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13/Ago/2009
 
 
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Urbanismo Buscando reflotar tradición de pasiones, ministro de Vivienda y directora del INC emprenden la restauración de la Alameda de los Descalzos.

Pisando Fuerte

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El abandono de las edificaciones circundantes a la Alameda de los Descalzos le da una bofetada a su rica historia. Su estilo rococó y neoclásico se ha perdido ante vandalismo y microcomercialización de drogas.

El salto en el tiempo es uno de más de 230 años al pasado. Del colonial Palacio de Gobierno sale una carroza que cruza rauda el río Rímac y toma ruta al Convento de los Descalzos. Dentro se encuentra el virrey Manuel Amat y Juniet, quien se dirige a la casa de Micaela Villegas, mientras maquina piropos y endulza la imaginación. Ella, más conocida como ‘la Perricholi’, lo espera con pícara sonrisa y, llámesele, predisposición. A pasear por el lugar de moda, claro está: la Alameda de los Descalzos.

El paseo los llevará en idas y vueltas en una recta de 400 metros de largo, rodeados de ocho filas de limoneros y naranjos. El perfume de ‘la Perricholi’ se combinará con esos aromas frutales, provocando suspiros en el virrey y envidias en los enamorados más jóvenes, que también pasean buscando inocentemente el roce accidental con la deseada. La costumbre en realidad se remonta a 1611, cuando fue inaugurada la Alameda Grande –como entonces se le conoció–, buscando ser el espacio de recreación pública de Lima y la ruta de acceso a la recolección franciscana de los Descalzos.


 


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