Urbanismo Buscando reflotar tradición de pasiones, ministro de Vivienda y directora del INC emprenden la restauración de la Alameda de los Descalzos.
Pisando Fuerte
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El abandono de las edificaciones circundantes a la Alameda de los Descalzos le da una bofetada a su rica historia. Su estilo rococó y neoclásico se ha perdido ante vandalismo y microcomercialización de drogas. |
El salto en el tiempo es uno de más de 230 años al pasado. Del colonial Palacio de Gobierno sale una carroza que cruza rauda el río Rímac y toma ruta al Convento de los Descalzos. Dentro se encuentra el virrey Manuel Amat y Juniet, quien se dirige a la casa de Micaela Villegas, mientras maquina piropos y endulza la imaginación. Ella, más conocida como ‘la Perricholi’, lo espera con pícara sonrisa y, llámesele, predisposición. A pasear por el lugar de moda, claro está: la Alameda de los Descalzos.
El paseo los llevará en idas y vueltas en una recta de 400 metros de largo, rodeados de ocho filas de limoneros y naranjos. El perfume de ‘la Perricholi’ se combinará con esos aromas frutales, provocando suspiros en el virrey y envidias en los enamorados más jóvenes, que también pasean buscando inocentemente el roce accidental con la deseada. La costumbre en realidad se remonta a 1611, cuando fue inaugurada la Alameda Grande –como entonces se le conoció–, buscando ser el espacio de recreación pública de Lima y la ruta de acceso a la recolección franciscana de los Descalzos.