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Historia Cuarenta años de Woodstock en la memoria colectiva nacional.

De Vuelta al Barro

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Rebelión en la granja. Woodstock incluyó la escucha de 32 conciertos en vivo, en una seguidilla de 3 días.

Dos niños calatos jugando con una batería. Carlos Santana hablando en lenguas mientras interpreta “Soul Sacrifice”. Pete Townshend de The Who y el eterno retorno de su guitarra haciéndose pedazos. Allí están las imágenes, quemadas con marihuana en la piel de todo cuarentón. Toda una década resumida en tres días de mucho más que amor, paz y música, y tres días condensados en 184 minutos de imágenes polisémicas. La película fue más importante que el concierto, dijo alguna vez Mirko Lauer. Y quizá sea cierto. El verdadero Woodstock a 24 cuadros por segundo, parafraseando al cineasta Jean-Luc Godard.

Poniendo las barbas y melenas en remojo, Woodstock no solo fue el canto del cisne del Flower Power. Fue también el inicio del rock de arena, de los megaconciertos rentables y grabados. Con un mejor timing político que el festival de Monterrey y sin la posterior tragedia del de Altamont, acaso la otra cara de la misma moneda hippie. Algo menos de medio millón de personas asistieron al evento de la tarde del viernes 15 de agosto a la mareada mañana del lunes 18 de agosto de 1969. Pero millones atesoran un ácido recuerdo de lo que ocurrió en el pequeño terreno de un granjero neoyorquino llamado Max Yasgur.

Otro famoso fotograma del evento muestra a Joe Cocker tras una sobredosis de ayudita de sus amigos. Para el músico Gerardo Manuel, Cocker hace una versión que supera en calidad y relevancia histórica a la original canción beatlesca. “Fue como si la música llegara a la Luna”, remata nostálgico. En su recordado artículo Tres días de rock, eros y tánatos, el psicoanalista Jorge Bruce describe la imagen de Jimi Hendrix torciendo el himno de los Estados Unidos como “una suerte de Lacan de la guitarra”. El texto compilado en el libro Asuntos Personales. La experiencia interior en la vida contemporánea (Peisa, 1995) dice que el guitarrista le exige a su instrumento “acrobacias inimaginables para colocarlo a la altura de su percepción”, de forma análoga a lo que el psicoanalista francés hacía con el lenguaje. La muerte de músicos como Hendrix y Janis Joplin también ha ayudado –a lo largo de los últimos cuarenta años– a perennizar esos momentos ya de por sí cinematográficos. Woodstock fue el último gran concierto de ambos.

Los mitos también. El polvo que había levantado la moto de Dennis Hopper en Easy Rider ese mismo año. La subrepticia idea de que todo era posible porque el hombre acababa de pisar la Luna. La larga estela del legendario Mayo del 68 francés como guiando la protesta política. La inimaginable guerra de Vietnam.

El rumor de la presencia de Bob Dylan ayudó a vender muchas entradas. Pero Dylan jamás subió al estrado. Presenció y padeció la seguidilla de conciertos porque vivía en la comunidad bohemia de Woodstock desde mediados de los sesenta, cuando tuvo su propio Verano del Amor con la cantante de protesta Joan Baez. El relato ácido de la época asegura que llegó a quejarse de tanto hippie ruidoso.

No fue la única ausencia. El masivo cartel ahuyentó a Jim Morrison y The Doors. Los músicos de Led Zeppelin pensaron que eran demasiada banda para tocar a granel. Los de Jethro Tull pensaron que eran muy poco grupo. Un hijo por venir retuvo a un miembro de Procul Harum, que a su vez retuvo a la banda completa. El guitarrista Jeff Beck deshizo a The Jeff Beck Group poco antes del festival. A Tommy James y The Shondells les ofrecieron presentarse en una granja de cerdos. El temor a Nixon –y quizá el temor a Yoko– hizo recular a John Lennon en su interés por reunir a los Beatles y subir a escena. Tampoco estuvieron Joni Mitchell, Spirit, Free o The Moody Blues. Nunca se supo por qué Frank Zappa declinó la invitación. Iron Butterfly esperó un helicóptero que jamás llegó.

Gerardo Manuel, sacando pecho por el lado nacional, sí pudo sobrevolar el festival en helicóptero a los 18 años. En ese preciso momento tocaba Creedence Clearwater Revival. Por aquel entonces Gerardo trabajaba para los sellos Warner y Atlantic. Él se encargaba de fabricar los vinilos y manejar las licencias de los artistas extranjeros. En 1970, el documental de Michael Wadleight sale al mercado y se expone en el Cine Central, de propiedad de la Warner. También se vería luego en el Cine Orrantia. Las colas fueron memorables. Pero la fábrica se vio en apuros. El primer álbum de una banda sonora con tres vinilos del país debía ser producido bajo las condiciones del sello, y en un tiraje de no menos de 5 mil unidades. En pleno gobierno militar de Velasco, hubo que importar fundas, pelear con la imprenta y lograr igualar el troquelado original. El resultado fue apabullante: vendió 10 mil unidades.

Antes Del Barro

No fueron concebidos en Woodstock, y algunos de ellos tampoco conciben a Woodstock como un claro referente. La brecha generacional define el punto de vista. Pero la música sobrevive.

Para Nicolás Duarte, de La Mente, Woodstock se mantiene como “un evento místico, cumbre de la cultura hippie”. Recuerda lo no vivido gracias al cine, y reconoce interpretaciones soberbias.

Salim, Iván, Toño y Manolo rescatan lo musical en Woodstock. Con 39, 37, 35 y 38 años, respectivamente, acaban de sacar su última producción: Un nuevo día. “Es un disco más rocker”, dice el cantante Salim Vera. “Nacimos después de Woodstock”, reconoce Manolo. “Pero admiro más la música que el espíritu”, cuenta como melómano. Toño Jáuregui cree que en los vicios no debe haber excesos. No si estos sacrifican la obra artística. Con un café expreso y unas tapas como único acompañamiento, Salim prosigue en su recuento de referentes musicales. Todas las décadas musicales entran hoy en un iPod. En la era del mp3, ya no es necesario rebobinar casette para revivir una época. La coda no existe. (Carlos Cabanillas)


Joe Cocker - Live at Woodstock 1969

Hendrix plays National Anthem - Live at Woodstock 1969

Woodstock en Cifras

Todos los números de tres días de paz, amor, música, drogas, sexo, etc.

0 Tachos de basura próximos al concierto
1 Caso de neumonía
1 Coma diabético
1 Precio en dólares de un hot dog
2 Horas de espera para hacer una llamada telefónica
2 Nacimientos
3 Muertes (sobredosis de heroína, apendicitis, atropellado por un tractor)
3 Traqueotomías
4 Precio en dólares de una dosis de ácido
8 Horas de manejo desde Nueva York
10 Número de disparos al aire hecho por granjero harto del ruido
10 Millones de yardas de blue jean y ropa dejados en el lugar
13 Número de meses entre la performance de Jimi Hendrix y su muerte
14 Número de meses entre la performance de Janis Joplin y su muerte
15 Precio en dólares de una onza de marihuana
18 Número de doctores para 6,000 pacientes
25 Edad promedio de los organizadores del festival
31 Número de actos musicales programados
33 Número de personas arrestadas por posesión de drogas
40 Tiempo de espera (más breve) en minutos entre actos
80 Denuncias judiciales después del festival
90 Porcentaje de asistentes que fumaban marihuana
400 Malos viajes de LSD
450 Vacas sueltas en el concierto
600 Número de baños portátiles
1,500 Pago en dólares por acto de Carlos Santana
11,200 Pago en dólares por acto de The Who
60,000 Número de personas esperadas en el festival
100,000 Número de campamentistas
186,000 Tickets vendidos
320,000 Número de personas que se fueron antes de que toque Hendrix
400,000 Número estimado de personas que atendieron el festival
50,000,000+ Ganancias mundiales en dólares hechas en 1979 por la película de Woodstock


 


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