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Personajes Carlos Ney Barrionuevo: leyenda del periodismo policial y personaje de “Conversación en la Catedral”.

Donde Mueren las Palabras

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Se inició en el periodismo en una Lima cuyos límites eran Chorrillos, el Rímac y el Cerro San Cristóbal.

Los apachurrantes años cincuenta fueron en el mundo (luego de la II Guerra Mundial) y en el Perú (la migración interna transformaría al país) una década bisagra. Quizá la obra que mejor atrapa la crisis moral del ochenio de Manuel Apolinario Odría (1948-1956) es “Conversación en la Catedral”. Aunque personaje secundario de dicha novela, Carlitos y sus delirios alcohólicos siempre están presentes para Zavalita y en consecuencia para los lectores. Precisamente, Carlitos existió y existe.

Su nombre es Carlos Ney Barrionuevo y vivió junto a un jovencísimo Vargas Llosa (de virginales 15 años) su debut en el periodismo y en la sicalíptica noche limeña.

Pero además de inspirar un personaje y ser su guía en diversas aventuras burdeleras, Barrionuevo cumplió otro rol en la vida futura del escritor. Así quedó registrado en “El Pez en el agua” (1993), donde MVLL usó varias páginas para hablar de su amigo: “Mi eduación literaria debe a Carlitos Ney más que a todos mis profesores de colegio y que a la mayoría de los que tuve en la universidad. Gracias a él conocí a algunos de los libros y autores que marcarían con fuego mi juventud”. Y añade: “Pero, más aún que aquello que me hizo leer, debo a mi amigo Carlos Ney, en esas noches de bohemia, haberme hecho saber todo lo que yo desconocía sobre libros y autores que andaban por ahí, en el vasto mundo, sin que yo hubiera oído siquiera decir que existían...”

En el mismo libro MVLL cuenta que Carlos Ney solía frecuentar el bar Cordano para espiar las andanzas de Martín Adán, su poeta favorito. Era 1952.

Ahora, en el 2009, Barrionuevo acaba de ser condecorado por el Colegio de Periodistas del Perú y espera a Caretas en el Cordano. Está sentado, tomando una Coca-Cola. Tiene 83 años y las manos le tiemblan: “no he dormido toda la noche”, explica.

–¿Cómo era un día de trabajo de Carlitos y Varguitas en “La Crónica”?
–Entrábamos a trabajar a las 6 o 7 de la noche. Muchos éramos universitarios o teníamos otros trabajos. Hacíamos comisiones o escribíamos y a las 12 de la noche comenzaba la tertulia. Llegaban los de “Última Hora” y “La Prensa”. El pisco nos soltaba la lengua.

–¿No tomaban cerveza?
–Una vez pregunté lo mismo y me dijeron: ¡ese es trago de obreros!... A las dos de la mañana la seguíamos en una cantina del Parque Universitario y después, a las cinco o seis, nos íbamos donde mueren las palabras: el jirón Huatica.

–Sitio que Ud. ya conocía muy bien...
–Era parte del trabajo. Un día estaba escribiendo y viene Becerrita (jefe de Policiales y también personaje de “Conversación...”) y me dice: “ya, ya, deja de hacer huevadas”. Me metió a un carro y llegamos a la primera cuadra de Huatica. Era un ambiente tenebroso, con unos callejones trémulos de donde salían las mariposas nocturnas. Todas gritaban de emoción y llenaban de besos a Becerrita. Lo idolatraban. Me llevó a la segunda, a la tercera, a la séptima cuadra. Ninguna le cobraba. Ni siquiera el maricón Carlota. ¡Becerrita! gritaba y lo chupeteaba. La única que le cobró alguna vez fue Lou Gómez. La noche anterior Becerrita había sacado la pistola y hecho destrozos en su local. La cuenta fue 20 soles.

–¿Todavía recuerda a alguna de esas muchachas?
–Se llamaba Elsa... Me acuerdo que se molestó cuando las bajamos de categoría. Becerrita siempre titulaba “Asaltan a mariposa nocturna”, “Muere mariposa nocturna”, pero un día alguien vino y le dijo “qué es esa vaina de mariposas. Son polillas que nos comen los bolsillos”. Y así comenzó la era de las polillas.

–¿Qué recuerdos tiene de ese MVLL?
–Hablábamos mucho de literatura. Yo ya había leído a varios escritores modernos, él no tanto. Íbamos a una cantina que estaba entre la Av. Argentina y el Puente del Ejército. Le decían la Catedral porque tenía una puerta grandaza. Con los bandidos que había en la redacción se le abrieron los ojos. Nosotros no queríamos que fuera a los burdeles pero él se colaba y decía yo también voy. Tomaba medido. Leía bastante. Siempre tuvo una grandeza de alma. Nació para ser un gran escritor.

–¿Por qué dejó “La Crónica”?
–Un día su padre llegó a pedirle cuentas al jefe: mi hijo llega a las 6 de la mañana y dice que está trabajando. ¿Su hijo? Máximo termina de trabajar a las 12 de la noche. Lo que pasa es que lo llevan al burdel. Dígale que acabe el colegio y vaya a la universidad porque si no va a acabar borrachito de cantina como todos estos. Varguitas se fue a Piura y allá su tío lo llevaba a otro burdel, la Casa Verde, ja, ja.

–¿MVLL veía en Ud. una gran esperanza literaria?
–Pero yo quería ser como mi abuelo, periodista.

–¿Qué es el periodismo para ud.?
–Una aventura.

–¿Cuándo se jodió el Perú, Carlitos?
–Yo creo que nació jodido. (Juan Carlos Mendez)


 


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