Internacional Encuentro en Quito pone en evidencia el peligroso estado de las relaciones en la región.
Aterrizaje de Emergencia
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Correa y García guardan buena relación a pesar de las diferencias políticas. No ocurre lo mismo entre Ecuador y Colombia. |
La tensión reinó en Ecuador. Luego que los ministros de Relaciones Exteriores se reunieran el domingo 9 e imperase la mesura, Hugo Chávez arribó la mañana siguiente para la toma de mando de Rafael Correa y la “cumbre” de Unasur. De saque dijo que “vientos de guerra comienzan a soplar” en la región. Se refería a las negociaciones entre Colombia y Estados Unidos para estrechar todavía más la cooperación militar entre ambos países. El presidente estadounidense dijo el fin de semana que su gobierno no planeaba instalar nuevas bases en Colombia para reemplazar las instalaciones de Manta en Ecuador.
Chávez volvió a la carga. “Obama creo que ha dicho que no, que no son bases. Es como el dicho ‘tiene rabo ’e cochino, oreja ’e cochino, ¿qué va a ser? ¡Un cochino!”.
Las tratativas sí contemplan la posibilidad de una mayor presencia militar estadounidense en cuatro bases colombianas, dos de ellas puertos navales.
La semana pasada, el presidente Alan García expresó su abierto apoyo a la labor del colombiano Álvaro Uribe durante la gira relámpago que este realizó por la región para explicar la naturaleza de las conversaciones con Estados Unidos, pero no todos fueron tan solidarios.
Para el canciller José Antonio García Belaunde, el reto hoy consiste en integrar la lógica colombiana que justifica todos los esfuerzos para combatir a la guerrilla con la cautela de países como Brasil, que observan con preocupación el incremento de la presencia norteamericana en el continente. De esa discusión debería salir una figura aceptable para ambas partes. En ese orden de ideas, en el extremo queda la postura mucho más ideológica de Chávez y Evo Morales. Seguramente el influyente ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, que visitará el Perú el viernes 14, elaborará sobre la posición brasileña.
Esta vez los desencuentros no se limitan a la retórica. Chávez anunció la ruptura de las relaciones comerciales con Colombia luego que se dio a conocer que el armamento que Venezuela le compró a Suecia terminó en campamentos de las FARC. Durante el encuentro de Quito, Venezuela y Argentina firmaron el Acuerdo Bicentenario que consta de 22 convenios. Incluye la licencia para que Argentina pueda vender diez mil automóviles en Venezuela: exactamente la cantidad de vehículos que Colombia tenía proyectado colocar en la República Bolivariana.
El ministro de Comercio de ese país, Eduardo Samán, había declarado que Argentina estaba en capacidad de reemplazar a Colombia en todos sus alcances de proveedor. No es moco de pavo. El intercambio entre los tradicionales socios alcanzó US$ 7,200 millones el año pasado, mientras que el de Colombia y Argentina solo se aproximó a los US$ 1,000 millones.
AGP asistió a la toma de posesión de Correa, pero llegó con retraso por un aterrizaje de emergencia en Chiclayo, debido a la rajadura de una ventanilla. Uribe ni asomó, ya que las relaciones de Colombia y Ecuador siguen suspendidas y la situación empeoró con la emisión de un video en el cual el “Mono Jojoy”, estratega militar guerrillero, aludía a la colaboración de las FARC en la anterior campaña de Correa. El pedido de captura del ex ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, por parte de la Justicia ecuatoriana debido al operativo en territorio de ese país que terminó con la vida de “Raúl Reyes” y otros guerrilleros, había empeorado la frágil situación bilateral. En representación del gobierno colombiano asistió a Quito la vicecanciller Clemencia Forero. La propia presidenta argentina Cristina Kirchner pidió una nueva reunión presidencial con presencia de Uribe.
Y no se sabe si también sean de guerra, pero soplan vientos reeleccionistas. Según la prensa de su país, el mandatario colombiano pretende jugársela toda para sacar adelante en el Congreso el referéndum que le permita presentarse a un tercer período. Los extremos se tocan.