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Música Criollos Arturo ‘Zambo’ Cavero y Lucila Campos en un CD de colección.

¡Y Que Siga la Jarana!

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Con 71 calendarios entre pecho y espalda, el pasado septiembre Lucila Campos celebró 53 años de vida artística. Encuentro en julio del 2008. Luego ella perdería una pierna y él se iría a continuar la jarana en el cielo.

Guitarra, cajón y rítmicas cucharas (a falta de castañuelas). Vals. La sabrosa marinera. Festejo (cuyo nombre lo dice todo). Música simple, a veces alegre, a veces sentimental, siempre gozosa. Es unánime: esa combinación provoca una sed sin igual. Ganas de decir basta, pedirse un buen cebiche y dos más.

No cabe duda que la muerte de Arturo ‘Zambo’ Cavero, pasado el respetuoso luto, será recordada como la fecha en que se volvió a fundar la canción criolla. Como se pudo escuchar, cantar y bailar en su última celebración, el pasado 31 de octubre. Que se mantenga y se potencie depende de los implicados. Y no es poca cosa porque esa podría ser la mejor herencia que la carismática y rotunda figura del ‘Zambo’ legue a sus colegas y seguidores.

Por ese razón, Caretas celebra el legado de quien reventaba su pecho de orgullo cuando cantaba “Contigo Perú”, y lo potencia con el corazón y la pasión de Lucila Campos en un CD que sin duda será la voz.

Al respecto, el poeta y productor musical Paco García, uno de los gestores de la Asociación Civil Arturo ‘Zambo’ Cavero, describe ambas voces y luego cuenta un par de sabrosas anécdotas de ellos.

“Al igual que casi todos los cantores negros, Cavero –y Lucila también– amaba con la voz. Sumaba al timbre agudo y preciso, un extraño candor propio de las almas puras. Además poseía grandes recursos melódicos, armónicos y rítmicos. El suyo era un canto más elaborado y sincopado, como los cantos del blues y del jazz”.

Sobre Lucila Campos, Paco García señala: “Una voz potente y aguda, afinada y propia, decisiva e intuitiva. Con una singular fuerza interpretativa. Una voz pura, no cultivada ni impostada, muy sabrosa y con un sentido rítmico profundamente sólido (memoria ancestral africana). Lucila baila cantando, conjura tristezas, desparrama dulzura, inunda de fiesta a quienes la escuchamos”.

"Lucila baila cantando, conjura tristezas, desparrama dulzura, inunda de fiesta".

“Fue natural que se juntaran para cantar. Hay muchas coincidencias, empezando por su raza. Ello implica componentes culturales muy definidos. Escuchar a Lucila y al ‘Zambo’ cantar juntos, uno por uno o a dúo, es un deleite sin igual. En cada canción se disfruta una desbordante alegría, una conjunción de luz y sensualidad, de pureza y emoción. Nada es estudiado ni medido, todo es intuitivo, espontáneo, desmedido, lleno de magia y fervor”.

Ahora, las anécdotas:

Durante un programa de televisión de música peruana en tiempos de Velasco, llamado ‘Danzas y Canciones del Perú’, Lucila interpretó un vals muy jaranero, cuya letra festiva hablaba con elogio del tiempo de los virreyes. Al terminar su tema hubo un corte comercial (el programa se realizaba en vivo y directo). Los conductores eran Tania Libertad y el célebre Nicomedes Santa Cruz, en aquel entonces conspicuo socialista velasquista.

Al reiniciarse el programa, Nicomedes Santa Cruz (uno de los conductores) esgrimió una dislocada perorata en contra del alegre vals y su supuesta apología al virreinato. Entonces Lucila entró rauda a la cámara y dijo: “¡Oye negro! A mí no me vengas con vainas, yo no sé na de los virreyes ni de la colonia, ni de la eplotación…A mí me guta ese val poque tiene sabó, tiene azúca… ¡Entiende y no me friegue má!”.

Todo el estudio la ovacionó y Nicomedes fue separado de la conducción del programa.

Finalmente, una historia referida al buen don Arturo: Para la grabación del video clip del álbum ‘Qué lindo es mi Perú’ teníamos que realizar una toma que requería la participación de todo el elenco, 30 cantantes, todos famosos… La locación era un lugar campestre en Cieneguilla. Cuando llegó el bus con los cantantes, todo estaba listo. Al terminar, Arturo dijo con voz fuerte, melodiosa e imponente: “¡Bueno Paco, ya hicimos la toma que querías. Ahora tráeme cuatro botellas de ron antes de ir a almorzar!”.


 


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