a la épica la ofrecía radio Ovación. La vibrante voz de Micky Rospigliosi era el partido. Narrado por él, un Alianza Lima-SIPESA se asemejaba a un Arsenal-Manchester United. La multiplicidad de voces del equipo de Micky alcanzaba ribetes cinematográficos con los distintos puntos de vista: la entonación gruesa y con clase de Mario Grau, la sabiduría de don Enrique Valdez, los comentarios con autoridad de la gloria pelotera Máximo Vides Mosquera, o el trabajo de hormiga desde el campo de Freddy Lazo Tincopa. La voz de Micky los comandaba. Hacia ella se dirigía el punto focal auditivo de las masas, refrendando el eslogan de “Un Perú en sintonía”. Entre los pocos periodistas radiales que asemejaban tal embriaguez desde la garganta estaba Litman Gallo “Gallito”, célebre por conducir el programa más mentado, merced a la incesante interacción telefónica con los radioyentes, quienes se complacían en mencionar de manera cariñosa pero contundente a la progenitora de Litman.
Litman empezó en periodismo bajo la jefatura de Pocho Rospigliosi, el papá de Micky. En los 50’s, Pocho era el jefe de deportes del diario La tercera, al que El Bocón o Líbero le deben todo. Pocho creó revistas como Gol, Campeón, DT, hasta que en 1964 revolucionó la radio con Ovación. Fue el pionero en confluir periodismo y publicidad con ingenio. Eslóganes del tipo “Esa pregunta no se pregunta, Rayovac es la pila” se filtraban en los relatos.
Pocho indujo a Micky en los medios, pero Micky nació para la radio, más que para la TV o la prensa. Hipnotizó a generaciones de oyentes. Y subió los decibeles, oponiéndose abiertamente a quien se sentara en el sillón de la Federación Peruana de Fútbol. No tenía miedo en exhibirse. Un personaje público, nunca más literal el adjetivo, incluso en sus conocidos reveses de los últimos años. Salsero irredento, tuvo su revancha bailando para la conductora Gisela Valcárcel. También estrenó web (mickyrospigliosi.com), donde recuerda la muerte de su papá Pocho.
Ya físicamente disminuido, Micky tampoco parecía temeroso al exponer a las cámaras su odisea del cáncer al colon, salvo en la fase terminal, tras recibir los santos óleos.
No más pastillas (llegaban a 22 al día), sedantes y quimioterapias. No más ruidos criminales procedentes del tráfico de las avenidas Aviación y Angamos, que llegaban al sexto piso del hospital Neoplásicas y lo torturaban tanto como los dolores del cuerpo. Tras visitar su hijo Franco en Chile y rodeado de su novia y familiares, lo esperan Pocho y su hermano Juan Carlos. Y una ovación. (JT)