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Urbanismo Constructora viene dañando casa vecina en Surco, pero comuna no la frena. Hijo del gerente de desarrollo urbano del municipio es el supervisor de proyectos de inmobiliaria.

Nepotismo Estructural

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Cayendo En el Hoyo. Trabajos para la construcción de edificio de 10 pisos en la calle Ernesto López Mindreau está invadiendo propiedad vecina para hacer calzaduras, originando daños a la vivienda y riesgo de derrumbe. ¿La solución del municipio? Que prosigan las obras que causan el daño.

La verticalización descontrolada que viene permitiendo la Municipalidad de Surco ya raya en la prepotencia: parámetros de zonificación infringidos y predios de los vecinos afectados no tienen cuándo frenar (CARETAS 2094). La última es la de un edificio en construcción que desde hace cuatro meses afecta una casa en la calle Ernesto López Mindreau.

El riesgo de derrumbe está comprobado hasta por la comuna, ¿pero por qué no la paralizan? Resulta que el supervisor de proyectos de la inmobiliaria se llama Daniel Darío Núñez Campaña, hijo del gerente de Desarrollo Urbano de Surco.
El vecino afectado es el arquitecto español Ramón Ramírez, quien ha intentado hacer valer sus derechos sin fruto. “A mí la casa se me sigue rajando y se me sigue cayendo, pero el municipio no paraliza las obras”, expresa Ramírez indignado. El edificio que se está alzando al costado de su casa es uno proyectado para 10 pisos y construido por el consorcio inmobiliario integrado por Los Álamos, OOBK y Doomo. “La construcción empezó en marzo pese a que no tenían licencia de construcción, sino solo la aprobación del proyecto en consulta. Pero no tenían ningún plano de sustento de estructuras ni habían pasado por comisión técnica”, relata Ramírez.

El 22 de mayo, Ramírez llegó a la casa tras dos semanas de estar internado en la clínica y constató que se habían formado grietas en varios puntos. “Han bajado cuatro líneas de calzaduras a seis metros de profundidad por 30 metros lineales –continúa–. Pero en cada calzadura se meten 40 centímetros a mi terreno, generando riesgo de derrumbe”. Ramírez sabe bien de estos asuntos y riesgos: egresado como arquitecto de la Universidad Complutense de Madrid, ha incluso trabajado como jefe de equipo en la rehabilitación del casco histórico de Bosnia-Herzegovina.

El 29 de abril el proyecto recién fue revisado por la Comisión Técnica de Surco, desaprobándolo por no tener estructurales. Pero ni con esas el municipio paralizó la obra. “Recién el 16 de junio me indican que el proyecto había sido aprobado –prosigue Ramírez–, pero no había ningún plano de calzaduras y la licencia que les dan es para su predio, pero ellos están trabajando en mi terreno”. Incluso Defensa Civil inspeccionó las obras y recomendó se tapasen los huecos y se hiciera un muro de protección (Memorándum 0727-2009). “Pero Fiscalización de Surco le indicó a la constructora que, ante el riesgo de derrumbe, debía continuar los trabajos de calzaduras”, añade. Esto es, debían seguir haciendo lo que venía ocasionando el problema. Increíble.

DESESPERADO, RAMÍREZ PIDIÓ reunirse con el gerente de Desarrollo Urbano de Surco, Daniel Núñez, y con los gerentes de Los Álamos, Oobk y Doomo para solucionar el problema de buena fe. La reunión se dio el 11 de agosto a las 11:00 a.m., confirmada por la carta municipal 562-2009. Sin embargo, Ramírez constató que en el plantel técnico de Doomo trabaja como supervisor de proyectos Daniel Darío Núñez, el hijo del gerente de Desarrollo Urbano.

Núñez padre fue preguntado por el parentesco y la respuesta fue para caerse de espaldas con edificio y todo. “Me dijo que Daniel Darío Núñez Campaña era a mucha honra su hijo –relata Ramírez–, y entonces le dije que no podía participar en la reunión por una cuestión de objetividad. Pero me respondió no tiene nada que ver, yo no estoy a favor de ellos, ni siquiera conozco a este señor de Doomo (el gerente general presente, Carlos Blanco Oropeza)”.

Con esto, las obras prosiguen e incluso la inmobiliaria convocó a un arbitraje de reconciliación a Ramírez. Increíblemente, “me piden una indemnización que asciende a US$ 1’000,000 por daños morales”. Lo más grave: “Las calzaduras han reventado y han puesto tres palos de 10 metros y cuatro pulgadas para sujetarlas”, indica, a la par que informa que “las calzaduras son algo prehistórico. Hoy, en Europa, antes de hacer cualquier excavación lo que se hace es un muro cortina con anclajes”.

Sin embargo el municipio se obstina en dejar proseguir con la instalación de las calzaduras en el terreno de Ramírez y, ante la ola de denuncias por el caos urbano que está generando en el distrito, el último domingo 6 publicó en Perú.21 un anunció, junto a otras comunas, contra la ley de edificaciones 29090, expresando que el desorden constructor parte de la norma. La lavada de manos resulta una falacia indigna hasta de Pilatos. (Thor Morante)


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