Actualidad A treinta años de la muerte de Haya de la Torre, Alan García lidia con compleja tonada.
Las Cuerdas de Villa Mercedes
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Domingo 2 . Armando Villanueva y su señora Lucy flanquean a García en la casa museo donde residió Víctor Raúl. |
Las duras palabras que pronunció Alan García el domingo 2 en Villa Mercedes cayeron como un baldazo de agua fría en el invierno del partido oficialista. “Nadie tiene derecho a separar a los apristas en nombre de ningún apetito”, advirtió. “Aquí estoy para defender el legado de Haya de la Torre. Ese va a ser mi compromiso”.
La ocasión era el aniversario número treinta de la muerte del fundador del partido aprista. García asistió a la que fue la residencia del líder acompañado del histórico Armando Villanueva y su esposa Lucy. Fue esta pareja la que organizó la misa que recordó la memoria de “el jefe”.
García instó a la militancia a “fortalecerse en torno a las ideas y la acción, y a repudiar todo lo que sea división y enfrentamiento”.
¿A quién fue dirigido el gancho?
No es ningún secreto que el APRA pasa por una puja interna con miras a renovar su dirigencia. Ya fueron elegidos los secretarios regionales y distritales. Para fin de año se espera la elección de un nuevo secretario general en reemplazo del congresista Mauricio Mulder.
Hasta ahora, las corrientes más representativas son la del también parlamentario Jorge del Castillo, que se enfrenta a la que lidera el presidente de Cofopri, Omar Quezada.
¿Acaso el presidente le llamaba la atención a su ex primer ministro por no alinearse en el frente doméstico?
García no ha expresado su adhesión a ninguna de las facciones pero usualmente lo ubican cerca a la generación de los “cuarentones” encabezada por Quezada. Dentro del partido se considera que este grupo aupado por el mandatario será el que lo ayude a mantener su hegemonía dentro del APRA en los años venideros. El propio Villanueva también ha declarado que Quezada representa un relevo generacional en el partido. Sin embargo, la torta de los secretarios regionales quedó al final mucho más repartida que lo que los “cuarentones” declararon en un principio (CARETAS 2088), y en Lima los simpatizantes del ex premier se llevaron la mayoría de distritos.
Del Castillo, por cierto, no asistió a Villa Mercedes. Estuvo en las celebraciones de Trujillo con la mayoría de la cúpula aprista: Mulder, Mercedes Cabanillas y el presidente del Congreso, Luis Alva Castro. En Lima la delegación fue encabezada por el primer ministro, Javier Velásquez Quesquén.
No es por nada que García fue el más aplicado alumno de Víctor Raúl Haya de la Torre. La figura gravitante del APRA y de buena parte del espectro político del Perú mantuvo un liderazgo incontestable que también se alimentó de las divisiones entre la plana dirigencial. Haya tuvo muchos lugartenientes, pero ningún claro delfín. Tanto así que a su muerte el partido se sumió en una profunda crisis que por poco termina en cisma definitivo. Fue precisamente el joven García que se saltó la garrocha generacional tres años después para hacerse de unas riendas que hoy, un cuarto de siglo después, no parece dispuesto a soltar.
Uno de los más conspicuos representantes de los “cuarentones” volvió a ser noticia esta semana. Carlos Arana, presidente de Foncodes, reaccionó ante el anuncio presidencial del 28 de julio con rapidez de campaña.
En su discurso, García explicó que “hay 23 mil millones para la inversión en este año. Dinero hay pero en el mejor de los casos con gran éxito se lograría invertir en un 80%, y quedarían 4,500 millones o más sin uso en los bancos. Si los núcleos ejecutores, comunidades, asentamientos humanos y grupos juveniles hacen 4 mil obras en canales, represas, escaleras, cada una por valor de medio millón, se habría utilizado solamente 2 mil millones, pero se hubiera movilizado más de 200 mil personas en obras directas con resultado productivo y sin ninguna burocracia ni demora. No tengamos miedo al pueblo”.
Un día después de que García propusiera apuntalar los llamados núcleos ejecutores para poder destrabar el presupuesto de inversiones con obras que favorezcan directamente a las localidades del país, Arana acudió a Palacio para juramentar con el Presidente a cien de estas unidades.
Las críticas fueron inmediatas. El coordinador de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales, César Villanueva, cuestionó que Arana, identificado como un operador político, se pusiera al frente del proceso.
El premier Velásquez Quesquén defendió su papel supervisor y el congresista Juan Carlos Eguren, presidente del subgrupo de trabajo que sigue el gasto del Estado respondió con un reporte del MEF que registraba que Foncodes, dirigido por Arana, solo gastó 1.6% de su presupuesto hasta el 30 de julio último. Esto equivale a S/. 2.4 millones de los S/. 150 millones que tenían para gastos de capital 2009.
Eguren calificó al ente como un “pésimo ejecutor presupuestal” y responsabilizó a Arana por “la parálisis de Foncodes”.
Guillermo Paz, ex asesor del Mimdes durante la gestión de Carmen Vildoso, considera que Arana conjugaba su función como gestor público y operador político aprista, pero nunca detectó alguna irregularidad en su trabajo.
El debate interno en el APRA también pareció surtir algún efecto. El martes 4 la ministra Nidia Vílchez le aclaró al diario Perú.21 que Arana no haría “nada” con respecto a los núcleos ejecutores, fuera de sus labores propias en Foncodes. Se espera que el premier Velásquez Quesquén también abra la cancha en su discurso en el Congreso el lunes 10 y que los distintos sectores intervengan según la naturaleza del proyecto.
Vílchez sostiene que el 70% de las obras de los gobiernos locales y regionales tienen un valor menor al millón de soles.
Ese es un punto fundamental. Todos los proyectos deben pasar por el Sistema Nacional de Inversión Pública, el vilipendiado SNIP. Pero son Proyectos de Inversión Pública “menores” aquellos cuyo valor está por debajo de los S/. 1.2 millones. Esto implica una formulación más simple. Y aquellos que son menores de S/.300 mil son todavía más flexibles. Una fuente familiarizada con los procesos asegura que un formulador eficiente puede formularlos, en el primer caso, en 15 días y en el segundo en una semana.
La mesa está servida en términos legales. La Ley 29030, promulgada en mayo del 2007, autoriza a las municipalidades para que los propios beneficiarios de las obras cuyos montos no superen las 100 unidades impositivas tributarias, sean sus ejecutores. En este año el monto equivaldría a S/. 355 mil.
Hay referentes muy cercanos.
La experiencia del programa de reparaciones colectivas, que tiene ejecutadas o en proceso de ejecución alrededor de 800 obras de S/. 100 mil cada una es el ejemplo más claro. Las comunidades campesinas que sufrieron en el proceso de violencia deciden la naturaleza del proyecto y manejan su ejecución. Los mejores fiscalizadores son los propios beneficiarios. En algunos casos optaron por locales comunales y colegios, pero en muchos otros prefirieron proyectos productivos como piscigranjas y crianza de alpacas y ganado.
Por ejemplo, en el distrito de Santillana, Huanta, que fue escenario de la sangrienta incursión senderista la semana pasada, hay 14 comunidades beneficiadas con esta modalidad.
Hay antecedentes más remotos, pero igualmente significativos.
García reconoció en su discurso que “se han hecho muchos esfuerzos en este camino” y rescató el ejemplo de Cooperación Popular de los gobiernos de Fernando Belaunde.
El ex senador acciopopulista Carlos Cabieses repasa la experiencia en los tres volúmenes de Rescate de la Memoria.
La figura que “revivió una milenaria tradición del Perú” fue creada en 1963. Cabieses cita una crónica publicada en CARETAS en 1964 donde una brigada de jóvenes “con apariencia de limeños” ayuda a hacer realidad varias obras en la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo.
A diferencia de lo que ocurre hoy, donde hay dinero y el problema principal radica en la forma de gastarlo eficientemente, entonces el modelo implicaba una contaparte en el aporte económico de la comunidad interesada en sacar adelante el proyecto.
“En sus dos gobiernos, Belaunde ofreció materiales, asesoría técnica, una partida importante de dinero y con eso los pobladores construyeron puentes, escuelas y caminos”, recuerda Cabieses.
Entre 1963 y 1968 fueron terminadas 4,300 obras y casi 15 mil entre 1981 y 1985.
“Yo podría hacer un balance de mi vida política en el décimo año de mi experiencia gubernativa”, explicó FBT cuando estaba por terminar su segundo mandato, “y solo puedo decir que el mayor acierto fue observar y acuñar la frase: El Pueblo lo Hizo”.