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Historia Odios de vieja data y reconciliaciones pendientes en obra de valioso e ineludible corte histórico.

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Historiadora Claudia Rosas ante El Ojo que Llora, escenario de odios fujimoristas.

Hecho de sinsabores, amarguras y rabias embalsadas, el viejo caldo de los odios nacionales llega a la mesa contemporánea sazonado de racismo, misoginia y nacionalismos desaforados. El antídoto, la reconciliación, no es de fácil receta. Aquí un diálogo al respecto con la historiadora Claudia Rosas Lauro, editora de la más reciente publicación del Fondo Editorial de la PUCP: El Odio y el Perdón en el Perú. Siglos XVI al XXI. La obra, secuela de anterior volumen dedicado a los miedos nacionales, está integrada por artículos a cargo de Liliana Regalado, Iván Millones y Víctor Vich, entre otros. Imprescindible.

–¿Cuáles son los odios más arraigados del peruano?
–Los que tienen que ver con el odio al “otro”, expresados en el racismo, el odio al indígena, al cholo, al negro, a la plebe. Son odios arraigados desde la conquista española, que se van manifestando en distintas coyunturas con mayor o menor fuerza. Son odios recurrentes, inherentes a nuestras estructuras sociales y mentales, y que no solo abarcan a un determinado sector de la población. Ahora, también hay que ver hasta qué punto se trata de odios, porque el odio es una pasión, un afecto central en el ser humano y las colectividades, la expresión máxima de ciertos sentimientos que buscan la eliminación física, simbólica o de la memoria de ese “otro”. Eso hay que diferenciarlo de la cólera o la ira, que pueden ser más momentáneas. El odio se enquista.


 


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