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Cultural En lanzamiento mundial, José Saramago presenta flamante novela: Caín. Aquí, ardiente y doliente adelanto en exclusiva para CARETAS.

CAIN: el Último Golpe

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El crimen sin perdón: Caín asesinando a Abel, obra de Bartolomeo Manfredi, ca. 1610.

Ateo confeso y a punto de cumplir los 87 años, no es la primera vez que el Nobel José Saramago se aboca a temas bíblicos. El autor de Ensayo Sobre la Cegueraya publicó antes El Evangelio Según Jesucristo y La Segunda Vida de Francisco de Asís. Ahora, con la salud un tanto resentida, pero con la pluma siempre saludable en su polémico blog El Cuaderno de Saramago, el autor portugués presentará Caín en lanzamiento mundial para este jueves 15 de octubre. La espera llega a su fin.

Caín ya entró, ya durmió en la cama de lilith, y, por más increíble que nos parezca, fue su propia falta de experiencia en el sexo lo que le impidió ahogarse en el vórtice de lujuria que en un solo instante arrebató a la mujer y la hizo gritar como posesa. Le rechinaban los dientes, mordía la almohada, luego el hombro del hombre, cuya sangre sorbió. Aplicado, caín se esforzaba sobre el cuerpo de ella, perplejo ante aquellos movimientos y voces desgarradoras, pero, al mismo tiempo, otro caín que no era él observaba el cuadro con curiosidad, casi con frialdad, la agitación irreprimible de los miembros, las contorsiones del cuerpo de ella o de su propio cuerpo, las posturas que la cópula, por sí misma, solicitaba o imponía, hasta el apogeo de los orgasmos. No durmieron mucho en esa primera noche los dos amantes. Ni en la segunda, ni en la tercera, ni en todas las que siguieron, lilith era insaciable, las fuerzas de caín parecían inagotables, insignificante, casi nulo, el intervalo entre dos erecciones y respectivas eyaculaciones, bien podía decirse que estaban, uno y otro, en el paraíso del alá que está por venir. Una noche de ésas, noah, el señor de la ciudad y marido de lilith, a quien un esclavo de confianza llevó la noticia de que algo extraordinario estaba pasando allí, entró en la antecámara. No era la primera vez que lo hacía. Marido consentidor como los que más lo han sido, noah, en todo el tiempo de vida en común, como suele decirse, fue incapaz de hacerle un hijo a la mujer, y era justamente la conciencia de ese continuo desaire, y tal vez también la esperanza de que lilith acabase quedándose embarazada de un amante ocasional y le diese finalmente un hijo al que poder llamar heredero, lo que le hizo adoptar, casi sin darse cuenta, esa actitud de condescendencia conyugal que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en una cómoda manera de vivir, sólo perturbada las rarísimas veces en que lilith, movida por lo que imaginamos es la tan mentada compasión femenina, decidía ir a la habitación del marido para un fugaz e insatisfactorio contacto que a ninguno de los dos comprometía, ni a él para exigir más de lo que le había sido dado, ni a ella para reconocerle ese derecho. Nunca, sin embargo, lilith le permitió a noah que entrara en su habitación. En ese momento, a pesar de que la puerta estaba cerrada, la vehemencia de las pasiones eróticas de los dos compañeros alcanzaba al pobre hombre como sucesivas bofetadas, dando lugar en él al nacimiento súbito de un sentimiento que no había experimentado antes, un odio desmedido hacia el caballero que montaba a la yegua lilith y la hacía relinchar como nunca. Lo mato, se dijo a sí mismo noah, sin pensar en las consecuencias del acto, por ejemplo, cómo iba a reaccionar lilith si le mataba al amante preferido. Los mato, insistió noah, ampliando ahora su propósito, lo mato a él y la mato a ella. Sueños, fantasías, delirios, noah no matará a nadie y tendrá él mismo la suerte de escapar a la muerte sin hacer nada por evitarla. Del cuarto ahora ya no llega ningún sonido, pero eso no quiere decir que la fiesta de los cuerpos haya terminado, los músicos sólo están descansando un poco, la orquesta no tardará en atacar el baile siguiente, ese en que la extenuación dará paso, hasta la noche siguiente, al violento paroxismo final. Noah ya se ha retirado, lleva con él sus proyectos de venganza, que acaricia como si arrullara el cuerpo inaccesible de lilith. Veremos cómo acaba todo esto.

Editado por Alfaguara.

(...)

Lilith no se encontraba en su habitación, estaría en la azotea, desnuda, como era su costumbre, tomando el sol. Sentado en su único banco, caín hizo un balance, una revisión de lo que le había sucedido. Era evidente que el esclavo lo condujo a propósito por aquel camino para encontrarse con los bandidos que los estaban esperando, alguien, por tanto, habría elaborado el plan de acabar con su vida. Adivinar quién sería el que hoy podríamos considerar autor intelectual del frustrado atentado no era nada difícil. Noah, dijo caín, ha sido él, nadie más en el palacio y en la ciudad entera estaría interesado en mi desaparición. En ese momento lilith entraba en la antecámara, Poco ha durado tu paseo, dijo. Una fina capa de sudor le hacía brillar la piel de los hombros, estaba apetitosa como una granada madura, como un higo en sazón que ya dejaba salir la primera gota de miel. A caín incluso se le pasó por la cabeza arrastrarla hasta la cama, pero desistió de la idea, tenía en esos momentos asuntos serios que tratar, tal vez más tarde. Intentaron matarme, dijo, Matarte, quién, preguntó lilith sobresaltada, El esclavo que mandaste conmigo y unos bandidos contratados, Qué ha pasado, cuéntame, El esclavo me llevó por un camino fuera de la ciudad, el asalto se produjo allí, Te han hecho daño, te han herido, No, Cómo conseguiste librarte de ellos, A mí no se me puede matar, dijo caín serenamente, Serás tú la única persona que crea eso en este mundo, Así es. Hubo un silencio que caín interrumpió, No me llamo abel, dijo, mi nombre es caín, Me gusta más éste que el otro, dijo lilith haciendo un esfuerzo para mantener la conversación en un tono ligero, propósito que caín deshizo en el instante siguiente, Abel era el nombre de mi hermano, al que maté porque el señor me había preterido en su favor, tomé su nombre para ocultar mi identidad, Aquí no nos importa nada que seas caín o abel, la noticia de tu crimen nunca nos llegó, Sí, hoy comprendo eso, Cuéntame entonces lo que pasó, No tienes miedo de mí, no te repugno, preguntó caín, Eres el hombre que he elegido para mi cama y con quien estaré acostada dentro de poco. Entonces caín abrió el arca de los secretos y relató el suceso con todos los pormenores, sin olvidar las moscas en los ojos y en la boca de abel, también las palabras dichas por el señor, el enigmático compromiso por él asumido de protegerlo de una muerte violenta, No me preguntes cómo, dijo caín, ni por qué lo hizo, no me lo dijo y no creo que sea cosa que se pueda explicar, A mí me basta con que estés vivo y en mis brazos, dijo lilith, Ves en mí a un criminal al que nunca se podrá perdonar, preguntó caín, No, respondió ella, veo en ti a un hombre al que el señor ofendió, y, ahora que ya sé cómo te llamas realmente, vámonos a la cama, arderé aquí mismo de deseo si no me acudes, fuiste el abel que conocí entre mis sábanas, ahora eres el caín que me falta conocer.


 


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