Seguridad Esta vez número cuatro de “Artemio” no logró escapar. Cayó a orillas del Huallaga, en Huánuco.
La Pista del Mono
 |
Horas antes de su captura, “Mono” y sus huestes realizaron pintas senderistas en la Carretera Marginal de la selva y poblados vecinos. |
El vaso de cerveza con gaseosa que Félix Victoriano Mejía Ascencios (30) tomaba a horas del mediodía resultó siendo uno amargo. Ese domingo 9 de agosto, siete agentes de la Policía ingresaron súbitamente a la bodega donde se encontraba conversando con tres campesinos y no tuvo tiempo de desenfundar su pistola Pietro Beretta.
Más conocido como “Mono”, el número cuatro bajo el mando de “Artemio” bajaba dos veces al mes al caserío de Pavayacu, provincia de Leoncio Prado, Huánuco, a media hora de Aucayacu en el Valle de Magdalena, margen derecha del Río Huallaga. Buscaba el apoyo de la población y, sobre todo, de los cocaleros, ofreciéndoles protección. Trueque estilo inca, podría decirse.
Sin embargo, desde hace tiempo ya estaba en la mira de la Policía. Un día antes, el ministro del Interior, Octavio Salazar, y el director de la Policía, Miguel Hidalgo, se encontraban reunidos con la Comisión Nacional de Seguridad cuando el jefe del Equipo Especial de la Dirandro llamó a la Dirección General para confirmar que el “Mono” llegaba a Pavayacu al día siguiente. Hidalgo le comunicó el dato al ministro e inmediatamente se dio la luz verde.
“Mono” estaba requerido por el 4to Juzgado Supraprovincial de Lima por haber participado en diversos actos terroristas. Entre ellos, la emboscada en junio de 2007 a los policías de Tocache y los asesinatos de pobladores –confundidos con agentes de inteligencia– en el distrito de José Crespo y Castillo.
El domingo los 18 policías ingresaron de civiles al poblado, mientras “Mono” entraba al pueblo sin sus huestes. Al ingresar a la bodega para reunirse con los cocaleros, los agentes asestaron el golpe. “Mono” fue reducido y embarcado en una mototaxi rumbo al monte: se temía que los pobladores intentasen rescatarlo. Un helicóptero lo trasladaría a la base de Tingo María y, desde ahí, a Lima para ser interrogado. Un agente que participó del operativo confesó a CARETAS que esos minutos de espera fueron “los más largos de mi vida”.
Con su captura, “Artemio” queda solo con dos de sus hombres fuertes: “Rubén”, un senderista que aún no ha sido identificado, y Edgar Mejía Ascencios, alias “Izula”, hermano del detenido. (R.M.)