Actualidad Discurso presidencial apostó por un mayor gasto en medio de la explosión de expectativas.
Mensaje a la Nación: El Apretón Del Cuarto Año
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El presidente Alan García invocó la necesidad de imponer “orden democrático”. |
El presidente Alan García preparó su discurso de 28 de julio como pocas veces. El miércoles 22 se pasó buena parte del Consejo de Ministros comentando el que sería su contenido. Pero el planeamiento se prolongó durante el fin de semana y a quienes conocen sus métodos de trabajo llamó la atención que su secretaria, Mirtha Cunza, fuera a trabajar todo el fin de semana, lo que indica que incluso el domingo 26 y el lunes 27 García todavía afinaba su intervención.
Como en los años anteriores, insistió en enunciar una larga y reiterativa lista de obras que, aunque valiosas, prolongó el discurso de manera innecesaria. En tiempos de internet, frases de titular y escasa capacidad de concentración, un discurso de casi una hora y cuarenta minutos equivale casi a una eternidad. Más cuando el García presidente no es el candidato todavía capaz de involucrar a su auditorio ni tampoco favorece la oratoria intensa de su primer mandato.
Pero el mandatario considera que un discurso de menor duración no estaría a la altura de las circunstancias.
Y al comenzar el cuarto año de gestión, cuando los gobiernos en el Perú suelen ir por el declive popular, García atraviesa una etapa especialmente difícil. Su inicial llamado a la confianza, la recuperación de la autoestima y el optimismo estaba cantado (CARETAS 2088). “He querido sacudir las energías positivas del pueblo”, exclamó. “Que no nos ganen. Si eso a veces parece intolerancia, dureza o lejanía a algunos, les pido disculpas a quienes así lo sienten, pero estamos en medio de una batalla y debemos ganarla”.
La sombra de Bagua se tendió sobre el discurso y todas las figuras del gobierno consultadas coinciden en que los muertos del 5 de junio tocaron una fibra particularmente sensible. Como resultado, García terminó, en argot musical, con un mensaje allegro, optimista y vivo, pero también andante, moderadamente lento. Una traducción a la peruana podría añadir que el andante caminó en un gesto inusual por todo el hemiciclo para saludar a tirios y troyanos.
PARA UN MINISTRO, Bagua puso en el centro del escenario al tercio de la población al que no le toca nada en el modelo de desarrollo propuesto por el gobierno. Además de exigir que se acelere la ejecución del fondo minero, en el que quedan US$ 1,100 millones, y volver a la figura de impuestos por obras, García propuso “dar más participación directa al pueblo; el pueblo propone pero no ejecuta, debemos darle participación en la ejecución de las obras, y en el uso de los recursos. Cada comunidad nativa que esté en la zona de la explotación del gas y del petróleo debe ser un Núcleo Ejecutor de sus obras que reciba directamente el dinero para que no se quede en las ciudades, en burocracia o en proyectos urbanos, eso, eso acercará la riqueza de los recursos naturales a los más humildes en la Amazonía y en la Sierra”.
La propuesta recordó al programa de Cooperación Popular y los Núcleos de Ejecución Juvenil del gobierno acciopopulista. “Para desgracia de los belaundistas, García es el mejor discípulo de Fernando Belaunde”, ironiza el mencionado ministro.
El de hoy, sin embargo, es otro país. El congresista Jorge del Castillo aludió a las experiencias de Foncodes y el Plan de Reparaciones Colectivas a las comunidades afectadas por el terrorismo, donde los proyectos de cien mil soles han beneficiado a cientos de localidades, sobre todo altoandinas, que sufrieron por la violencia y que hoy, cuando les queda todo por hacer, suelen decidirse por el anhelado local comunal o proyectos productivos de crianza de truchas, mejoramiento de riego y ganado.
Fue uno de los apartes más audaces del discurso, precipitado por la paradoja que García ya advertía en su discurso del 28 de julio del 2007. A un país no acostumbrado a tener recursos le era difícil ejecutar su gasto de inversiones. Peor aún, todo en medio de una explosión de expectativas. “Yo mismo digo que no es suficiente y que pudimos hacer más”, reconoció el Presidente. También reiteró que ahora el 70% de ese presupuesto está en manos de los gobiernos locales y regionales pero, a pesar del proceso de descentralización, los retrasos son la norma.
Poco se ayudó el gobierno cuando, en un gesto a la galería, decretó la reducción de salarios en la jerarquía del sector público. CARETAS la calificó tempranamente como una camisa de once varas. Hoy el primer ministro Javier Velásquez Quesquén acaba de impulsar la contratación de especialistas con un crédito del BID para encontrar las grandes trabas en las cinco regiones más pobres. A los municipios les ofreció duplicar el Foncomun “en cuatro partes anuales, desde el 2% hasta el 4% del Impuesto General a las Ventas. Un aumento para obras y no para sueldos a los municipios que mantengan o superen su recaudación predial y que trabajen por la modernización y la competitividad”. Calculó que el monto equivaldría a S/. 3,500 millones.
Ese escenario siguió en la mira de García para proponer la segunda vuelta en la elección de los presidentes regionales.
“¡Qué estamos esperando para tomar esa decisión!”, reclamó.
En términos generales, la actual promoción puede ser mucho más interesante que la anterior, que inauguró el modelo de presidencias regionales. Pero la posibilidad de acceder al poder con minúsculas votaciones puede terminar en desastre.
Si algún beneficio puede sacarse del actual panorama, es que el antisistema ya parece tener su ensayo y error en esa cancha. Según la última encuesta de Idice, realizada entre el 13 y el 20 de julio, entre los presidentes regionales peor rankeados destacan César Álvarez de Ancash (19% de aceptación sentado sobre una montaña de dinero), Hernán Fuentes de Puno (16%) y Hugo Ordóñez de Tacna (14%). Son los presidentes regionales comúnmente identificados con el otro espectro al que García se refirió insistentemente en su discurso.
TAMBIÉN A PROPÓSITO de los hechos de Bagua, el Presidente se refirió a la situación brasileña, donde recientemente se han titulado millones de hectáreas a comunidades indígenas pero más todavía –67 millones– a los ‘grileiros’ o cultivadores ilegales, sin que esto termine con muertos en las carreteras (CARETAS 2085).
“Brasil es un país muy grande al que los modelos extremistas del continente no pueden penetrar para fomentar la violencia”, explicó. “En cambio en el Perú, sí creen poder hacerlo empujando el desorden e insultando al Perú en el extranjero. Este factor externo aunque no sea el único es fundamental”.
Segundos después recalcó que “en este mundo competitivo no podemos ignorar esa realidad porque hoy nuestra democracia tiene como adversario el modelo estatista y autoritario, la democracia es éticamente superior, pero es frágil porque sus libertades pueden ser aprovechadas contra ella; en cambio, en el modelo autoritario y centralista se domina al Parlamento, se controla el Poder Judicial, se avasallan la prensa y la televisión, se reeligen los gobernantes, y ese modelo lleva a la miseria y al desempleo porque afirma que solo se puede progresar con la inversión del Estado”.
Luego se refirió explícitamente a la inflación desbocada en Venezuela.
Poco antes, en el tedéum celebrado en la catedral, el cardenal Juan Luis Cipriani se refirió a “los intentos de intromisión extranjera en asuntos internos” y “esta mancha viscosa de una ideología que pretende extenderse por todo el continente, queriendo someter con el sucio dinero y la violencia populista la independencia sagrada de nuestros pueblos”. Fueron pasajes llamativos incluso para los estándares del conservador prelado.
Muchos analistas le reprochan a García la insistencia en atribuirle sus problemas a un supuesto complot internacional. Lo tildan de desubicado y soberbio, incapaz de asumir los errores que lo llevan a perder puntos ante la población.
Efectivamente, los presidentes suelen caer en el recurso de la conspiración cuando se ven en problemas.
Pero es probable que las críticas que le enrostran a García no ver más allá de sus narices también terminen por perderse la figura completa.
A veces el bosque se aprecia mejor desde fuera. El diario español El País ha advertido de la situación por segunda vez en pocos días (CARETAS 2088). Esta vez, el historiador Antonio López Vega advierte después de una reciente visita a varias ciudades del país que “si el APRA no recompone su imagen y ese centroderecha no alcanza una candidatura de coalición que podría aglutinar el ex presidente Toledo, parece que la contienda electoral se planteará entre las opciones menos moderadas del neofujimorismo por la derecha y el neoindigenismo de Ollanta, por la izquierda”.
López concluye que “a nadie se le escapa que la tentación extremista alarga su sombra sobre el continente americano y que Perú, por su importancia histórica y geoestratégica, es fundamental en la lucha por la libertad”.
OTRA PROPUESTA que ya es discutida por los actores políticos es la de la renovación por mitades del Congreso a mitad del mandato. Velásquez Quesquén debatió la misma posibilidad durante su paso por la presidencia del Parlamento. Como lo han afirmado varios congresistas, en el contexto del régimen presidencial esto puede presentar pros y contras. Si bien ayudaría a configurar un esquema de alianzas que le brinde estabilidad al régimen, también podría volverlo más frágil y atar de manos al Presidente de la República.
Resultó irónico que García, tan crítico del modelo plebiscitario chavista, proponga un referéndum para que el pueblo decida sobre esta modificación constitucional si es que el Congreso no la tramita.
Es obvio que, a pesar de los saludos durante su andante inicial, quiso distanciarse ante el electorado de la imagen del Congreso.
No ocurrió lo mismo con el Poder Judicial, pues entre las reformas en marcha que celebró mencionó la de ese poder del Estado mediante la aplicación del nuevo Código Procesal Penal. Su presidente, Javier Villa Stein, que no es precisamente adepto al Ejecutivo, debió saborear el momento.
Como respondiéndoles a los diarios que en días anteriores hicieron balances desoladores del gobierno y reclamaron la falta de “reformas de fondo”, García también se refirió en ese sentido a los procesos en marcha sobre descentralización, educación, salud y reducción de la pobreza. Cada una tuvo sus cifras de acompañamiento: 2 millones más de personas con agua potable y alcantarillado, 1.4 millones más con electricidad, 600 mil postes eléctricos, 560 mil títulos de propiedad, 11 millones en el Seguro Universal de Salud, 460 mil familias beneficiarias del programa Juntos, US$ 10 mil millones en obras públicas, y la lista tuvo un largo etcétera.
Con la corrupción tan privilegiada en el enfoque periodístico y como parte estructural de la sociedad peruana, era de esperar que las únicas alusiones presidenciales al tema, la de aplicar con firmeza el nuevo código procesal penal y encarcelar a los responsables en una nueva “colonia penal” que se construirá en la selva, fueran calificadas de insuficientes. Pero la verdad es que los grandes latrocinios que recorren las redacciones como un soplo fétido siguen sin encontrarse en la espesura de las primeras planas y la ronquera de don Bieto.