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Medio Ambiente Coloraciones ambientales de la Reserva Matsés, oportunidad de desarrollo para la etnia del mismo nombre.

La Verde Promesa Matsé

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Las 420 mil hectáreas de la Reserva Nacional Matsés, cercana a la frontera Perú-Brasil, albergan el ecosistema único de varillales de arenas blancas, además de los habitantes nativos Matsés.

En el extremo profundo de la selva peruana, casi besando la frontera entre Loreto y Brasil, ni las sombras producidas por gigantescas lupunas de hasta 40 metros de alto representan un mínimo obstáculo ante el agobiante calor. Para los inquilinos naturales de estos árboles, cuya vecindad es capaz de reunir a más de 90 especies de insectos por tronco –cantidad mayor a toda la diversidad entomológica de Gran Bretaña–, se trata de regular calidez; sin embargo, el grupo de visitantes que se dirige hacia la Reserva Nacional Matsés solo encuentra un leve alivio de frescura en la lancha mientras surcan a todo motor el río Gálvez, en la provincia de Requena.

Para dar algo de socarrón frescor, el lanchero suelta el dato: “Existen dos maneras de llegar a Matsés. La primera es un viaje en avión de 45 minutos desde Iquitos hasta el poblado de Angamos, y otros 45 minutos en bote”. Esto es, la ruta fácil. “La segunda es poner el bote a navegar por el río durante 14 días, tal y como hacen los habitantes nativos”, añade. Si el citadino no cuenta con repelente ni afán de mártir aventurista extremo, tomar la ruta 1 hacia la Reserva Matsés, integrante del corredor biológico binacional conformado por la Zona Reservada Sierra del Divisor, en Loreto, y por el lado brasileño, con el Parque Nacional Serra do Divisor y las Reservas Extrativistas Alto Juruá y Alto Tarauacá.


 


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