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Seguridad Trinchera Norte sindica a ‘Cocovi’ como el asesino de Paola. ‘Bolón’ salió del país mientras que Policía ya lo citó a declarar.

La Barra y la Rabia

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Barrista apodado ‘Cocovi’ sería quien empujó a Paola, 25, fuera del bus.

“Ya regreso, mamá”, fue lo último que Silvia Ortiz oyó decir a su hija Paola Vargas. Eran las cuatro de la tarde del 24 de octubre. A esa misma hora decenas de enardecidos barristas de Universitario tomaban por asalto la Avenida Javier Prado para desplazarse hacia el Estadio Monumental, la ruta que seguiría la bella joven para ir a la parrillada de una amiga en La Molina. Nunca llegó a su destino.

Cuatro horas después la ‘U’ ganaba al Melgar 3 a 1 y mientras los hinchas celebraban, Paola sufría de muerte cerebral en el Hospital Almenara. Un día después, desconectaron las máquinas que la mantenían con vida.

La investigación policial señala que la joven contadora, egresada de la Universidad del Pacífico y funcionaria de Integra, tomó el bus de placa UQ-7197 en la cuadra 35 de Javier Prado Este. Iba escuchando música en su Ipod rojo cuando unas cuadras más adelante, treinta barristas de la ‘U’, del grupo de la zona de Los Viñedos en Surco llamado ‘Secuestro’, perteneciente a la barra ‘El Aguante’, tomaron por asalto el bus, botaron al cobrador e iniciaron una violenta trifulca con hinchas de ‘Brigada’, también de la ‘U’.

Paola quiso bajarse pero los barristas le profirieron groserías. Cuando estaba a punto de bajar, Ronny Ramos Pérez, ‘Bolón’, intentó arrancharle el Ipod y su cartera. Paola, que ya estaba en la puerta, volteó y forcejeó con él.

Es en este momento que intervino ‘Cocovi’, un joven barrista también del grupo ‘Secuestro’, que, según información policial y de los propios hinchas, fue quien empujó violentamente a la joven fuera del bus sin darle oportunidad de protegerse. Su cabeza se estrelló contra el pavimento.

Hasta el momento la Policía está en proceso de localizar al tal ‘Cocovi’, pieza clave de la muerte de Paola. Sin embargo la directiva de ‘Trinchera Norte’ guarda información fundamental.

El 29, a las 8 pm., la directiva de esta barra llamó a una reunión afuera del Estadio Lolo Fernández, en Breña.

En el comunicado que colgaron en http://libros.miarroba.com/leer.php?id=169204), se puede leer textualmente “esto va para toda esa gente del aguante (…) Hicieron dos cagadas ese día antes del partido con Melgar. Primero fueron tan cobardes de empatarse con otras barras para agredir a otro grupo de su mismo cono, con el cual no pudieron, hablo de la Brigada. SEGUNDO robar y ASESINAR a una chica”.

De acuerdo a la Policía, los miembros de ‘El Aguante’ identificaron a ‘Bolón’ y ‘Cocovi’ como los responsables de la muerte de la joven.

Al día siguiente, en la misma página web, la directiva de ‘Trinchera’ colgó lo siguiente: “Bolón y Cocovi, tienen 24 horas para ir a declarar a la Policía y a entregarse, ya están avisados, no se dice más. La Directiva”. Dos días después, expulsaron a ‘El Aguante’.

“Era una niña buena y noble”

Desde la muerte de su hija, la entereza del doctor Humberto Vargas, médico cirujano del Hospital María Auxiliadora por 26 años, y la enfermera pediátrica Silvia Ortiz, ha sido encomiable. Postergaron el luto para emprender una campaña contra la violencia de las barras.

Para ellos el nombre de Paola es sinónimo de lucha contra la impunidad. “Ella es un símbolo para que todo el mundo pida justicia. No puede quedar impune”, dijo Silvia Ortiz a CARETAS el pasado viernes 30, durante la vigilia frente a Palacio de Justicia.

Los Clubes Y Las Barras

¿Cómo controlar a estos jóvenes que, usando al fútbol como excusa, canalizan su frustración y resentimiento con vandalismo?

El lunes 2 el ministro del Interior, Octavio Salazar, convocó a una reunión con los directivos futboleros.

Se decidió que los clubes empadronen y entreguen carnés a sus barristas en un lapso de 15 días. Se acordó suspender la entrega de entradas gratis a las barras, como fue el caso del pasado sábado 24. Esta nefasta práctica, tan grata en su momento a personajes como Alfredo Gonzales, ha pervertido la relación entre la institución y el hincha, trastocándola en asistencialismo pandillesco.

Cámaras de seguridad se montarán en los principales estadios.

El congresista Walter Menchola presentó un proyecto de ley para considerar como responsables a los directivos de los clubes por los actos de sus barras. El matonesco episodio que diera la directiva de Alianza Lima el martes 3 fue la cereza en el pastel. Si así actúan los dirigentes, ¿qué esperar de los barristas?

En Inglaterra, donde los Hooligans (barras bravas europeas) asesinaron a 96 personas en 1989, se aplicó una serie de medidas para parar esa violencia.

Se establecieron penas de cárcel, se creó un grupo de elite policial, se implementó de sillas numeradas a las tribunas, se carnetizó a los hinchas y se dotó de cámaras de seguridad a los estadios. En los primeros diez años se logró aplicar 35 cadenas perpetuas.

Sin duda la colaboración de los clubes es clave para controlar la violencia. Pero en este caso, el comportamiento de los directivos de la ‘U’ deja mucho que desear.

El miércoles 28, Gustavo Vivanco, jefe de seguridad de la ‘U’ dijo que “pensar que la institución tiene responsabilidad en el incidente (asesinato de Paola) sería algo extremo”.

Ñol Solano dijo: “Es triste lo que pasó, pero ocurrió fuera del estadio de la ‘U’. Si hubiese sido adentro, sería responsabilidad de los dirigentes”.

Paola no murió en una trifulca de barras. Ni siquiera iba al estadio. Iba al cumpleaños de una amiga, pero murió a manos de unos vándalos.

No murió en vano. Por decisión propia era donante de órganos, deseo que albergó desde niña cuando vio a su abuelo sufrir por insuficiencia renal. Solo se donó sus riñones y piel, porque sus otros órganos estaban afectados por las medicinas que le administraron.

Sus riñones fueron transplantados y su piel está a la espera de curar a algún pequeño paciente del pabellón de quemados del Hospital del Niño.

Pero el dolor no se irá fácilmente para esta familia. El doctor Vargas no la podrá llevar al altar. Paola tampoco podrá seguir su maestría en Nueva York, porque la demencia y delincuencia disfrazada de afición se mezclaron una trágica tarde de octubre. (Patricia Caycho)


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