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Cade 2009 CADE 2009: Conferencia de Ejecutivos en Arequipa trenzó el optimismo sobre el futuro de la economía peruana con la cautela por la crisis global.

La Niña Pegó el Estirón

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Empresario Mario Brescia, que intervino el jueves 19, con Óscar Rivera, presidente de la CADE 2009, y plana mayor del grupo Brescia en el Convento de Santa Catalina. Este año hubo récord de 923 participantes.

Camarones. Cielo despejado y sol serrano. Lechón al horno. Soltero de queso. Sillar. Sushi. Carpaccio. Más camarones. Un río de vino y su afluente de quebranta. La rejuvenecida silueta de Mercedes Aráoz. Inés Temple. “Brad Pizza”. Santa Catalina de noche con barra de cócteles. Orquesta de cámara en La Mansión del Fundador. La atestada discoteca Fórum.

Contrario a lo que la ausencia presidencial pudo hacer creer, la arequipeña CADE 2009 no tuvo nada que envidiarles a otras. Y hasta hubo conferencias.

Estuvieron los optimistas profesionales como Luis Carranza y Julio Velarde. El ministro de Economía y el presidente del Banco Central de Reserva explicaron las razones por las cuales el Perú ha salido relativamente bien librado de la crisis internacional. El titular del MEF enumeró los tres pilares: el cambio de modelo macroeconómico con bajas tasas de interés y acceso financiero, la apertura económica y el incremento de la inversión pública (“este gobierno la encontró debajo del 3%, insuficiente para sostener un crecimiento de 6%-7%”). Ratificó su defensa del SNIP y calificó la reforma de la Educación como “la más importante que se pueda hacer en este gobierno”.

Sería una constante de CADE. En la primera prueba para acceder al primer nivel de la carrera magisterial, de casi 180 mil maestros la aprobaron 151. En la última, celebrada el domingo 15, de alrededor de 200 mil los que salieron bien parados se dispararon a 40 mil.

Carranza también negó que el Perú siga inscrito en un “modelo primario exportador” y destacó el dinamismo de las microfinancieras, “con más de mil agencias a nivel nacional”.

Los elogios no los dedicó solamente a las políticas del Ejecutivo, sino que también celebró “la austeridad, trabajo, esfuerzo y el no tener miedo a competir” de los tres integrantes de la mesa que precedió a la suya el jueves 19. Los millonarios Dionisio Romero, Mario Brescia y Alberto Benavides de la Quintana, dijo, representan perfectos ejemplos de “empresarios schumpeterianos”.

Brescia y Benavides optaron por recapitular sus propias sagas empresariales y pusieron a la familia en el centro. El patriarca de Buenaventura reconoció la deuda que tiene con su esposa, fiel compañera que lo acompañó a parajes como Julcani, mientras que el hijo de italiano recordó que si bien “Pedro y yo hemos sido los banqueros, para utilizar un término chacarero, nada hubiera sido posible sin nuestras tres hermanas”.

Romero, en cambio, se decantó por el lado más docente y ofreció su fórmula del éxito con tres consejos:

“No hay nada más importante que ocuparte de tu fuerza laboral y tu gerencia. El elemento humano hace y deshace las empresas”.

“El ahorro en las empresas es importante, sobre todo para las pequeñas. El ahorro tiene que convertirse en inversión. No puedes crecer sin una política de dividendos austera”.
“Tengo obsesión por tener un sistema de contabilidad eficiente”.

Y esta sarza no fue de patitas. Romero y Benavides cruzaron puyas fraternas, pero con filo. El banquero le reconoció al minero su gran mérito en amasar una fortuna de donde no la había, a diferencia suya y del grupo Brescia, y añadió que, luego de insistirle sin éxito por diez años para que se integre al directorio del Banco de Crédito, “me he tenido que conformar con su hijo Roque”.

Antes, Benavides recordó que con Romero “trabajamos juntos en la Sociedad Minera Brocal hasta que Dionisio dijo esto no es como la banca que da plata rápido, y vendió sus acciones”. Luego de que el hombre fuerte del Banco de Crédito terminó su exposición, el viejo minero ironizó que “Dionisio nos ha dado una clase sobre lo que es la centro izquierda. Escuchándolo casi me he sentido un izquierdista radical”. Hacía referencia a cómo se definió el propio Romero entrevistado por El Comercio en abril último.

Como hicieron otros expositores, Romero dividió la historia económica reciente del Perú en dos etapas y llamó a la primera, entre 1959 y 1990, “moverte y acomodarte”.

Resumió la situación de entonces con “un Estado grande e interventista, aranceles altos y una industria local basada en ellos, e intereses altos y diferenciados”. Explicó que el trabajo de los empresarios consistía “en hablar con el Estado el 80% del tiempo para que tus aranceles en los insumos que utilizabas fueran los más bajos y para el producto terminado, los más altos. El dinero no estaba en tu fábrica sino en tus cuotas”. En retrospectiva, afirma que “los beneficios no redundaban necesariamente en el bien de la sociedad sino que se conseguían a costa de otros”.

Consideró que durante esos años “la gerencia era reactiva” y debía ponerse en guardia ante eventos como la reforma agraria y las emisiones de bonos.

La segunda etapa de Romero arrancó en 1990 y su nombre alude a la apertura: “A trabajar, que vienen los extranjeros”. Fue especialmente generoso con el ex ministro fujimorista de Economía, Jorge Camet, a quien atribuyó impulsar el esquema de “flexibilidad laboral y ventajas para la consolidación de las empresas, lo que antes era imposible por las reglas tributarias”.

“La empresa peruana es un joven de 19 años”, acotó en ese sentido Ricardo Briceño de la CONFIEP, que además puso signos de interrogación sobre la brecha de infraestructura (US$ 37 mil millones), la pobre inversión en investigación (“es una vergüenza que estemos por debajo de Bolivia y Ecuador”) y que el dinero del canon destinado a ese rubro en las universidades de provincias, S/.1,330 millones en los últimos cinco años, no sea en absoluto fiscalizado.

Briceño añadió que el nivel educativo es una tarea pendiente en la ansiada internacionalización de la empresa peruana. Brescia repasó en ese sentido las inversiones de su grupo familiar en Brasil, Chile y Colombia, “que con nuestra patria constituyen el nuevo cinturón de desarrollo en la región”. El ministro de Comercio Exterior, Martín Pérez, expuso precisamente sobre las nuevas posibilidades de comercio con el país carioca.

Pero el optimismo a las faldas del Misti fue atemperado por los invitados extranjeros. El consultor, académico de la UCLA y escritor chileno Sebastián Edwards desinfló las expectativas regionales en torno a Brasil. “El entusiasmo es desmedido e injustificado”, aventuró. “Es una ilusión sin asidero”. Advirtió al referirse a un caso como el peruano que “los mejores países están jugando en tercera división”. Para ilustrar el punto se sirvió del índice de competitividad Doing Business del Banco Mundial, “donde Brasil está por debajo del puesto 80 en 9 de 10 categorías”.

El consumidor estadounidense fue recurrente en el debate. El economista uruguayo Enrique Iglesias, ex mandamás de la CEPAL y el BID, rompió fuegos puntualizando que éste “dejó de representar el 72% del consumo nacional para bajar a un poco más del 60%. Esto equivale a un trillón de dólares fuera del mercado”. E Iglesias es escéptico sobre la capacidad asiática para suplir ese vacío. “China e India se convirtieron en el segundo piso de la economía mundial”, admitió, “pero la primera representa apenas al 25% de la estadounidense”.

Edwards coincidió al sentenciar que “el consumidor americano va a dejar de ser la locotomora mundial” y cifró en US$ 13 trillones la pérdida total por la crisis en ese país, “equivalente al PBI de un año”. El círculo vicioso de la cautela en el consumo gringo se alimenta del desempleo, que marca más del 10% actualmente.

Con todo, el buen ánimo del empresariado siguió cundiendo en las encuestas realizadas durante el evento por Apoyo. La pica en Flandes la puso José Sam, joven presidente de Samcorp que dejó escuchar una solitaria voz autocrítica. “Vivimos en la cultura del vencido, del resentimiento, de la envidia, del racismo, de la coima y el egoísmo. Somos frívolos y autocontemplativos. Trabajamos por nosotros mismos y nuestra empresa. Nos ha salido cuero de chancho con la gente que sufre a nuestro lado. Es la cultura de los “petroaudios”, donde el lobby es más importante que el proyecto”.

Como para ilustrarle el punto a Sam, y no romper con la tradición de al menos un notorio dislate por CADE, Gonzalo Zegarra de la revista Semana Económica sostuvo que su generación era la primera que no había perdido la virginidad con la empleada del hogar. Intentaba explicar así que, supuestamente, él pertenece a una ola de peruanos pudientes menos jerarquizados. Y perdió de vista que el auditorio, cada vez más diverso y emergente, podía también ser integrado por personas cuyas madres trabajaron en el oficio. (Enrique Chávez)


 


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