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Entrevistas Hombre de prensa y leyes, Lombardi repasa sin titubeos desatinos congresales y sus propios inicios marginales.

El Filo de Guido

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Fiel escudero de Lourdes Flores Nano, Lombardi sería el elegido en su momento para conducir dos encuentros fundamentales de la vida democrática del Perú: los debates entre MVLL y Fujimori, y AGP y Toledo.

Guido Lombardi (60 años) es uno de los personajes del Perú actual más conocidos, ya que hace 30 años saltó a la palestra desde el periodismo escrito a la televisión en un programa de máximo rating, “Panorama”, y en otro radiofónico, “Ampliación de Noticias”, oidísimo, en el que su voz, aterciopeladamente grave y con destellos abaritonados, se hizo inmensamente popular. Todo el mundo cree que la fama se consigue a través de la explosión mediática y de la extroversión exitosa. Pareciera que Guido había conseguido subirse a la cresta de la ola de esta forma, ya que su actividad como locutor, periodista columnista, entrevistador, conductor de programas, fedatario de gran credibilidad (nada más y nada menos que moderador de debates electorales entre aspirantes a la Presidencia) así lo hace pensar. Lo lógico. Un hombre seguro de sí mismo que da pasos firmes para llegar a la cima. Sin embargo algo me decía que no es un extrovertido común. Necesité ocho horas de conversación tras dos almuerzos, uno en el restaurante Costa Verde y otro en su casa para llegar a la conclusión que estimo se acerca a la realidad: él es producto del impulso de su propia marginalidad fabricada en los comienzos de su vida y la soledad compulsiva que lo acompañó después. Ha ido corriendo por la vida con trancos largos, constantes y casi maratonianos; medidos a través de sus razonamientos y sensaciones íntimas; superando obstáculos y sabiendo aprovechar esa suerte intermitente que todos tenemos alguna vez. Todo ello se fue cocinando a través de esa “soledad del corredor de fondo” que lo aqueja desde su niñez, ya que la clave está en tal soledad. Comprobemos esto.

–¿Hubo algo en su niñez que le marcó para el resto de su vida?
–Supongo que hay varias causas desde el origen. Nací en Tacna, de ascendencia italiana, soy el menor de cuatro hermanos, el único hombre, y me acostumbré a jugar solo en una casa grande y espaciosa. Mi madre me metió en un colegio de monjas en el que la mayoría eran niñas excepto tres o cuatro niños, entre los cuales estaba yo, periquito entre ellas. De ahí pasé al llamado “colegio fiscal” que era la escuela pública, donde el fútbol –que yo no jugaba– era el deporte estrella. A eso habría que añadirle que yo fui visto desde el principio como “la niñita que venía del colegio de monjas”. Me costó muchas trompeaderas y una fama perdurable de “mechador” demostrar que, de niñita, nada. Vine a Lima a los doce años y pasé de tener el ancho mundo provinciano a mi disposición a una vida más restringida que fue una especie de terremoto para mí. Los pobres hermanos maristas del colegio Champagnat sufrieron las consecuencias de mi desadaptación limeña (yo era el provinciano) y acabé en el colegio Leoncio Prado, lleno de provincianos de mil procedencias diferentes que me tachaban de pituco limeño miraflorino. En este ambiente hosco conocí el “Perú profundo” que tan bien se reflejaba en el Colegio Militar.


 


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