Internacional Álvaro Uribe en polémica recta final para modificar la Constitución y ser presidente por tercera vez.
Uribe Va Por Tres
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Uribe se precia de haberse enfrentado con armas legales a la guerrilla más antigua de América. |
El presidente colombiano Álvaro Uribe se encuentra cada vez más cerca de su propia re-reelección. La semana pasada, la bancada oficialista logró conseguir en el Senado la aprobación del referendo que le permitiría modificar la Constitución y tentar un tercer mandato el próximo año.
Todavía le falta sortear la votación en la Cámara de Representantes –los diputados– y la posterior validación de la Corte Constitucional y el Tribunal Electoral. El gobierno ya mueve sus fichas en todas esas instancias, pero el intrincado circuito legal para cambiar la Carta Magna a favor de la continuidad de Uribe tomaría hasta marzo próximo, cuando en carrera contra el reloj se bajaría la bandera al polémico referendo.
Tales pretensiones solo pueden sustentarse en una popularidad envidiable luego de ocho años. A contracorriente de lo que ocurre en el resto de Sudamérica, donde variantes disímiles de izquierda representan a mandatarios como Michelle Bachelet y Hugo Chávez encaramados en las encuestas, pocos podrían decir que Uribe no escribe con la derecha.
Este terrateniente, ex congresista y gobernador del departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín, goza de un gran argumento para explicar el arrastre: los severos golpes propinados a las FARC en el marco de lo que llama la política de “seguridad democrática”. En oposición a lo que ocurrió con casos como el de Alberto Fujimori, Uribe se precia de enfrentarse con armas legales a la guerrilla más antigua de América, obsoleta y envilecida por el narcotráfico, los asesinatos y el secuestro indiscriminado.
El periodista Herbín Hoyos, conductor desde hace 16 años del programa “Las Voces del Secuestro”, y quien pasó la semana pasada por Lima, piensa distinto. Se declara firmemente a favor de la “seguridad democrática” y sus buenos resultados, pero reconoce la complejidad y magnitud del conflicto en Colombia. Tanto que le parece que el caso de Fujimori es precisamente en el que más se debería fijar Uribe.
“Es el mejor ejemplo para él”, considera este periodista de 39 años que se mueve por Bogotá con escoltas y carro blindado. “Fujimori está guardado por tres casos, Uribe tiene cientos. Tengo la certeza de que si la oposición gana en Colombia, Uribe va preso. Por eso tiene que asegurarse que su sucesor sea absolutamente leal a sus ideas”.
Entre los opositores de Uribe se extiende desde hace un tiempo la lógica de la perpetuación en el poder para tapar los excesos cometidos en la lucha contra la guerrilla. Aunque sin pruebas contundentes, Uribe ha sido vinculado desde hace años con elementos ligados a los feroces paramilitares. Posee tierras en el departamento de Córdoba, donde los “paras” fueron durante años ley. Buena parte de ese movimiento criminal se desarmó como resultado de una iniciativa del gobierno y Uribe no ha pestañeado para enviar a varios de sus líderes extraditados a Estados Unidos, donde son juzgados por narcotráfico. De nuevo, la oposición argumenta que así no cantarán sobre temas potencialmente más espinosos. En otras zonas, los paramilitares desarticulados y sin supuestos referentes políticos siguen siendo sicarios de los mafiosos y mantienen aterrorizadas a poblaciones enteras como Tumaco, en la costa del Pacífico.
Herbín Hoyos añade un elemento perturbador. “Los grandes logros de Uribe no le quitan responsabilidad en excesos de aplicación de fuerza y crímenes sistemáticos cometidos por las fuerzas militares. Ahora en Colombia se conoce como falsos positivos la técnica de coger una persona cualquiera, matarla y vestirla como guerrillero para hacerla pasar como una baja. Comenzaron a aparecer las familias y a preguntarse cómo si se fue a trabajar una mañana va a aparecer muerto al día siguiente con el fusil al hombro en el monte. Hay más de 300 casos y se calcula que pueden llegar a mil”.
Fue, sin embargo, el ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, el que salió al frente para denunciar esas prácticas. “Lo que ocurrió fue que se les vino encima el toro”, explica Hoyos, “y lo único que pudieron hacer fue protegerse con un burladero de opinión. Al parecer era una política conocida internamente, pero no hecha explícita”.
El propio Santos es el probable plan b del uribismo. Hoyos considera que Uribe lo sacó de la cartera para evitarle la inhabilitación como candidato presidencial. En un hipotético escenario sin Uribe, Sergio Fajardo aparece en las encuestas casi empatado con Santos. Como el mismo presidente, el matemático y catedrático Fajardo es un político forjado en las canteras de Medellín y fue un muy popular alcalde en esa ciudad.
No puede pasarse por alto cuán notable es el récord del gobierno de Uribe. El programa de Hoyos transmite a los secuestrados mensajes de sus familiares pero, aunque el drama se prolongue para muchos, el fenómeno es una sombra de lo que fue. “En el 2001 hubo 3,400 secuestros y el año pasado fueron alrededor de 180”, compara el periodista. Discrepa en la cifra de personas que continúan en cautiverio. “El gobierno maneja el número de 125. Nosotros, en cambio, tenemos 4,163 casos. Es la lista de quienes no han regresado desde 1994. Pueden estar muertos pero no lo sabemos”.
El otro lado de esos triunfos, cuenta la cineasta peruana Judith Vélez, se oculta en zonas periféricas de Bogotá como Altos de Cazuca. Hasta allí llegó a buscar a “Harold”, un joven rapero que vio morir a unos 25 de sus amigos asesinados por paramilitares. Para Vélez, directora del documental “¡Libérenlos Ya!”, presentado recientemente en el Festival de Cine de Lima, fue el personaje más entrañable de los entrevistados durante el proyecto. A “Harold” lo asesinaron poco después de la entrevista. “Cuando me llamó a contarme, le pregunté al productor qué era ese ruido y me di cuenta que eran los alaridos de la madre”. Y lo paradójico es que el muchacho no terminó en el filme, pues está centrado en los guerrilleros.
Javier Corcuera, otro reconocido documentalista peruano que también ha investigado el tópico, preguntó luego de la exhibición por qué el tema de los paramilitares suele pasar por agua tibia fuera de Colombia.
“Es una pata de la mesa”, concluye Vélez. “Da la impresión que su forma de utilizar la violencia es más sucia y arriesgada. Al periodista Hollmann Morris le hicieron un documental sobre cómo tiene que cuidarse para proteger su vida a pesar de recibir premios por el mundo. Eso es porque bucea por el lado prohibido, que es el del gobierno”.
A diferencia de Fujimori, Uribe no encubrió abiertamente a un grupo como Colina y se ha cuidado en mantener el orden institucional. Pero con los años terminó por influir en la elección de puestos claves en poderes como el Judicial y los organismos de control, lo que pone en tela de juicio la tradición colombiana de balances y contrapesos institucionales. El propio presidente estadounidense Barack Obama declaró que en América Latina “dos períodos son suficientes”. Y muchos entusiastas de Uribe ya consideran que, efectivamente, su imbatible líder podría meterse de pescuezo en un pantano. (Enrique Chávez)