Literatura Lupanares bajo la lupa en libro que recorre la historia de los barrios rojos limeños.
El Nombre de la Rosa
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Dama de inicios del siglo XX. Había baile, música, tertulia e incluso lectura. Casas de citas, las de antes. |
Desde los noventa, la apertura económica del país ha empoderado su apertura sexual. La flácida curva de la demanda se irguió y la oferta de placeres se diseminó. A partir de entonces hay hostales para todos los bolsillos, habitaciones sin límites de edad o número, tentaciones temáticas a pedido y adminículos para garantizar el orgasmo o la devolución de su dinero. El sexo también se privatizó. Fue arrojado al valetodo del mercado. Por un lado, ello aceleró la crisis en los cinco burdeles legales de la ciudad: Las Cucardas, La Salvaje, El Botecito, La Nené y El Trocadero.
Por el otro, la privatización de las mujeres públicas las privó de beneficios laborales. El full service es –literal y laboralmente hablando– un “service”. Hoy por hoy, la ilegalidad taconea cualquier esquina, las trabajadoras están siempre al paso y los burdeles pueden ser incluso desmontables. El trato personalizado parece haber capitulado ante la capitalización sexual. Tres palabras, sin embargo, demuestran que cierto público nostálgico aún llora sobre la leche derramada: trato de pareja. Esa Lima histórica de boîtes y boleros es precisamente la que recuerda el arquitecto Roberto Prieto en su libro.