Entrevistas Aventuras marinas y sustos terrestres en la biografía de Raúl Modenesi.
Las Siete Vidas de Modenesi
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Dos años de lucha sin resultados le costó, en 1972, hacer del Costa Verde el restaurante de moda. |
Hace pocos días Raúl Modenesi ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Alas Peruanas y en esta titulación, aparte de sus indudables conocimientos culinarios, ha tenido mucho que ver la valoración de tanto esfuerzo titánico por triunfar en la vida. Lo vemos pasear sonriente, alto, erguido, estupendamente bien conservado a pesar de sus 75 años a cuestas entre las mesas de su emblemático Restaurante Costa Verde sin parar en mientes que él es un auténtico milagro viviente. Ignoramos, mientras su silueta se recorta en la placidez del telón de fondo de un mar sosegado, que Modenesi y el mar son uno solo, que están hermanados entre sí y que las fuerzas cosmológicas lo han situado allí porque, como dice él, “todos los días lo visito y desde la orilla aspiro profundamente sus emanaciones cargándome de energía. Mi energía procede del mar y sin él no sería nada”. Buena fuente de energía es ésta ya que la vida de Modenesi ha sido un rosario interminable de asechanzas, problemas casi insolubles, tribulaciones económicas, peligros y situaciones extremas, teniendo incluso que matar a un hombre para seguir viviendo. Tuvo que luchar contra enfermedades terribles como los cánceres de próstata y de piel y en cierta ocasión le dio una neumonitis gravísima, llegando a estar desahuciado por los médicos que le daban 3 días de vida. Hoy anda con prótesis de titanio en las rodillas; tiene implantados 4 baypases ya que el colesterol le obstruyó las arterias en un 97%; lleva un marcapasos y le hicieron cirugía facial para cambiarle el labio debido a un cáncer de piel. Todo lo venció a través de tenacidad y coraje. Abundemos en esto:–¿Cuándo decidió triunfar en la vida?
–Nadaba desde que tenía uso de razón y crecí siendo un niño normal hasta que un día, cuando ya tenía 19 años, abrí el periódico y me enteré que varios amigos míos estaban batiendo récords de natación. Inmediatamente me asaltó la idea de que yo también podía hacerlo y tomé la decisión de entrenar a fondo los fines de semana en vez de salir a divertirme. Ese fue mi gran paso.