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Historia A 80 años del Crack de 1929, el fantasma de la Gran Depresión aún pena en plena Crisis Financiera.

Del Crack a La Crisis

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Nueva York había desplazado a Londres como el corazón finaciero del mundo occidental.

Durante la llamada Gran Depresión, la bolsa de valores tuvo al menos ocho repuntes. Fueron solo baches de una larga caída que se profundizó hasta 1932. En pleno 2009, los “baches” en caída volvieron a aparecer en las gráficas. El consenso de técnicos y analistas, sin embargo, augura una recuperación bastante más rápida que la de entonces.

Los paralelos entre ambas crisis han sido materia de discusión y debate. Hay consenso en creer que la actual Crisis Financiera es la más grande desde aquel infausto Jueves Negro en que se empezó a desplomar la Bolsa de Nueva York. Pero el Jueves Negro en realidad duró cuatro días (hasta el martes 29 de octubre del 29).

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La década del veinte había sido plena en excesos. Los llamados “roaring twenties” (“rugientes años veinte”) estuvieron llenos de cambios propios de la entonces fresca modernidad. Nueva York había desplazado a Londres como el corazón financiero del mundo occidental. La radio había popularizado el jazz, el modelo T de Henry Ford acortaba distancias, la producción en masa industrializaba las necesidades y la bonanza de la postguerra les daba a los ex combatientes el dinero para gastar. El exacerbado optimismo se tradujo en una menor fiscalización. El mismo presidente Calvin Coolidge bloqueó las intromisiones gubernamentales en los asuntos de las empresas privadas. La administración de Herbert Hoover continuó ese rol. Tras el crack, la administración Hoover llegó a pedirles a las empresas que saneen voluntariamente sus negocios.

La especulación había sostenido precios altísimos y, a decir del economista Irving Fisher, irreales. “Los precios de las acciones han alcanzado lo que parece ser una meseta alta permanente”, dijo el también especulador bursátil. La caída en los precios abrió las puertas de la depresión económica más grande de la historia capitalista. La depresión se contagió a toda Europa y generó la posterior política económica proteccionista de los Estados Unidos. Las cifras del índice Dow Jones no se recuperaron hasta los cincuenta. Se necesitó de una segunda guerra mundial para estabilizar la economía.

La confianza –el tema de fondo en esa larga recuperación– parece haber sido nuevamente capitalizada en estos tiempos por la figura de Barack Obama. Para Mark Gertler, economista de la Universidad de Nueva York, el parecido entre ambas crisis es incontestable. Pero simultáneamente –dice Gertler– hoy tenemos los mecanismos y las políticas económicas para combatirla, a diferencia de lo que ocurrió durante la Gran Depresión.

Crack Bicolor

En el Perú, el viernes 25 de octubre de 1929, el diario El Comercio publicó un histórico titular: La más formidable baja registrada en la historia de las finanzas se produjo ayer en la Bolsa de Nueva York. La nota daba cuenta del récord de casi 13 millones de acciones vendidas, de las pérdidas calculadas en 5 mil millones de dólares y de las 3 mil 500 personas que “se agitaron en la sala de la bolsa, gritando y gesticulando frente a los puestos de venta de acciones”. Al finalizar los cuatro días de frustradas ventas de acciones por debajo de su precio (12.9 millones el jueves, 16.4 millones el martes) se habían perdido US$ 30 mil millones. Más que lo gastado en la Primera Guerra Mundial. La crisis aceleró el fin del régimen de Augusto B. Leguía. Leguía había creado el Banco de Reserva tomando como modelo el Federal Reserve Bank. Ya en 1930, el presidente de dicha entidad, Manuel Augusto Olaechea, propuso al Congreso la convocatoria del economista norteamericano Edwin Kemmerer para la necesaria asesoría en reforma fiscal. La misión Kemmerer paseó por toda Sudamérica, arribando al Perú en enero de 1931. La recuperación fue lenta.


 


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