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Doris Gibson Entre Gibson y Parra del Riego, un destino manifiesto.

Personalidad y Genes

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Con su abuela, María Mercedes González del Riego de Parra del Riego, y sus tíos José, Luis y Manongo.

El autor de esta nota trató a Doris Gibson solo una vez, pero quedó prendado de una mujer que ya era octogenaria. Estudioso de la literatura, quiso contribuir en esta ocasión a recordar su realidad familiar. Doris fue criada en el aquelarre intelectual que derivó en la generación Colónida y tuvo un tío cuyos polirritmos cautivaron a Uruguay y América.

Pocas mujeres han dejado tanta huella en el periodismo nacional como Doris Gibson Parra, no sólo por su pasión por esta profesión que busca llevar la verdad a los lectores, sino también por su lucha incansable por la libertad de expresión en el país. A esto se suma su valiosa actividad de promotora cultural y su participación activa en innumerables hechos que marcaron época y que ya forman parte de la historia.

Conocí a Doris una tarde de verano en la Av. Diagonal hace más de diez años. Estaba con Roberto Cores, amigo fotógrafo, quien solía reunirse con ella en un restaurante. Me detuve a saludarlos. Doris me preguntó: “¿y usted qué hace?”, y yo le dije: “vivir para la literatura”.

Después de este pequeño encuentro no volví a verla más, pero a mi memoria siempre vienen los recuerdos de sus amigos que en algunos casos fueron amigos míos y que me contaron la maravillosa persona que fue y su constante lucha por las causas que algunos consideraban perdidas.

Juan Parra del Riego. Percy Gibson Moller.

Esa actitud le viene de familia. Hay que recordar que su padre, el poeta Percy Gibson Moller, estando en Arequipa se enteró de que César Vallejo había sido recluido injustamente en la cárcel de Trujillo. Inmediatamente movilizó a los intelectuales arequipeños para protestar. Convenció al presidente de la Corte Superior de Arequipa para que hablara con el ministro de Justicia, que en ese entonces era su amigo, a fin de que intercediera por la libertad del poeta.

Desde niña, Doris Gibson debió ver a su padre en ajetreos editoriales. En 1916, Percy Gibson Moller fundó en Arequipa una revista literaria con el nombre de El Aquelarre, junto a César A. Rodríguez y Renato Morales de Rivera. Éstos formaron un grupo con el mismo nombre, en el que se bebía whisky y se hablaba de poesía, o se hacia poesía y se bebía whisky. De vez en cuando se reunían a la luz de la luna.

Percy Gibson Moller también formó parte del grupo fundado en 1916 por Abraham Valdelomar, Colónida, cuya revista llevaba el mismo nombre. Asimismo, participó del proyecto de Nuestra Época (1918), revista fundada por José Carlos Mariátegui que fue cerrada por un artículo que escribió el Amauta contra los militares de la época.

Ya en Lima, Doris Gibson concluyó sus estudios de secundaria en el Chalet de Chorrillos. En su casa en Miraflores su padre ensayaba una comedia satírica y se realizaban espontáneas tertulias artísticas y musicales con la presencia de José Sabogal y José Carlos Mariátegui, así como de los jóvenes valores literarios y artísticos que hicieron de la casa de Gibson un núcleo de alegre despertar de inquietudes.

Percy Gibson se casó con Mercedes Parra del Riego, hermana del poeta Juan Parra del Riego, creador del polirritmo, canto vigoroso y ágil en cuyos versos expresó su fe en la generosidad de la naturaleza y en la aptitud realizadora del hombre, y del narrador Carlos Parra del Riego, cuya obra más famosa es ‘Sanatorio’ (1938), novela que describe la desgarradora penuria de los tuberculosos en esos tiempos.

Luis Alberto Sánchez dice de Percy Gibson Moller lo siguiente: “irónico, sonriente en la expresión; esbelto, rubio, aguileño en lo físico, Gibson representó un tipo de poesía contradictorio. Fue un autodidacta. No optó por un estilo grandilocuente: prefirió el común y coloquial que caracteriza sus precisiones verbales. Gran paridor de expresiones, las acuña como para que circulen inexorablemente”.

El hermano de Doris, Percy Gibson Parra, fue un excelente dramaturgo, laureado con el Premio Nacional de Teatro en 1946 por su obra ‘Esa luna que empieza’, y que en 1966 publicó una colección de sonetos bajo el título de ‘Primera piedra’, dirigiendo por otra parte el periódico literario Trilce.

En la década de los 50, Doris formó parte de la peña literaria Pancho Fierro, que organizaron las hermanas Alicia y Cecilia Bustamante. A dicha peña acudían personajes como Sérvulo Gutiérrez, Emilio Adolfo Westphalen, César Moro, Chabuca Granda, Sebastián Salazar Bondy, Nicomedes Santa Cruz y muchos otros más.

Era de esperar que sumado a su legado familiar, este influyente ambiente que frecuentara hiciera despertar en ella esa vocación creadora innata que ya llevaba en los genes: por ello se volcó hacia el periodismo y creó Caretas en 1950, junto a Francisco Igartua, la más importante revista peruana de la segunda mitad del siglo XX y que hasta el día de hoy marca la pauta del quehacer nacional.

Por su trayectoria en el periodismo, dentro de la que ha tenido que enfrentarse en repetidas ocasiones a presiones políticas y económicas, incluyendo el cierre de su revista en varias ocasiones, el Presidente Fernando Belaunde Terry le impuso la Orden del Sol en el grado de Gran Oficial en 1981.

Hace un año, esta gran mujer se nos adelantó en su partida de este mundo; pero nos dejó como lección sustancial que uno puede mantener sus ideales sin tener que claudicar con los grupos de poder. Ahora está en la eternidad junto con Percy Gibson Moller, Percy Gibson Parra y Juan Parra del Riego. (Por: Jorge Kishimoto Yoshimura*)

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(*) Editor General de Collectanevs,
revista de cultura bibliófila.


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