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Música Bajo la dirección del renombrado Miguel Harth-Bedoya, la historia del épico rescate de la Sinfonía Junín y Ayacucho: 1824.

Batuta Heroica

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Harth-Bedoya, director de la casa editora Filarmonika y de la destacada Sinfónica de Fort Worth, se ha propuesto recuperar del olvido la música clásica peruana.

Hace 38 años fue compuesta la Sinfonía Junín y Ayacucho: 1824 por el maestro Enrique Iturriaga. Era el año 1971 cuando fue convocado un concurso musical para conmemorar el Sesquicentenario de las Batallas de Junín y Ayacucho, donde las bases establecían la composición de una sinfonía a la manera clásica, en cuatro movimientos, que además debería tener como uno de sus elementos constitutivos a nuestro Himno Nacional. El ganador fue el maestro Iturriaga, quien terminaba imponiéndose no sólo a otros brillantes compositores contemporáneos sino además al reto de incorporar el Himno Nacional en una composición de por sí compleja como es una sinfonía.

El premio fue entregado y la obra grabada en versión de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Armando Sánchez Málaga, que hoy muy pocos deben tener en su colección discográfica. La Sinfonía Junín y Ayacucho: 1824 que presenta CARETAS en esta edición indispensable en los hogares peruanos, es la suma de un conjunto de coincidencias y voluntades. En primer lugar, la voluntad del maestro Iturriaga en llevar adelante un propósito musicalmente complejo en una versión inmejorable como la que dirige nuestro compatriota Miguel Harth-Bedoya, el segundo artífice de este suceso.

Si la longevidad no es en sí misma un mérito, sí lo es la integridad con que se labra cada peldaño de vida y se renueva el entusiasmo por conocer algo con la misma buena fe de la juventud. Iturriaga encarna al maestro que no abandona su condición de estudiante; basta ver cómo sigue subrayando sus viejos textos de contrapunto mientras asiste cada jueves a dictar sus impostergables clases en el Conservatorio Nacional de Música, tal como en los últimos 60 años de su vida.

Y este mismo espíritu tenaz es el que representa el director peruano Miguel Harth-Bedoya –alumno de Iturriaga en los comienzos de su formación musical– y Director Titular desde hace casi una década de la Orquesta Sinfónica de Fort Worth, la que ha experimentado probablemente el desarrollo más notable en EE.UU., de la mano de Harth-Bedoya, hasta convertirla en una de las más prestigiosas de ese país, tal como la crítica expresa de manera cada vez más unánime.

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La sinfonía de Iturriaga llega en inmejorable versión de Harth-Bedoya.

Desde hace un par de años él combina su trabajo como director de orquesta viajando por todo el mundo, con el proyecto de edición y publicación de la obra académica de nuestros compositores, pues el estado físico en que se conservan estas partituras pone en peligro no solo la posibilidad de ser incluidas en el repertorio de cualquier orquesta mundial, sino además su existencia misma, pues en muchos casos se trata de obras de las que no existe más que un ejemplar manuscrito.

Recientemente la obra completa del maestro Iturriaga ha sido publicada por Filarmonika, la casa editora que preside Harth-Bedoya. Como parte de este feliz propósito fue posible invitar al maestro Iturriaga a Fort Worth, Texas, al estreno de su Sinfonía en un país que no fuera el Perú, suceso que ocurrió en octubre del año pasado y del que se hizo una grabación en vivo, que es la que presenta CARETAS en esta edición. Y esta invitación pudo repetirse en abril de este año, cuando don Enrique viajó invitado esta vez a Madrid, para la ejecución de su Sinfonía por la Orquesta Nacional de España, un suceso histórico inestimable, pues esta obra conmemora justamente el retiro de las tropas ibéricas y la posibilidad de iniciar una vida republicana independiente.

El cuarto movimiento de esta sinfonía representa el espíritu celebratorio de la Independencia, donde la épica narrativa de las batallas que aparece en los movimientos anteriores, cede ante la grandeza del tema final que tejido con el Himno Nacional, anuncia el nacimiento de un nuevo tiempo para los peruanos. La Sinfonía adquiere entonces la cúspide que corona todos sus movimientos precedentes, y entrega a los oyentes un entusiasmo que contagia el sueño de construir un país fraterno sobre las bases de su mestizaje y su antigua historia. Tal vez el arte haga lo que la política imagina. (Marino Martínez Espinoza*)

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*Director de investigación de la casa editora Filarmonika.


 


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