Pérdida 1939 – 2009
Daniel Camino
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Productor teatral, televisivo, de cine, y compositor. Ganó el Festival de Ancón con “Macondo”. |
Artista y soñador, admirador precoz del mundo del espectáculo, Daniel Camino tuvo una fructífera existencia en ese campo. Fue, a los 22 años, pionero de la incipiente televisión peruana, cuando en 1961 debutó como animador en América Televisión de “El Tribunal del Talento” y “Punto y Raya”.
–“Era muy malo como animador” –contaba recientemente– “por eso preferí ser productor”. Y, en efecto, los fundadores de ese canal, Nicanor González y Antonio Umbert, lo nombraron Jefe de Producción Artística.
Por esos años Daniel trabajó de “purser” en Braniff para poder ir frecuentemente a Hollywood y zambullirse en el mundo del celuloide. Y también para poder pagarse cursos de actuación y dirección en el perdurable Club de Teatro de Lima, del maestro argentino Reynaldo D’Amore, y de televisión con Santiago García Bas.
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Con María Félix, codeándose con las estrellas. |
Su primera producción en el Teatro Segura fue “Limeñísima”, en 1961, una original comedia musical costumbrista escrita por su amiga Chabuca Granda. Poco después se le encargó la producción del V Festival Internacional de la Canción de Ancón, para el que trajo a la cantante mexicana Silvia Pasquel Pinal, a la chilena Mona Bell, y a la despampanante actriz argentina Libertad Leblanc.
Generoso y desinteresado como pocos, cuando el general Morales Bermúdez cerró en 1976 indefinidamente Caretas, Daniel colaboró ad-honorem en Espejo, la revista femenina que había sacado Doris Gibson para salvar la empresa. Llevó a ella a Lotta Burenius, a Carlos Aramburú y al joven poeta Fernando Ampuero –que acababa de conocer en un colectivo–, para que aportaran su apoyo democrático a la prensa libre.
Miembro de una familia tradicional de Lima, Daniel Camino Diez Canseco tuvo muchos talentos. Fue ocasionalmente actor, director, guionista y periodista. Pudo ser un gran escritor, pero nunca quiso reconocerse ese talento. Tal vez porque el oficio de escribir es una tarea muy dura y solitaria y Daniel no soportaba la soledad. Le encantaba la gente, las fiestas, el resplandor de los reflectores, la acción. Fue íntimo de decenas de escritores, estrellas, artistas y cineastas de primera fila.
Los cotidianos correos electrónicos de Daniel no los recibiremos más. En sus últimos días, sufrió un agravamiento de su terrible bronquitis crónica que acabó en neumonía y finalmente en un paro cardíaco, el 23 de julio del 2009. Querido Daniel, descansa en paz. (Percy E. Gibson)