miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2096

17/Set/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre NarcotráficoVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre UrbanismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Música
Sólo para usuarios suscritos Eventos
Sólo para usuarios suscritos Publicaciones
Sólo para usuarios suscritos Literatura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre TransportesVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Literatura Lupanares bajo la lupa en libro que recorre la historia de los barrios rojos limeños.

El Nombre de la Rosa

7 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

Ver galería

Dama de inicios del siglo XX. Había baile, música, tertulia e incluso lectura. Casas de citas, las de antes.

Desde los noventa, la apertura económica del país ha empoderado su apertura sexual. La flácida curva de la demanda se irguió y la oferta de placeres se diseminó. A partir de entonces hay hostales para todos los bolsillos, habitaciones sin límites de edad o número, tentaciones temáticas a pedido y adminículos para garantizar el orgasmo o la devolución de su dinero. El sexo también se privatizó. Fue arrojado al valetodo del mercado. Por un lado, ello aceleró la crisis en los cinco burdeles legales de la ciudad: Las Cucardas, La Salvaje, El Botecito, La Nené y El Trocadero.

Por el otro, la privatización de las mujeres públicas las privó de beneficios laborales. El full service es –literal y laboralmente hablando– un “service”. Hoy por hoy, la ilegalidad taconea cualquier esquina, las trabajadoras están siempre al paso y los burdeles pueden ser incluso desmontables. El trato personalizado parece haber capitulado ante la capitalización sexual. Tres palabras, sin embargo, demuestran que cierto público nostálgico aún llora sobre la leche derramada: trato de pareja. Esa Lima histórica de boîtes y boleros es precisamente la que recuerda el arquitecto Roberto Prieto en su libro.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista